¿CUÁNTO DEBES..?

Jesús no aprueba la conducta inmoral del administrador injusto que aparece en este relato, el personaje estafador muy refinado, y tampoco no desconoce aquella habilidad que echa de menos en los “hijos de la luz”.

El administrador infiel no perdió el tiempo justificándose delante de su amo, pues las acusaciones de que fue objeto, sean falsas o ciertas, comprometieron seriamente su provenir. Y así, haciéndose cargo de su situación delicada, actuó rápidamente para asegurarse la vida. Como eso de cavar o de pedir limosna no le iba en absoluto después de llevar una vida acomodada, intentó otra salida. Tengamos en cuenta esto: la “riqueza injusta” (o el “dinero injusto”) no es la que se acumula mediante negocios sucios, sino cualquier riqueza que ejerza un poder que esclavice a las personas y las aparten de Dios. Otra cosa: es posible que haya personas que piensen que con un dinero mal conseguido se pueden hacer “cosas buenas”.

El católico debe tener muy claro que el dinero es necesario y hasta indispensable; pero, si el dinero o las cosas materiales se convierten en un “rival” de Dios y nos hace comportarnos como verdugos de nuestro prójimo, esa riqueza nos conduce a la perdición. Hoy el Evangelio nos deja claro que ese camino es muy peligroso. Los valores preferidos del cristianismo son la justicia, la honradez y el amor.

Así pues, hoy escuchamos una parábola muy confusa, aunque está claro que el administrador era muy astuto y con un historial de corrupción e infidelidad porque falsificó los balances con la complicidad de los deudores. Obviamente Jesús no pretendió presentarnos como modelo el fraude cometido, sino el estilo de prontitud con que se actuó. Lo cierto es que Jesús tristemente ve la larga fila de las personas indiferentes, triviales, superficiales, llevadas únicamente hacia las cosas materiales y el bienestar y las riquezas.

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