En una ciudad como la capital yucateca, que poco a poco se vuelve cosmopolita, la paz y la seguridad están en continuo riesgo, dijo el arzobispo, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, en la misa que ofició la mañana de ayer, con motivo de los 483 años de la fundación de Mérida.
La Eucaristía, que el prelado celebró con los presbíteros Juan Pablo Moo Garrido, rector de la Catedral, y José Romero Estrella, párroco del Sagrario Metropolitano, contó con la presencia de decenas de funcionarios del Ayuntamiento de Mérida, que estuvieron encabezados por la presidenta municipal Cecilia Patrón Laviada.
La alcaldesa ocupó la banca de la primera fila, junto a Flora Zapata Mendiolea, coordinadora de Justicia Social y Desarrollo Humano, y Jorge Carlos Berlín Montero, subsecretario de Asuntos Religiosos del gobierno del Estado.
En esa misma banca estuvieron la síndica María Cristina Castillo Espinosa, el secretario Édgar Ramírez Pech y Karla Berrón Cámara, directora de Identidad y Cultura.
Antes de la celebración, la alcaldesa recibió el saludo de los canónigos de la Catedral José Ávila Cervera e Ignacio Kemp Lozano. El Arzobispo también la saludó de camino al altar, mientras la Orquesta de Cámara de Mérida y el Coro de la Ciudad interpretaban la Cantata 147 “Jesús, alegría de los hombres” de Johann Sebastian Bach.
La orquesta, dirigida por Russell Montañez Coronado, y el coro, por Nidia Góngora Cervera, armonizaron la ceremonia eucarística, a lo largo de la cual interpretaron el “Kyrie Eleison” de la Misa Solemne en Sol Mayor de Franz Schubert, “Gloria” de Antonio Vivaldi y un fragmento breve del “Alleluia Exultate Jubilate” de Wolfgang Amadeus Mozart.
También interpretaron el “Ave Verum Corpus” de Mozart, “Santo” de la Misa Solemne en Sol Mayor de Schubert, “Agnus Dei” de la Misa de Coronación” de Mozart, “Panis Angelicus” de César Franck y “Domine Fili Unigenite” del Gloria de Antonio Vivaldi.
En su homilía, y tras recordar que Mérida fue fundada hace 483 años por Francisco de Montejo y León “El Mozo”, el Arzobispo señaló que en los últimos años la capital ha crecido mucho, se ha multiplicado, acogido a personas de otras partes de México y el mundo, y poco a poco se constituye como una ciudad cosmopolita.
“Esto podría llenarnos de orgullo, pero también tendríamos que preguntarnos responsablemente qué implica para las autoridades civiles, para la Iglesia y para toda la población ese gran crecimiento con gente venida de tantos lugares”.
En ese sentido, advirtió que cuando una ciudad se vuelve cosmopolita, con población creciente y de tantos lugares, la paz y la seguridad están en continuo riesgo.
El Arzobispo pidió a los yucatecos abrirse a las demás personas y respetar su cultura y forma de pensar “porque la tierra que habitamos ahora es cosmopolita y hemos recibido a tantas personas a las que hay que atender y recibir con los brazos abiertos”.
Alertó también de otros riesgos como la deforestación y la contaminación ambiental, social e ideológica.
“De pasar de una ciudad en la que todo mundo pensaba más o menos igual, con los mismos valores humanos y cristianos, esta ciudad cosmopolita en esta época moderna ha traído muchos falsos profetas con ideologías que son de minorías, pero que se quieren imponer a toda la población”. Lamentó que esas ideologías, que incluso han llegado hasta a los medios educativos donde influyen en niños y jóvenes, son contrarias a los valores humanos tradicionales y cristianos. Al finalizar la misa, y mientras la orquesta y el coro interpretaban el Aleluya del oratorio “El Mesías” de Georg Friedrich Händel, el Arzobispo se tomó una foto con las autoridades.— IVÁN CANUL EK
