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MÉRIDA, Yucatán.— La Arquidiócesis de Yucatán dio inicio al Año Jubilar, un tiempo de gracia y conversión para los católicos. Esta celebración, que coincide con el año 2025, invita a los fieles a visitar la Catedral de Mérida y otros lugares santos para buscar la indulgencia plenaria, reflexionar sobre la misión de la Iglesia en el mundo, fortalecer a la familia y promover una alianza social por la esperanza.

Procesión de Santa Ana a Catedral

Desde las primeras horas del día, miles de fieles se congregaron para participar en la peregrinación que partió de la parroquia de Santa Ana, donde el obispo auxiliar, monseñor Pedro Mena Díaz, acompañó la procesión, encabezada por el Cristo de las Ampollas y culminó en la S.I. Catedral de Mérida.

Entre los asistentes se encontraba Cristian Eduardo Avilés Moreno, quien, junto a su familia, llevó consigo la fotografía de su hijo enfermo, ingresado en el hospital. Con mucha devoción fue parte de está procesión y conmovido, expresó: “No perdemos la fe”.

Algunos llegaron por tradición; otros, en busca de un milagro o una nueva oportunidad para recuperar la esperanza perdida.

Apertura de la Puerta del Perdón

Al llegar a la catedral, el arzobispo Gustavo Rodríguez Vega abrió la Puerta del Perdón, simbolizando el acceso a la gracia divina. La entrada estuvo marcada por momentos de fervor y tensión debido a la multitud, pero también por el espíritu de reconciliación y unidad. “Este día espero aprendamos a hacer lo que ya olvidamos: mirar al prójimo”, comentó una feligresa mientras avanzaba entre la multitud.

Durante su homilía, el Arzobispo subrayó que este Año Jubilar es un tiempo extraordinario de gracia y renovación espiritual, comparando el acto de buscar la indulgencia plenaria con el regreso del hijo pródigo. Enfatizó la importancia de que los católicos sean fermento en la sociedad, trabajando por su transformación en una familia unida bajo Cristo.

Tradición del jubileo

Recordó que la tradición del jubileo tiene raíces en el judaísmo, donde cada 50 años se proclamaba un tiempo de descanso, libertad y restitución. En el contexto católico, el jubileo es un llamado a la conversión y una oportunidad para experimentar la misericordia divina.

La homilía también destacó la importancia de la familia como base de la sociedad, recordando que Jesús vivió la mayor parte de su vida en el seno de una familia. Se resaltó el papel de la pastoral familiar y la necesidad de acercar a los jóvenes a la Iglesia. “La familia que reza unida, permanece unida”, recordó el Arzobispo.

Conchi Narváez Rodríguez, Ana Romayo Ortega y Rosario Hernández Narváez, mujeres de distintas generaciones, expresaron su emoción por participar en la procesión. “Perdonar para salir adelante, perdonar es el amor infinito de Dios así como olvidar de corazón para seguir adelante”, dijeron, resaltando la necesidad de trabajar por un mundo más justo y esperanzador, especialmente ante los retos actuales.

Concluyó la misa con la Catedral colmada de fieles, impregandos del fervor y la espiritualidad del momento. Rosario Torres, visitante de Monterrey, comentó: “Hoy perdonaré y espero ser perdonada. Que mis hijos sigan el camino que José dio hacia Jesús”, mientras se postraba ante el Cristo de las Ampollas.

El inicio del Año Jubilar representa una oportunidad para quienes participaron en la procesión de un nuevo comienzo lleno de esperanza, reconciliación y fe.

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