Credit: los editorialistas de religión

DONDE ESTÁ TU TESORO, ESTÁ TU CORAZÓN

Una idea central sirve hoy de aglutinante: la confianza ante la venida del Señor. Jesús vio en torno suyo un grupo de hombres temerosos que le seguían en un mundo inhóspito y hostil, y les dijo que tuvieran confianza y fueran animosos, pues Dios Padre ha querido darles el reino futuro.

También les pidió que se liberaran de todas las ambiciones de este mundo y de todo lucro temporal, pues su tesoro está en el cielo, y allí han de poner también su corazón. Si lo hacen así, podrán dormir tranquilos, pues no hay ladrón que pueda “asaltar” el cielo.

Esta serenidad y esta confianza no están reñidas con la actitud despierta y vigilante. Todo lo contrario. Pues el Hijo del Hombre vendrá como un ladrón, sin anunciar la hora de su visita, y ante esta sorpresa debemos estar atentos, siempre alerta. Las “lámparas encendidas” son un símbolo de esta vigilancia ante la venida del Señor, mientras que “las túnicas ceñidas” significan la disposición permanente de servicio para cumplir la voluntad de Dios.

El premio a los servidores despiertos y diligentes será mayor del que ellos puedan imaginar, pues el mismo Señor se pondrá a su servicio, es decir, el Señor será su premio y los sentará a su propia mesa para que vivan en íntima comunión con él.

Así pues, es un clima de vigilia y de espera que invade las tres parábolas de Jesús que nos presenta el texto del evangelio de hoy: el amo que vuelve de la fiesta de bodas a la medianoche; la segunda, que tiene como actor a un ladrón que —sorpresivamente— irrumpe en una casa, destruyendo y robando, y, la tercera, la del administrador fiel y sabio que está listo a entregar al amo el balance de la organización de la casa. El error sería el de pensar: “el amo tardará en llegar”.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán