“USTEDES ESTÉN PREPARADOS”

La alusión a los días de Noé antes del diluvio se hace para explicarnos cómo la venida del Señor será repentina y sin previo aviso. A diferencia de lo ocurrido cuando la destrucción de Jerusalén, no hay señales claras que determinen el momento del fin del mundo. Por eso los hombres harán su vida como si tal cosa y serán sorprendidos como lo fueron en tiempos del diluvio.

La venida del Hijo del hombre, la parusía, sorprenderá a los hombres en medio de sus faenas y diversiones.

No todos serán elegidos y congregados de los cuatro vientos de la tierra por los ángeles. Uno será tomado y el otro dejado. Los hombres, que han crecido juntos, como la cizaña y el trigo, serán separados en aquel día del juicio. Para los justos será un juicio de salvación; para los impíos, será un juicio de condenación.

La breve parábola del dueño de casa que no puede dormir despreocupado porque no conoce la hora en que el ladrón pueda robarle, señala claramente cuál debe ser la actitud del cristiano. Así que la espera de la venida del Señor, que vendrá repentinamente como un ladrón que no anuncia la hora de su visita, lejos de ser una buena excusa para evadirse de todos los problemas, es una severa advertencia para vivir atentos a la hora de nuestra responsabilidad.

Por lo tanto, el objeto de esta atención es “el día y la hora” en que vendrá el Señor. Así, el relato se convierte en la definición del estilo de vida del cristiano que se hunde en el sueño de la indiferencia, sino que permanece vigilante como el dueño de la casa, atento a registrar hasta la más pequeña señal que llegue a los oídos desde la oscuridad de la noche. Cristo vendrá al final de la historia inesperada y secretamente, por lo que hay que tener ojos límpidos y oídos sensibles para captar las huellas de su paso.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán