Vestidas de blanco, un grupo de niñas reciben su primera comunión en la histórica parroquia de San Servacio, en el corazón de Valladolid
Vestidas de blanco, un grupo de niñas reciben su primera comunión en la histórica parroquia de San Servacio, en el corazón de Valladolid

Durante los meses de junio, julio y agosto, las parroquias del Estado se visten de blanco para recibir a cientos de menores que participan en las ceremonias de la Primera Comunión, un sacramento de gran relevancia para los católicos y que marca una nueva etapa en la vida espiritual de quienes lo reciben.

Tradicionalmente, este rito se celebra al concluir el ciclo de formación catequética, que suele durar entre dos y tres años, y que preparan a los niños, principalmente alumnos de sexto grado de primaria, para recibir por primera vez la hostia consagrada.

De acuerdo con Dalia Canto Medina, coordinadora de catecismo de la parroquia Madre Santísima de la Luz, además de los menores, también se instruye a los padres y padrinos como parte esencial de la formación, de modo que la evangelización sea integral y acompañada.

“Es un paso muy importante en la vida de fe de los niños, pues comienzan a tener mayor conciencia del pecado, del perdón de Dios y del valor del sacramento de la Reconciliación”, dijo la catequista. Antes de comulgar, los menores deben confesarse y cumplir con los requisitos establecidos por la Iglesia.

Aunque la mayoría de las ceremonias se concentran en el cierre del ciclo escolar, también es posible recibir la Primera Comunión durante las fiestas patronales u otras ocasiones litúrgicas significativas, dependiendo de la organización de cada comunidad parroquial.

Simbolismos

El blanco predomina en los atuendos como símbolo de pureza y alegría espiritual. Para participar en la ceremonia, los menores deben presentarse con vestimenta blanca, portar un cirio, una biblia y un rosario. Sin embargo, no es obligatorio que los niños lleven ropa ornamentada o costosa.

En comunidades del interior del Estado, por ejemplo, se acostumbra vestir a las niñas con hipiles blancos y a los niños con atuendos sencillos tipo uniforme escolar, siempre que cumplan con la exigencia del color blanco.

En el caso de las niñas, algunas familias eligen confeccionar vestidos elaborados con tul, encaje o raso, lo que puede representar una inversión de entre 450 y 3,000 pesos o más, dependiendo del diseño y los materiales. Muchas optan por diademas florales —que cuestan alrededor de 100 pesos— en lugar del velo tradicional, considerado por algunas menores como un accesorio “de novia”. En los templos donde aún se conserva el uso del velo, estos pueden adquirirse entre 150 y 200 pesos.

Para los varones, el gasto suele ser menor. Un pantalón blanco cuesta aproximadamente 280 pesos; una camisa blanca de manga larga o corta ronda los 180 a 200 pesos, y los zapatos blancos complementan el atuendo.

Además del vestuario, los niños deben portar un cirio, una biblia y un rosario. Estos artículos pueden conseguirse en paquetes que incluyen también un certificado conmemorativo, con precios que oscilan entre 450 y 500 pesos. Si se adquieren por separado, el cirio puede costar de 100 a 200 pesos; la biblia, cerca de 200 pesos, y el rosario entre 45 y 50 pesos. El certificado firmado en la parroquia tiene un precio aproximado de 60 pesos.

En total, una familia puede invertir entre 1,000 y 4,000 pesos para que su hijo o ahijado participe en la ceremonia, sin contar el par de zapatos o gastos adicionales. En el caso de las niñas, el gasto suele ser más alto debido a las exigencias estéticas del vestido y los accesorios.

Momento de gracia

La ceremonia de la Primera Comunión no solo representa el inicio de una vida sacramental activa, sino también un momento espiritual profundo para los católicos. Se considera que el rito tiene su origen en la Última Cena de Jesús con sus apóstoles, y desde el siglo XIII se celebra como un acto ceremonial y sacramental dentro de la Iglesia.

Además de ser un signo de comunión con la Iglesia, la Primera Comunión permite a los fieles acceder a otras gracias espirituales, como la indulgencia plenaria que este Año Santo ofrece la Arquidiócesis de Yucatán a quienes, cumpliendo los requisitos, visiten templos designados como la Catedral de Mérida.

Al finalizar la misa, no siempre se organiza una fiesta. En Mérida, por ejemplo, muchas familias optan por conmemoraciones íntimas, centradas en la vivencia espiritual del niño.

En contraste, en algunas comunidades del interior del Estado, como Tekit de Régil, la Primera Comunión se celebra con mayor fervor y participación comunitaria. Allí, los padrinos suelen “echar la casa por la ventana” con conjuntos musicales, comida y festejos para celebrar a los nuevos comulgantes.

“Es un momento inolvidable que marca la vida espiritual del niño y fortalece los lazos familiares y comunitarios”, concluyó Dalia Canto.— Claudia Sierra Medina

Ceremonia sacramental Detalles

Cirio, biblia, rosario y ropa blanca están presentes en la Primera Comunión.

Ajuar y fe

Vestirse de blanco para recibir la Primera Comunión es signo de pureza. Aunque se permite ropa sencilla, muchas niñas optan por vestidos ornamentados que elevan el costo de la celebración.

Sacramento con significado

La Primera Comunión fortalece la fe, fomenta el sentido de pertenencia a la Iglesia y abre el camino hacia una vida espiritual más consciente, incluyendo el acceso a otras gracias sacramentales.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán