En la nueva perspectiva antropológica, teológica y pastoral, el acento está puesto, más que sobre el cuidado de la enfermedad, sobre la promoción de la salud.

La salud entendida como un bien que debe ser fomentado en cada persona individualmente y en la comunidad, no solo desde el punto de vista biológico, lo que sería una perspectiva reductora, sino en un sentido más amplio, que incluye el aspecto personalista y dinámico. Así como el hombre no es reducible a su cuerpo, así tampoco la salud es reducible al mero factor físico.

El proyecto salud se refiere al desarrollo armonioso y global de la persona, implica un sano equilibrio entre reposo y trabajo, entre libertad y responsabilidad, entre crecimiento personal y solidaridad para con los demás, entre dimensión contemplativa y activa.

Salud es la capacidad del individuo de expresar todas sus potencialidades físicas, psíquicas, sociales y espirituales, aun en el contexto de las limitaciones que la enfermedad produce.

En la perspectiva cristiana, la salud es un valor que debe ponerse en relación con la vida y con la salvación: la vida es un don precioso que nos ha dado Dios, un don inmenso y frágil del que hay que ser conscientes.

Promover la salud significa honrar la vida en todos sus momentos, desde el nacimiento hasta la muerte, a través de una relación constructiva con las realidades que lo componen: del ambiente, de la cultura, del trabajo a la alimentación, de un cuidado sano de sí mismo a una apertura positiva a los otros.

La Iglesia se transforma en comunidad sanadora en la medida en que alimenta aquellos valores y aquellas relaciones que honran la dignidad humana; la promoción de la salud, entonces, se hace salvación para sí y para los demás. La salvación, entendida no solo como curación ni como superación de una situación negativa, mas como instauración de una relación nueva, personal, con Dios y con el prójimo.

La Pastoral de la salud se inspira en Cristo que en la Encarnación ha asumido la naturaleza humana, en el misterio Pascual la ha redimido y en el don de Pentecostés ha dotado a cada hombre con carismas especiales, para que pueda lograr la propia salvación y colaborar en la promoción del Reino de Dios.

Así como la sociedad ha individuado distintas intervenciones para promover la salud, a saber: la prevención y el diagnóstico, la terapia, la asistencia, la rehabilitación, así la Iglesia puede contemplar la salud y la salvación del hombre en el contexto de los cuatro misterios de la fe (la Creación, la Encarnación, la Muerte y Resurrección, el don de Espíritu) que se transforman en los pilares de la pastoral sanitaria.

Las Sagradas Escrituras comienzan con el libro del Génesis que presenta a Dios que crea la luz, el cielo, la tierra y el firmamento, las aguas y la tierra y ve “que todas las cosas eran buenas”.— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos, coordinador diocesano para la Pastoral de la Salud, Vida y Adultos Mayores

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