Una tarde llena de imaginación, talento y emoción se vivió el pasado fin de semana en el corazón del Gran Museo del Mundo Maya. La música fue el lenguaje universal que reunió a familias, artistas y amantes del arte en torno a una presentación inolvidable del Coro Comunitario Óol Kaay, titulada “Viaje al centro de la música”.
El espectáculo, colorido y conmovedor, fue mucho más que una muestra de habilidades vocales: fue una invitación a recorrer el mundo a través de los ojos y las voces de 15 niñas y niños que interpretaron canciones de distintos países, conectando culturas y corazones en un mismo escenario.
El escenario se transformó en un mapa vivo. Uno a uno, los pequeños artistas representaron diversas regiones del planeta: Francia, Japón, Colombia, Ecuador, Italia, África y México.
No solo cantaron en los idiomas originales, sino que también caracterizaron personajes simbólicos de cada cultura. Cada interpretación estuvo precedida por una breve dramatización, en la que los niños compartieron datos sobre la vida cotidiana, las tradiciones y los idiomas de cada país.
Vestidos con elementos representativos, narraron pequeñas historias que funcionaron como prólogo de cada pieza musical.
Desde los suaves acordes de una melodía francesa hasta los ritmos vibrantes de África, pasando por los sonidos andinos de Ecuador y culminando con la emotiva pieza yucateca El Tunkul, el público fue transportado en un viaje sensorial sin salir del museo.
El Coro Comunitario Óol Kaay no es solo un espacio para cantar: es un proyecto de formación integral que pone la música al servicio del desarrollo emocional, social y cultural de la infancia.
Con un enfoque gratuito, abierto y comunitario, se ha convertido en un refugio para el crecimiento colectivo. Este proyecto lleva ya dos años y nace desde el corazón, con la convicción de que el arte transforma.
“Buscamos que las infancias se desarrollen en espacios seguros, alegres, donde puedan expresarse y conectar con su entorno”, explicó Naz Chejin Baeza, coordinadora del coro.
La formación coral no solo ofrece beneficios técnicos como el manejo de la voz, la concentración o la memoria; también fortalece la identidad, la autoestima y el sentido de pertenencia.
Los niños aprenden a trabajar en equipo, a ser escuchados, a valorar su voz dentro de una comunidad. Uno de los ejes más significativos del proyecto es su compromiso con la empatía cultural.
Antes del concierto, se trabajó con los pequeños para que conocieran cómo viven otras infancias en el mundo: qué comen, a qué juegan, qué músicas escuchan.
Así, cada canción se convirtió en un puente hacia otras realidades.
“Queremos que los niños sientan que tienen algo en común con otros niños del mundo. Que vean que, aunque hablemos distinto, todos sentimos, jugamos, soñamos. La música une, y los hace conscientes del poder de compartir, añadió la maestra Chejin.
El concierto cerró con una poderosa interpretación de El Tunkul, en homenaje a la cultura maya y las raíces musicales de Yucatán.
Durante el evento se agradeció el respaldo de la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán, cuyo apoyo ha sido clave para brindar los espacios y condiciones necesarias para el desarrollo de estas iniciativas.
Riqueza cultural
“Mérida es una ciudad con una gran riqueza cultural, pero aún hay mucho por hacer. Necesitamos más espacios accesibles y escenarios donde las familias puedan disfrutar y formar parte del arte. Es urgente romper las barreras que limitan la participación. El arte es un derecho”, enfatizó la coordinadora.— Sofía Vital Chablé
De un vistazo
Horario de clases
Actualmente, el coro está abierto a niñas y niños con ganas de cantar, aprender y formar parte de un proyecto colectivo. Cuenta con dos sedes: La Ibérica: martes y jueves, de 5 a 7 p.m., y Centro Cultural Ricardo López Méndez (Cordemex): lunes y viernes, de 5 a 7 p.m. Para más información o inscripciones, comunicarse al: 9831 68-61-34.
La misión
El coro también ofreció la pieza “Chaampal”, que reafirmó la importante misión del proyecto: dar voz a las infancias.
