La ingeniería biomédica en México se encuentra en una etapa crucial de evolución, con grandes retos en visibilidad, normatividad y reconocimiento en el sector salud, expresó Norma Patricia Puente Ramírez, presidenta de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Biomédica (Somib), en una entrevista concedida en el marco del Encuentro Nacional de Estudiantes de Ingeniería Biomédica, en la Universidad Anáhuac Mayab.
Uno de los desafíos más significativos que afronta el ramo en palabras de su presidenta es la falta de reconocimiento del papel del ingeniero biomédico como profesional de la salud.
A diferencia de los médicos, hasta ahora “no está bien visto el papel del ingeniero biomédico; no está acreditado como un profesional de la salud, más bien como uno administrativo, cuando en realidad somos fundamentales para la gestión hospitalaria y el funcionamiento seguro de los equipos médicos”, señaló Puente Ramírez.
Durante el confinamiento por la pandemia de Covid-19, por ejemplo, esta falta de integración fue evidente: los ingenieros biomédicos fueron de los últimos en recibir atención, a pesar de su papel en garantizar que equipos como ventiladores, oxímetros y máquinas de esterilización funcionaran correctamente en la contingencia.
“Una máquina de anestesia mal calibrada o una de hemodiálisis con agua contaminada representan un riesgo sanitario directo para la vida del paciente”.
La presidenta de la Somib consideró que en los próximos 10 años la ingeniería biomédica debe consolidarse en tres frentes: su presencia en todos los hospitales del país, su participación activa en el desarrollo de dispositivos médicos y la implementación de una normativa que regule su función.
“En otros países, como Estados Unidos, por cada 30 camas hospitalarias debe haber un ingeniero biomédico. En México no existe ese parámetro, y hay hospitales de mil camas con solo dos o cinco ingenieros”, afirmó.
Asimismo, destacó la importancia del papel de los ingenieros en la innovación tecnológica para hacer frente a la contingencia, como en el caso de los oxímetros, y en la creación de tecnologías accesibles que detecten males de forma temprana.
Una carrera empática
Además de las competencias técnicas, Puente Ramírez subrayó que el humanismo es una cualidad esencial en la formación de los futuros ingenieros biomédicos.
“Muchos estudiantes eligen esta carrera porque un familiar tiene una enfermedad y quieren encontrar soluciones. Esa solidaridad y empatía son características valiosas”, manifestó.
A esto se suma la necesidad de entender tanto el lenguaje médico como el funcionamiento del cuerpo humano, lo que distingue al ingeniero biomédico de otras disciplinas, como la mecatrónica.
“Diseñamos, gestionamos y adaptamos espacios médicos para que funcionen correctamente, con base en las normativas de salud”, añadió Puente Ramírez.
Uno de los ejes centrales del fortalecimiento del gremio está en los capítulos estudiantiles, los cuales permiten a los futuros profesionales tener contacto temprano con hospitales, industria, centros de investigación y otras universidades.
“Tenemos estudiantes de 27 universidades. Algunos nunca habían visitado un hospital, y esta experiencia les abre un panorama completamente nuevo”, reconoció Puente Ramírez.
En ese mismo sentido, Edgar Gabriel del Hierro Gutiérrez, vicepresidente de la Somib, destacó que los estudiantes comienzan a contribuir desde las aulas. “Desde que participan en prácticas o proyectos, muchos logran vincularse con laboratorios de investigación, publicar artículos, ingresar a posgrados o incluso crear empresas de tecnología médica”, explicó.
La Somib mantiene relaciones activas con organismos internacionales como la AMI, la Federación Internacional de Ingeniería Médica y Biológica, y el Consejo Regional Latinoamericano de Ingeniería Biomédica. Estas alianzas han posicionado a México como un referente en América Latina, solo detrás de Brasil por su tamaño poblacional.
“Tenemos colaboraciones con países como Italia, Colombia, Argentina, El Salvador y Perú. En septiembre viajamos a Australia al Congreso de la Federación Internacional, y en 2028 seremos sede por primera vez, en Monterrey”, anunció Puente Ramírez. “Será un evento mundial que abrirá muchas puertas”.
La Universidad Anáhuac Mayab fue la sede de la tercera edición del Encuentro Nacional de Estudiantes de Ingeniería Biomédica, con la participación de más de 60 estudiantes de todo el país. David Palomo Torres, secretario general de la Somib y docente en dicha universidad, subrayó el papel protagónico de los jóvenes en la organización del evento.
“Los estudiantes gestionaron conferencias, talleres, visitas a hospitales y centros de simulación. Su liderazgo ha sido impresionante”, aseguró. Además, resaltó la calidad de los egresados de universidades estatales, quienes ya trabajan en empresas internacionales como Philips, laboratorios en Alemania o en instituciones locales como Metsol, especializada en prótesis e implantes.
Palomo enfatizó la importancia de mantener una visión amplia e integradora sobre la salud, que abarque no solo la medicina humana, sino también la veterinaria y vegetal. “La salud no es solo hospitales. Hay dispositivos que usan colágeno de medusas o intestinos de animales para fabricar materiales biodegradables aplicados al cuerpo humano”, ejemplificó.
Finalmente, llamó a los estudiantes a mantener una actitud de apertura y compromiso. “No importa de qué universidad vengas o en qué estado estés. Si te apasiona la carrera, encontrarás los medios para crecer”, concluyó.
La ingeniería biomédica en México avanza hacia una etapa de consolidación nacional e internacional, con una comunidad fuerte, solidaria, tecnológicamente competente y con la mirada puesta en transformar el sistema de salud desde la ciencia y la innovación.— MEGAMEDIA
De un vistazo
Una gran red de apoyo
La Sociedad Mexicana de Ingeniería Biomédica mantiene relaciones activas con organismos internacionales, como la Federación Internacional de Ingeniería Médica y Biológica, y el Consejo Regional Latinoamericano de Ingeniería Biomédica.
Desde las aulas
El vicepresidente Edgar Gabriel del Hierro Gutiérrez destacó que los estudiantes comienzan a contribuir desde las aulas. “Desde que participan en prácticas o proyectos, muchos logran vincularse”, explicó.
