MÉRIDA.- Entre muestras de cariño de la comunidad, a la que sirvió y con la que convivió a lo largo de más de tres décadas, se dio el último adiós a Mons. Álvaro García Aguilar en la parroquia de María Inmaculada, donde fue la velación y se ofició una misa que presidió el arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez Vega.
Como informamos, el sacerdote yucateco falleció en la tarde del lunes, a los 92 años de edad.
Este martes se realizó una misa de cuerpo presente, donde se hizo evidente el afecto que le tenía la comunidad de la parroquia de María Inmaculada, que lo acompañó en la iglesia para darle el último adiós.
El arzobispo de Yucatán presidió la Eucaristía, acompañado de más de 20 sacerdotes, entre ellos el arzobispo emérito Emilio Carlos Berlie Belaunzarán y el obispo auxiliar, Mons. Pedro Mena Díaz.
Este último tuvo a su cargo la homilía, en la que expresó que la Eucaristía y la muerte de un cristiano es una celebración.
“Celebración de su vida y celebración de su paso por Cristo de la muerte a la vida”.
“Pero la Eucaristía y la muerte de un sacerdote lo es de un modo especial porque es celebrada la gracia de la muerte de Dios a través del ministerio sacerdotal”.
“Es celebrar la presencia y la salvación de Cristo por medio de quien nace. Y es celebrar la comunión de los santos, la comunión de todos aquellos que recibieron el bautismo, el perdón, el pan de vida, y ahora por su ayuda en la salvación eterna“.
El sacerdocio, una llamada de Dios
Indicó que el sacerdocio es una llamada de Dios.
“Jesús dijo, ‘No son ustedes los que me han elegido. Soy yo quien les ha elegido’. Así pues, nadie puede atribuirse ese honor”.
“Dios llama y si encuentra respuesta, Dios cumple la gracia y la responsabilidad del sacerdote. Cuántas inquietudes, cuántas interrogantes antes de decidir la respuesta”.

“El que es llamado se siente del bien y del pecador, se sabe franco y vacilante para contener un tesoro tan grande. Por eso, él tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, así como lo hace con los del pueblo. Y por eso mismo él puede comprender a los ignorantes y los sabios, ya que está rodeado de humildad”.
“Cuánta generosidad, cuánta humildad y sobre todo cuánta confianza en el Señor y su resurrección. Y cuánto amor a sus hermanos, porque sabe que su vida y su persona ya no le pertenece. En adelante serán siempre al servicio de los demás”.
“Configurado por Cristo, él será el signo visible por el que Cristo se hace presente y actúa, de forma que cuando los sacerdotes bautizan, perdonan, presiden la eucaristía, Cristo es quien bautiza, perdona, preside. El sacerdote se pone al servicio de los hombres“.
“Sus labios siempre dispuestos a proclamar la palabra de Dios a tiempo y a destiempo. Es decir, aunque haya complicaciones, pero siempre como sembrador de esperanza y buena nueva de la mejor de las noticias. Dios nos ama, nos redime con la muerte de su hijo y nos resucita con la vida de su espíritu”.

Servicio de Mons. Álvaro con dedicación y generosidad
“El corazón se hace notar siempre abierto a defender bondadosamente a todos, porque sabe que son débiles como él, y resuelto está siempre disponible para todos cuando le necesiten. Una vida así, una vocación así, merece un sencillo reconocimiento, a una tarea desempeñada con dedicación y generosidad”.
“Sobre todo merece ser celebrada la misión de Dios, pues ha querido realizar las maravillas de su poder a través de que les autoriza su salvación en los sacramentos y en el ministerio pastoral. Los sacerdotes, como en este caso, a través del Señor, el padre Álvaro ha servido durante tantos y tantos años“.
“Él, como relataba el Salmo, es ejemplo de Cristo buen pastor“.
“La mesa del Señor, con la copa de la Eucaristía, le ha acompañado, pero también el sufrimiento y dolor que debe haber sufrido en algunos momentos de su vida”.
“Siempre en busca del sendero justo con amor y misericordia para llegar un día a la casa del Señor”.
“Él, como expresaba el Evangelio, ha formado parte de los llamados por el Señor, quienes se refería diciendo (…) Padre, este es mi deseo que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contentos en gloria”.
“Al celebrar la misa con motivo de su muerte, estamos convencidos de que el Señor le hará participar de su triunfo sobre la muerte y de su paso a la vida resucitada. Que ahí se une con los santos en la Eucaristía, y la gracia del Señor”.
Labor importante para la iglesia de María Inmaculada
Se refirió también a la labor que el padre García Aguilar hizo para construir la iglesia de María Inmaculada .
Y expresó que el templo material es símbolo de la Iglesia que conformamos todos los bautizados “y hoy estamos aquí para dar gracias por el ministerio del padre García“, que podemos interpretar a través de sus frutos.

