Incluso las formas abstractas deben tener una semejanza. Willem de Kooning.
Hace unas semanas visité el estudio del maestro Ralf Walter, en el puerto de Chicxulub, para quedar atónito no solo en la cantidad de obra de este fructífero pintor, sino en la calidad plástica de su trabajo, es decir, una buena práctica o aplicación técnica que nos atrae y nos emociona.
Nacido en Alemania, lugar donde estudió arquitectura en la ciudad de Darmstadt perteneciente al estado federado de Hesse, y pintura en la ciudad capital del país, Berlín, radica en nuestro estado desde 1978, siendo merecedor de reconocimientos a su obra, como el Primer Lugar en Pintura en la Bienal de Yucatán en 1997.
Asimismo se ha desarrollado como docente a nivel superior, tanto en nuestra máxima casa de estudios, la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), como en la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY), actualmente Universidad de las Artes de Yucatán (UNAY).
Cuenta con una amplia trayectoria con más de cincuenta exposiciones individuales y colectivas, tanto en México como en el extranjero.
Su obra ha transitado de la figuración a la neo-figuración (término acuñado en 1941 por el crítico e historiador del arte francés Michel Ragon, para referirse a un arte que rompe con los límites entre abstracción y figuración geométrica) o bien dentro de lo que denominamos figuración abstracta (que no corresponde a la imitación de la realidad), ya que las mismas son tratadas o trabajadas a partir de planos y líneas de forma sintética con una disposición, organización y relación de los distintos elementos dentro del lienzo; la presencia humana no escapa a su representación, tanto mediante los paisajes urbanos deconstruidos, como la representación de iconografía vial, producto de la comunicación entre los individuos, así como de ciertos elementos; es decir, representa la realidad a través de la iconicidad tratada con una total libertad e incluso de manera abstracta, convirtiendo el concepto en tema; una obra que preconizaba un retorno al objeto y a la realidad cotidiana, al paisaje urbano, trabajadas con las técnicas del informalismo y del expresionismo, lo que nos lleva a una apreciación analítica de la imagen y de sus estructuras compositivas.
Cada pieza demuestra la maestría en lo técnico, con una libertad creativa en cuanto a las formas de sus obras. Los colores primarios van de la aplicación o delimitación de grandes planos de color o negros, basados en las experiencias y las sensaciones del autor, tanto en el presente como en la memoria que se menciona a manera de título; los trazos gestuales están no solo como campo compositivo, sino como elemento gráfico-dibujístico. No se guía por una regla en específico, por lo que los componentes proyectados parecen continuar fuera de la territorialidad impuesta por el formato de sus pinturas, lo que permite que se genere un gran nivel de expresión; asimismo vemos la aplicación de elementos provenientes de distintas corrientes y técnicas, como del pop-arto, el grupo Cobra o el arte bruto, así como del collage o el automatismo psíquico, etc. Sus obras evidencian la ruptura de la unidad del cuadro, a través de lo fragmentario en composiciones que tienden por momentos a la segmentación estructuración vertical, y en los que el equilibrio se basa en la creación de elementos centrales (no simétricos); una nueva figuración que toma del informalismo elementos como las formas, las transparencias o las pinceladas dramáticas y exageradas.
Para poder analizar la obra de Ralf Walter hay que tener presente algunos elementos interpretativos del significado y su representación icónica, como el sintáctico (relaciones entre los signos), el semántico (significado de los signos) y el pragmático (las relaciones que se establecen entre los signos con el espectador), es decir, una interpretación del significante, el significado y su practicidad (contextualización). En este sentido, el trabajo de Ralf Walter propone una perspectiva sobre el enfoque que posee cada obra, más allá de la belleza de sus composiciones, sino integrar al espectador a un orden visual que comunique el propio mensaje pictórico y su concepto.
Crítico
