Tras décadas de deterioro, la capa de ozono está “en proceso de recuperación”, pero tardará medio siglo en volver a niveles previos
Tras décadas de deterioro, la capa de ozono está “en proceso de recuperación”, pero tardará medio siglo en volver a niveles previos

MADRID (EFE).— La capa de ozono, esa fina franja de la atmósfera que protege la vida en la Tierra de la radiación ultravioleta, se encuentra en “proceso de recuperación”, aunque aún tardará medio siglo en alcanzar los niveles previos a 1980, explicó Alberto Redondas, científico del observatorio atmosférico de Aemet en Izaña (Tenerife).

El experto destacó que el cumplimiento de acuerdos internacionales ha sido crucial. “Hace décadas parecía un problema inabordable, pero gracias al trabajo conjunto se ha logrado contener el deterioro”, señaló, en el marco del Día Mundial del Ozono, bajo el lema “De la ciencia a la acción global”.

Pese a los avances, Redondas alertó que “es necesario seguir vigilando, porque las amenazas no cesan”.

Entre los riesgos citó erupciones volcánicas, incendios forestales y hasta la entrada de basura espacial en la atmósfera, todos capaces de dañar este escudo natural.

Las variaciones anuales también generan incertidumbre. “En 2023 el agujero sobre la Antártida fue uno de los más grandes registrados, mientras que en 2024 fue de los más pequeños”, lo que refleja una tendencia positiva, aunque con altibajos.

Hace casi cuarenta años, el Protocolo de Montreal marcó un hito al prohibir los clorofluorocarbonos (CFC), gases presentes en refrigeradores y aerosoles que destruían el ozono. “Gracias al Convenio de Viena y al Protocolo de Montreal se evitó un escenario en el que la radiación ultravioleta podría haber aumentado entre un 25% y un 100%”, recordó el investigador.

Sobre el estado actual, Redondas precisó: “La señal de recuperación es clara, pero no se espera que la capa vuelva a los niveles previos hasta dentro de 50 años”. El motivo: las sustancias destructoras permanecen en la atmósfera durante décadas.

El científico subrayó la importancia de este escudo natural. “Literalmente, estamos vivos gracias a ella”, enfatizó. Sin esa protección, la radiación ultravioleta dañaría el ADN y habría impedido que la vida se desarrollara en tierra firme.

El debilitamiento tendría consecuencias graves. “En los seres humanos aumentaría la incidencia de cáncer de piel, cataratas y se debilitaría el sistema inmunológico”, manifestó. En los ecosistemas, el impacto se daría en el plancton, base de la cadena alimentaria marina, y especies vulnerables como anfibios y plantas.

En cuanto al cambio climático, apuntó que “la relación con la capa de ozono es bidireccional”. El agujero ha alterado patrones de lluvia en el hemisferio sur, mientras que el aumento de CO2 enfría la estratosfera y ralentiza la destrucción del ozono, aunque también genera vulnerabilidad en las regiones tropicales.

Sobre el papel ciudadano, Redondas insistió en que “la mayor parte del trabajo se hizo en los años 80 con la prohibición de sustancias destructoras”. Ahora, consideró fundamental combatir el cambio climático, la principal amenaza indirecta sobre la capa.

Finalmente, el investigador reconoció un cambio en la percepción pública. “En los años 90 el agujero de ozono estaba en portadas y telediarios; hoy ya no”.

Sin embargo, destacó asimismo que las campañas de prevención del cáncer de piel han mantenido viva la conciencia social, aunque con un menor intensidad.

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