“En este recinto y sus anexos, el padre, con sus colaboradores y religiosas, fueron construyendo y acompañando con gran consistencia diversos apostolados, grupos que hoy permanecen por delante de Cristo”.
“Hoy también muchos, incluyendo varios hermanos sacerdotes, son testigos de la piedad del padre que podemos decir fue uno de sus discípulos que le acompañaba en la vida”.
“Por todo eso hoy le decimos al buen pastor gracias por el don del sacerdote piadoso que nos regalaste en la persona del padre Álvaro García”.
Al inicio de la misa, el padre Antonio Escalante Pantoja dio lectura al obituario de Mons. Álvaro.
Luego, como parte del ritual de despedida del sacerdote, se encendió junto al féretro una vela y se colocó sobre la vestimenta sacerdotal y el Evangelio.
Al término de la misa, el arzobispo Gustavo Rodríguez rezó una serie de oraciones de despedida y para pedir a Dios reciba al sacerdote. También roció con agua bendita el féretro.

Numerosos fieles despiden al padre Álvaro García
Desde antes de iniciar la misa numerosos fieles ya estaban en la parroquia de María Inmaculada, donde se veló toda la noche al padre García. Quienes fueron llegando se acercaron al féretro para despedirse del sacerdote.
Algunos visiblemente conmovidos se despidieron de él y también le brindaron aplausos.
Antes de sacar el féretro, uno de los sobrinos del sacerdote, Álvaro Palma García, hizo uso de la palabra para agradecer la presencia de los obispos, familia, amigos y feligreses presentes.
Compartió un par de anécdotas sobre el difunto con las que exaltó su buen humor, alegría y también su fe.
Luego de la misa de cuerpo presente se trasladó el féretro al Cementerio General para ser sepultado en el Mausoleo del Clero.
Ahí el padre Antonio Escalante presidió la ceremonia de despedida, para lo cual rezó una oración, bendijo y roció con agua bendita el féretro.
La familia del sacerdote estuvo presente en este momento íntimo. Además de su sobrino Álvaro estuvieron sus demás sobrinos: Isela, Alejandro y Rommel Palma García, así como sus sobrinos nietos.
Al momento de colocar el féretro en la tumba, el padre Eddie Mauricio Poot Herrera roció primero la tumba y luego vertió el resto del agua bendita sobre el féretro.
Los dos sacerdotes junto con la familia comenzaron a entonar el cántico de despedida “Señor a quién iremos”, con lo que concluyó la sepultura del Mons. Álvaro.

¿Quién fue el sacerdote Álvaro García Aguilar?
El fallecido fue consagrado sacerdote el 16 de junio de 1956. En 1978 el arzobispo Mons. Manuel Castro Ruiz le encargó la construcción de la iglesia María Inmaculada, de la cual fue párroco hasta 2015.
Es decir, estuvo 37 años al servicio de esa comunidad, donde formó, guió y brindó asesoría espiritual a varias generaciones.
Su trabajo con los jóvenes rindió los frutos esperados, ya que propició el surgimiento de 22 vocaciones sacerdotales, entre ellas la de monseñor Fermín Sosa Rodríguez, actual nuncio apostólico en Bolivia.
















