El cáncer cervicouterino es la consecuencia más temida del Virus del Papiloma Humano (VPH). En México, es la segunda causa de muerte por cáncer en mujeres, después del cáncer de mama. Según datos del Inegi de 2024, unas 4,000 mujeres mueren al año por esta causa, muchas de ellas en edades productivas. Sin embargo, el VPH también puede provocar cáncer de vulva, vagina y ano.

Las verrugas genitales, causadas por los tipos 6 y 11, aunque no cancerígenas, afectan la autoestima y las relaciones sexuales y generan ansiedad.

Durante años se pensó erróneamente que el VPH era solo un problema femenino. Hoy sabemos que también puede causar cáncer de pene, ano y garganta (orofaringe), especialmente en hombres con múltiples parejas sexuales o inmunocomprometidos.

En hombres homosexuales y bisexuales, el cáncer anal por VPH es significativamente más frecuente. Además, los hombres actúan como reservorio silencioso del virus, contribuyendo a su transmisión sin saberlo.

Ambos sexos pueden sufrir consecuencias emocionales: culpa, vergüenza, discriminación y temor al rechazo. Además, muchas parejas enfrentan rupturas o conflictos por el diagnóstico del VPH.

Factores de riesgo compartidos: inicio temprano de vida sexual, múltiples parejas sexuales, no usar condón (aunque este no protege al 100%), tabaquismo, inmunosupresión (por VIH u otros motivos).

Combatir el VPH es responsabilidad compartida. La detección oportuna y la vacunación son las herramientas más efectivas para evitar consecuencias graves.

En el siguiente artículo hablaremos sobre la vacuna, su eficacia, seguridad y la importancia de aplicarla en niños y niñas.

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