Denisse Landó tuvo a su cargo la canción “Cielito lindo” arropada por la Orquesta Típica Yukalpetén
Denisse Landó tuvo a su cargo la canción “Cielito lindo” arropada por la Orquesta Típica Yukalpetén
  • Denisse Landó tuvo a su cargo la canción “Cielito lindo” arropada por la Orquesta Típica Yukalpetén

El Palacio de la Música fue el punto de encuentro para cientos de yucatecos y visitantes que buscaban celebrar, a través de la música, el orgullo de ser mexicanos. Desde mucho antes de que el reloj marcara las 7 p.m. del domingo, el patio central del recinto ya era escenario de largas filas, de conversaciones alegres, de familias que llegaban a tomar su lugar, de amigos que se reencontraban y de parejas que, con mirada cómplice, aguardaban con emoción. El ambiente festivo se respiraba en cada rincón, como una antesala a la velada que, sin duda, marcaría la memoria de quienes lograron entrar a la Sala de Conciertos.

La Orquesta Típica Yukalpetén, una de las agrupaciones más emblemáticas de Yucatán, tenía listo su ya tradicional programa especial para las fiestas patrias, el concierto “¡Viva México!”. Bajo la dirección del maestro Pedro Carlos Herrera, el ensamble se propuso algo más que interpretar canciones: quería crear un puente directo entre el corazón del público y la esencia misma de México.

El arranque fue solemne, se escuchó en la trompeta un fragmento del Himno Nacional Mexicano que obligó a un silencio respetuoso, como si el tiempo se hubiera detenido. Y fue entonces que Maricarmen Pérez llegó al escenario para abrir con el clásico “México lindo y querido”, canción que es capaz de arrancar sonrisas en cualquier rincón del país. La sala estalló en aplausos, y a partir de ese momento, los vítores no dejaron de escucharse.

El maestro Herrera agradeció la presencia de los asistentes y presentó algunas canciones con palabras de calidez y humor. Dirigía con firmeza a la orquesta, pero también al público, que respondía como un coro cómplice, dispuesto a dejarse llevar por cada melodía.

La noche fue avanzando como un viaje musical por distintas regiones y épocas de México. La Marcha de Zacatecas encendió la memoria de muchos, recordando los lunes de infancia en la escuela, y fue seguida por piezas que dieron muestra de la diversidad de nuestro acervo sonoro.

Jesús Armando puso el pecho en alto con una versión intensa de “La Bikina”, mientras que Emma Isabel conmovió con la ternura de su voz en “Veracruz” de Agustín Lara y más tarde en “Amanecía otra vez entre tus brazos”, acompañada por un potente solo de trombón a cargo de Rodrigo Barredo.

El romanticismo llegó de la mano del invitado Cristian Ibarra con “María Bonita”, y poco después otro invitado, Addalberto Pinzón junto al trovador Rodolfo “Fofito” Santos hicieron vibrar al público con una “Serenata Huasteca” cargada de energía y sentimiento.

El sabor lo aportó Karen Rosales, quien sorprendió con “Mezcalito” de Lila Downs, enriquecida por un solo brillante de saxofón soprano interpretado por María José Chi González. Fue entonces que el director aprovechó el momento para probar un mezcalito y calentar garganta.

Justiniano Gorocica arrancó suspiros con “Paloma querida” y Maricarmen Pérez regresó para interpretar con nostalgia “Mi ciudad”. El dramatismo lo puso Emma Isabel en “No volveré”, y la fuerza vocal de Addalberto Pinzón estremeció con “Malagueña”.

Gorocica volvió con elegancia en “El Mil Amores”, no sin que el maestro Herrera arrancara risas al aclarar que el tema era solo una canción, “no un permiso para la poligamia”.

Uno de los momentos más emotivos llegó con Denisse Landó, invitada especial del director, quien, vestida de rojo, interpretó “Cielito lindo”. Fue imposible contener la emoción, entonces el público aplaudió y cantó a coro ese himno no oficial que acompaña a los mexicanos dentro y fuera del país. La sala se transformó en un solo corazón latiendo al unísono.

El cierre fue maravilloso. Con “El sinaloense” y “Son de la Negra”, la Orquesta dio paso a la entrada del Ballet Folclórico del Estado, que llenó el escenario de color y movimiento, con trajes regionales que parecían bailar solos al compás de los violines y trompetas. Fue un estallido de tradición, un mosaico de identidades mexicanas que culminó con la interpretación colectiva de “Guadalajara”.

El público aplaudía con fuerza, pedía otra y otra más. El maestro Herrera, sonriente, no negó los bises, regalando momentos adicionales que se guardarán en la memoria de los asistentes hasta el próximo año.

Cuando finalmente las luces se encendieron, la gente salió del Palacio de la Música con sonrisas en el rostro, canturreando las melodías que aún vibraban en sus oídos. En los pasillos se escuchaban frases como “fue espectacular” o “qué orgullo ser mexicano”. Una de las asistentes fue Adriana Marcos, quien compartió sus impresiones. “Vengo de Ciudad Juárez, qué dicha siento de haber podido asistir, Yucatán es maravilloso y más su cultura, el concierto fue hermoso”.

La noche fue una serenata de amor a México. Una muestra de que, mientras haya quien cante nuestras canciones, nuestras raíces estarán vivas. La Orquesta Típica Yukalpetén lo hizo una vez más, convirtió la música en patria, y el escenario en un corazón que latió al grito unánime de ¡Viva México!— DARINKA RUIZ MORIMOTO

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