¡PREPAREN EL CAMINO DEL SEÑOR!

En la experiencia de caminar uno encuentra senderos que se hacen difíciles y laboriosos porque son irregulares, con subidas y bajadas, con declives inesperados. No es que Dios se canse como los caminantes, pero la imagen utilizada por el profeta Baruc es una excelente metáfora para decir que nosotros podemos facilitar la entrada de Dios en nuestra vida, o podemos poner obstáculos de forma que, aunque quiera, no puede entrar o intervenir.

San Francisco de Asís llevó el sentido de la metáfora hasta el fondo y habló de la “experiencia de bajar a la llanura” para “evitar las alturas”. San Francisco comprendió muy bien que la humildad y la sencillez es la actitud que verdaderamente allana el camino para que Dios entre e intervenga en la vida de cada uno.

La historia de la salvación del hombre no acontece sin su conversión. La primera exigencia de la Palabra de Dios es siempre la conversión de la persona, ya que, sin ésta, la historia de salvación sería una historia de condenación. En cualquier caso, la Palabra de Dios es eficaz. Dios no habla en balde. El contenido de la predicación de Juan el Bautista es una llamada a la penitencia, a la conversión de la mente y del corazón ante la inminente venida del Señor.

Además, construir una reflexión espiritual sobre una fecha puede parecer algo extravagante. Sin embargo, san Lucas nos invita a poner nuestra atención sobre aquel año decimoquinto del imperio de Tiberio, acompañando esa fecha con una constelación de seis personajes históricos como para recrear ante nuestros ojos el mapa político de la Palestina.

¿Cuál es su significado? La respuesta está en el retrato de Cristo que san Lucas nos presenta en su Evangelio: Jesús no es una figura etérea, luminosa, vagamente espiritual, sino una realidad histórica, cuya presencia y su Palabra son como una semilla que cayó y germinó en la tierra y en la historia para transformarlas y salvarlas.

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