Melancolía, dramatismo y nostalgia fueron algunas de las sensaciones que despertó la Orquesta Sinfónica de Yucatán en la presentación con la que abrió anteanoche la 44a. temporada de conciertos en el Palacio de la Música, una muy esperada, ya que en ésta se elegirá al nuevo director titular artístico de la agrupación sinfónica.
Este primer programa estuvo bajo la batuta de José Areán, aspirante al citado cargo, un conocido de la Orquesta y del público, ya que estuvo como director interno de la OSY desde la partida de Juan Carlos Lomónaco en 2023 hasta abril pasado.
Para este reencuentro con los músicos y la audiencia, el director eligió un programa muy versátil que fue bien recibido.
Al tratarse del primer programa de la temporada al inicio de la presentación, la Secretaria de la Cultura y las Artes, Patricia Martín Briceño, recordó que desde el primer momento de la presente administración de gobierno se dejó claro que la OSY es prioridad, “una institución que enriquece nuestra vida cultural y que ofrece y fortalece la identidad artística de Yucatán”, dijo.
“Hoy celebramos no solo el inicio de una nueva temporada, sino también la fase final del concurso que definirá al próximo director artístico titular de la orquesta. Este proceso no solamente fortalece a la orquesta en lo artístico, sino que refleja un verdadero ejercicio de gobernanza y de democracia cultural dentro de la agrupación, en el que participan sus propios integrantes para definir el rumbo de su futuro. Una OSY sólida con liderazgo”, agregó la titular de Sedeculta.
También dio la bienvenida a José Areán, de quien dijo “regresa a tierras yucatecas para deleitarnos con su talento, como ya lo ha hecho con maestría”.
Margarita Molina Zaldívar, presidenta del Patronato de la OSY se dirigió también a los asistentes.
“Es un honor, querido público, darles la bienvenida a una temporada más de la Orquesta. Hoy volvemos a encontrarnos para encender juntos la llama de la música en Yucatán. Cada nota que escucharán esta noche lleva consigo historias, memorias y sueños”.
“Para nosotros es un privilegio compartir con ustedes la emoción de la música, ese lenguaje que nos une y nos inspira. Comenzaremos así este viaje compartido con la certeza de que la música seguirá tendiendo puentes entre nuestros corazones”, destacó Molina Zaldívar.
Agradeció a todas y todos los que hacen posible que “la magia de la orquesta continúe cautivándonos”.
“Mi agradecimiento eterno al público que nos sigue y nos apoya, a nuestros donantes y patrocinadores, cuya aportación contribuye para que este proyecto continúe y sea sustentable”.
Luego de su intervención se dio paso a la música.
José Areán entró al escenario en medio de los aplausos de la concurrencia que lo recibió con calidez
Al tratarse de una presentación en la que busca mostrar sus alcances y talento en la dirección orquestal, eligió para la ocasión un repertorio de estilos y corrientes distintas, para mostrar su versatilidad.
Compositores del siglo XIX hasta el presente siglo se hicieron presentes. México, Dinamarca y Francia se unieron a través de la música, con las composiciones de Gabriela Ortiz, Georges Bizet y Carl Nielsen.
La OSY abrió con “Antrópolis” de la mexicana Gabriela Ortiz, obra que se inspiró en la atmósfera de los clubes nocturnos de Ciudad de México.
Cada uno de los cuatro movimientos de la obra están dedicados a un salón o cabaret de dicha ciudad: “Los Infiernos”, “Salón Bombay”, “Salón Tutti Frutti” y “Salón Colonia”. La pieza inicia con un solo de los timbales, al que se une posteriormente el resto de la orquesta, destacando otras percusiones como las claves y el güiro.
Con “Antrópolis” se hace eco a la nostalgia de quienes vivieron esa época y que a través de la obra se deja sentir en los ritmos populares. Uno de los momentos cumbres es cuando entra en juego la cadencia del mambo, disfrutable a los oídos.
La OSY continuó con la interpretación de la Suite No. 1 “La Arlesiana” de Bizet, en la que se dejó sentir la melancolía. La obra navega entre la dulzura y la calidez, la fantasía y el ansia de lo que no se puede lograr. Por momentos es vibrante y en otros evoca suspiros.
Fagotes y flautas se lucen en esta pieza, que fue muy aplaudida.
Sin embargo, podría decirse que el plato fuerte de la noche fue la Sinfonía No. 4 “Lo inextinguible” del danés Carl Nielsen, con la que cerraron el concierto, una obra llena de matices y dramatismo que se traducen en momentos que evocan lo mismo la calma, que la incertidumbre, la soledad, el miedo y la esperanza.
Es sabido que Nielsen compuso esta Sinfonía tras el impacto que le generaron los horrores de la Primera Guerra Mundial, de modo que es una pieza intensa que conmueve.
El último movimiento, el cual describe una batalla entre fuerzas hostiles, se recrea con dos juegos de timbales, que en este caso se colocaron uno a cada lado del escenario, creando una atmósfera expectante, con sonoridad.
La ejecución de la OSY y la intensidad con que culmina la pieza hicieron que al terminar el público los colmara de aplausos, y hasta un efusivo “bravo” se escuchó exclamar.
José Areán salió entre los aplausos del público, y luego regresó por unos instantes para agradecer al público.
Aunque no todos, una buena parte de la audiencia se puso entonces de pie para aplaudir.
Hoy domingo, la OSY repite el mismo programa en el concierto que ofrecerá a las 12 del día en el mismo recinto.— IRIS CEBALLOS ALVARADO


