Integrantes de la Asociación de la Medalla Milagrosa con el padre párroco Luis Ángel Espínola Echeverría, ayer en la iglesia de Lourdes
Integrantes de la Asociación de la Medalla Milagrosa con el padre párroco Luis Ángel Espínola Echeverría, ayer en la iglesia de Lourdes

Anoche, la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, en el corazón de Mérida, se iluminó para conmemorar la fiesta de la Medalla Milagrosa, una tradición que está cargada de fe y esperanza.

La santa misa se inició con la entrada de las integrantes de la Asociación de la Medalla Milagrosa, símbolo inspirado por las apariciones en 1830 de la Virgen a Santa Catalina Labouré, en las que le pidió la creación de la Medalla Milagrosa.

Con un llamado a la reflexión y a la unidad, el padre párroco Luis Ángel Espínola Echeverría inició la misa en la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes para vivir un momento de gratitud y oración con los asistentes.

El sacerdote destacó el significado de este símbolo mariano, que representa la Inmaculada Concepción, proclamada como dogma de fe en 1854 y cuya aparición se remonta a 1830.

“Hoy, antes de ofrecer nuestra Eucaristía, damos gracias a Dios por el regalo de tener entre nosotros esta imagen, que nos recuerda el camino de María, un camino de perfección, santidad y pureza”, expresó el padre.

En su homilía, el padre Espínola reflexionó sobre el significado profundo de la fiesta, aunque, como explicó, no corresponde directamente a la Medalla Milagrosa, sino a la Inmaculada Concepción, fiesta que se celebra el 8 de diciembre. A pesar de ello, destacó que la Medalla tiene un vínculo especial con este dogma, ya que la imagen de la Virgen Inmaculada es la que aparece en la medalla, un símbolo de pureza y fe.

El sacerdote invitó a la comunidad a reflexionar sobre el verdadero sentido de este día: la santificación del trabajo, desde el ama de casa hasta el profesional.

El padre Espínola también recordó la historia de Santa Catalina Labouré, quien recibió la aparición de la Virgen en 1830, un acontecimiento que ocurrió años antes de que se proclamara el dogma de la Inmaculada Concepción. La Virgen, adelantándose a la declaración oficial de la Iglesia, se le apareció en un momento de oración mientras realizaba labores humildes en su vida diaria, un trabajo que, aunque ordinario, fue la vía para que Catalina escuchara el llamado divino.

El padre resaltó cómo Catalina, al igual que muchas personas en la comunidad, dedicaba su vida a las tareas sencillas pero esenciales del hogar y la vida rural. Su dedicación y fidelidad a su vocación, incluso en medio de las dificultades familiares y sociales, fue lo que la llevó a convertirse en una figura central en la propagación de la devoción a la Medalla Milagrosa.

En este contexto, la homilía invitó a todos a reflexionar sobre el valor de la vida cotidiana y a santificar, a través del trabajo, cada acción, siguiendo el ejemplo de Catalina y la Virgen María. La espiritualidad en lo ordinario, enfatizó el sacerdote, es el camino hacia la santidad que todos estamos llamados a recorrer.

Posteriormente hubo un momento muy emotivo cuando dos nuevas legionarias de la Asociación de la Medalla Milagrosa, Karina Gómez Cruz y Rita Imelda Alonzo Blanqueto, fueron aceptadas en el grupo y recibieron la bendición y sus medallas de manos del padre párroco, quien les recordó que deben vivir plenamente el cristianismo con y como María, imitar sus virtudes y emplearnos como ella en el apostolado.

Tras la misa, un aplauso inundó la iglesia con cantos, alabanzas y una procesión por todo el atrio que concluyó con fuegos artificiales. Algunos asistentes se quedaron a presenciar una proyección alusiva a la festividad.— Darinka Ruiz Morimoto

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán