El escritor yucateco Adolfo Calderón Sabido con algunas de sus lectoras en Casa Corazón en Point Reyes, California, el pasado 8 de junio
El escritor yucateco Adolfo Calderón Sabido con algunas de sus lectoras en Casa Corazón en Point Reyes, California, el pasado 8 de junio

El escritor yucateco Adolfo Calderón Sabido presentó su libro “El mismo silencio”, premio estatal de novela corta ‘Tiempos de escritura 2020’, el pasado 8 de este mes en la tienda Casa Corazón en Point Reyes, California.

Yo no vengo a hablarles de literatura. Vengo a hablarles de gente. De esa que camina con los zapatos rotos pero la espalda derecha. De esa que no sale en las noticias, pero sostiene países enteros con las uñas”, dijo durante su presentación, en la que también leyó un cuento.

Vengo desde Yucatán con una historia bajo el brazo y muchas más en la garganta. Hoy no les traigo un libro para pudrirse en estantes. Les traigo un espejo. Uno empañado y terco. Porque la migración no es una metáfora. Es un costal. Una deuda sin fecha de pago”.

En la presentación dijo el siguiente discurso:

“Aquí, en este lugar que huele a canela, a barro y a cosas que no caben en Amazon, me invitaron a leer. Pero, la verdad, no vine a leer. Vine a rendir cuentas. Porque allá, donde nací, también se van. Y allá también se quedan esperando. Y uno se vuelve puente o se vuelve cobarde. Hoy intento ser puente, aunque esté hecho de palabras que tiemblan”.

“Este cuento que les leeré no tiene héroes. Tiene manos partidas, recuerdos lacerados, nombres que desaparecen y se sustituyen por miedo. Y si esta historia les duele un poco, está bien. Significa que todavía tenemos corazón. No hay moraleja. Solo queda el eco de una historia que no termina cuando cierro el libro, sino cuando alguien cruza la frontera esta noche sin saber si volverá a ver a los suyos”.

“Queda el nombre de un hijo que ya no habla español. Queda la virgen de plástico que alguien puso en la maleta, pensando que con eso bastaba. Quedan los que se fueron sin papeles, sin promesas y sin descanso.

Pero también queda esto: Una tienda. Un cuento. Un grupo de personas reunidas en Point Reyes escuchando lo que el país entero se empeña en callar. Si con esta historia alguien recuerda, si alguien llora por su padre, por su hermana, por sí mismo, entonces valió la pena escribirla.

Porque esto no es arte. Esto es testimonio”.— Patricia Garma Montes de Oca

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