Si tuviera que elegir música de fondo para empezar el día sería “Canción de primavera” de Felix Mendelssohn, una obra encantadora, llena de ensoñación, básica en el repertorio de los pianistas clásicos, amada por todos por su sencillez y sentimentalismo, una obra para ir a recoger flores al campo mientras el sol besa nuestros rostros. Las mariposas revolotean a nuestro alrededor y la vida es dichosa y radiante.
Si fuera de noche, en el centro de Mérida, seguramente preferiría esta estrofa: “Me gustas /Porque sí, porque eres linda /Porque eres flor de azahar en primavera /Porque en la gloria de tu boca guinda /Los besos tienen atracción de hoguera”.
El 21 de marzo dio inicio oficialmente la primavera, una estación del año que ha inspirado a músicos, poetas, pintores y hasta cocineros (hay una pasta llamada “Primavera”).
En la música
De “La consagración de la primavera” de Stravinski a la citada composición de Santiago Manzanero y Manuel Montes de Oca, sobran los ejemplos de las referencias a esta añorada estación del año.
“La primavera se demora tanto /Que voy a olvidar que estuvo ayer /Cuando regrese su emoción de árbol /No me acordaré de florecer”, dice “Esta primavera” de Silvio Rodríguez.
En las fiestas de “XV años”, también llamadas, para variar, “las 15 primaveras”, no puede faltar el tradicional vals y uno de los más recurridos para estos bailes, del llamado “rey del vals”, Johann Strauss hijo, es precisamente “Voces de primavera”.
“El texto, del director de orquesta, el libretista y compositor Richard Genée, es a la vez expectante y melancólico (El primer verso termina: ‘La primavera se despierta en esplendor/ ¡Ah! Si tan sólo todo el dolor/ pudiera llegar a su fin/ todo el dolor/ pudiera volar lejos!’). El vals fue compuesto originalmente para una actuación de la soprano Bianca Bianchini en el Theater an der Wien en 1883; debió tener una voz tremendamente ágil para navegar por la elaborada coloratura que Strauss escribió para ella”, escribe John Mangum.
“Enfin le printemps” en voz de Edith Piaf es una oda a la vida, el amor y la renovación, es una melodía alegre y contagiosa, sumamente francesa.
“La Primavera” de Vivaldi es otra composición alegre que cualquiera puede reconocer y disfrutar.
Antonio Vivaldi trató de capturar el espíritu de cada estación a través de la música.
Las Cuatro Estaciones son música descriptiva en la que se oye ladrar los perros o el zumbido de los moscardones. “En el alegre primer movimiento, el ritornello orquestal anuncia la llegada de la temporada, y el solista ofrece pájaros, arroyos, brisas y una repentina tormenta” (La Phil).
Llena de sonoridades nuevas y disonancias, “La consagración de la primavera” de Stravinski se caracteriza, entre otras cosas, por la evocación de una naturaleza salvaje y primitiva.
La obra describe la historia, sucedida en la Rusia antigua, del rapto y sacrificio pagano de una doncella al inicio de la primavera, la cual debía bailar hasta su muerte a fin de obtener la benevolencia de los dioses al comienzo de la nueva estación. Para ello, se sirve de imágenes musicales de gran plasticidad.
El autor compuso “La consagración de la primavera” como parte integrante de la serie de ballets creados para la compañía de Serguéi Diáguilev, y fue un fracaso en su estreno, abucheos incluidos, por lo innovadora que era entonces la obra.
Pero fuera de esas obras maestras, la primera que viene a nuestras mentes a través de las memorias de la tierna infancia es una sencilla canción para coro de escolares, que entonaban al piano una letra sencilla y gozosa: “Primavera preciosa /llena de flores /siempre traes una orquesta/ de ruiseñores /Hay un nido en el árbol /y en los jardines /vuelan las mariposas/ entre jazmines.
En la literatura
La poeta Gabriela Mistral le llamaba “Doña Primavera” a esta estación que florece entre versos con olor a limoneros y naranjos en flor: “Doña Primavera / de aliento fecundo, /se ríe de todas /las penas del mundo”.
Neruda escribiría en su Oda a la primavera: “Primavera temible, rosa loca, llegarás, llegas imperceptible, apenas un temblor de ala, un beso de niebla con jazmines”, y la vez que celebra el inicio de tan luminosa estación, también le cuestiona si será capaz de llegar a todas las casas, a la del olvidado, a la del abogado pobre, a la del minero “que no conoció más que la primavera negra del carbón o el viento envenenado del azufre”.
“Yo suelo, en los días /de la primavera, /llevar a su tumba /versos y violetas; /versos y violetas, ¡lo que más amaba!”, dice Amado Nervo en el poema “Ingenua”, dedicado a una muchacha muerta.
Para Luis Cernuda la primavera será escrita con nostalgia en “Primavera vieja”, que es “el poniente morado de la tarde” donde “llorarías pensando / Cuán bella fue la vida y cuán inútil”.
Mucho más esperanzadora es la Rima IV de Gustavo Adolfo Béquer, “Siempre habrá poesía”: “No digáis que agotado su tesoro, / De asuntos falta, enmudeció la lira: / Podrá no haber poetas; pero siempre / Habrá poesía”… “Mientras el aire en su regazo lleve / Perfumes y armonías, Mientras haya en el mundo primavera, ¡Habrá poesía!”.
Entre muchos libros que llevan la primavera en el título, hay una novela titulada “Primavera negra”, de Henry Miller, que no tiene nada que ver con esta estación del año, y un premio de literatura “Primavera” de novela (editorial Espasa) que este 2025 ganó “La Toffana” de Vanessa Montfort, sobre Giulia Toffana “la primera asesina en serie de la historia”.
En la pintura
“Alegoría de la primavera” (en italiano: Allegoria della primavera), más conocido simplemente como “La primavera”, es un cuadro realizado por el pintor Sandro Botticelli, una de las obras maestras del artista renacentista italiano.
“La primavera” tuvo como musa a Simonetta Vespucci, cuya belleza causó un revuelo en Florencia. Su rostro y su cuerpo acaparó las obras de varios artistas, entre ellos Botticelli, que estaba obsesionado por ella, al grado que en “La primavera” todos los rostros femeninos que aparecen en escena son suyos; la inmortalizó hasta el cansancio en pinturas como “El nacimiento de Venus” y se retrató junto a ella en “Venus y Marte”.
Simonetta Vespucci murió de tuberculosis. Tenía 23 años. Sandro Botticelli quedó absolutamente desolado y pidió ser enterrado junto a ella.
En el Libro del Arte, el teórico Cennino Cennini explica que el método utilizado por Sandro Botticelli consistía en el tradicional, pero cultivando una visión más moderna de los recursos pictóricos y los mejores pigmentos. Eso le permitía conseguir un trazo ligero y una paleta de colores vibrantes y delicados. Pese a que no era un gran maestro de la perspectiva, el movimiento sí que está presente en animales, ropas, cabellos e incluso el viento es visible en “La primavera” o en “El nacimiento de Venus”.
“La primavera” también tocó a Vincent van Gogh, que pintó “Los almendros en flor” como un regalo para su hermano Theo y su esposa, quienes acababan de tener un hijo. La pintura muestra un paisaje de almendros en flor, símbolo de la nueva vida que representa la primavera y, en este caso, también el nacimiento del sobrino del pintor.
Maurice de Vlaminck, pintor fauvista francés, creó “Primavera en Chatou” como un homenaje a la estación de la vida y la vitalidad. La obra destaca por sus colores vibrantes y pinceladas enérgicas, que transmiten la alegría y la exuberancia de la primavera.
A una de las pinturas con el tema de la primavera del pintor impresionista Claude Monet, expuesto en el Museo de Bellas Artes de Lyon, Francia, no le fue muy bien el año pasado. Dos activistas climáticas y sociales lanzaron sopa al cuadro, que estaba protegido por un cristal. Este grupo justificó su acción en que “esta primavera es la única que nos quedará si no reaccionamos”.
Monet pintó varias obras tituladas “Primavera”, la de 1872 representa a su primera esposa, Camille Doncieux; “Primavera” (1886), pintada en su jardín en Giverney, Francia, muestra a su hijastra de 18 años, Suzanne Hoschede, hablando con su hijo Jean Monet; “Primavera” (árboles frutales en flor), realizada cerca de su casa en Argenteuil.
Sin embargo, la obra más famosa de Monet sigue siendo “Los Nenúfares”.— Patricia Eugenia Garma Montes de Oca
Me gustas, porque sí, porque eres linda; porque eres flor de azahar en primavera, porque en la gloria de tu boca guinda, los besos tienen atracción de hoguera




