En el marco de la peregrinación anual del Seminario de Yucatán al Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe, el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, afirmó que la misión fundamental de una madre, hoy y siempre, es acercar a sus hijos a Jesús.
Recordó que así fue como la Virgen de Guadalupe condujo al pueblo indígena de México en un momento de profunda tristeza tras la Conquista —cuando muchos se resistían a abrazar la fe cristiana— y la presencia mariana en el Tepeyac transformó la historia, pues después de las apariciones numerosos pueblos acudieron para recibir el bautismo.
El Arzobispo presidió ayer, a primera hora de la mañana, la misa que marca la visita anual del Seminario Conciliar de Yucatán al santuario guadalupano, en San Cristóbal. A la peregrinación acudieron seminaristas, formadores, religiosas, familiares de los estudiantes e integrantes del apostolado Cáritas de Yucatán.
Los participantes salieron a temprana hora del Seminario Conciliar de Itzimná y avanzaron entre rezos y cánticos hasta el templo de San Cristóbal, donde arribaron a las siete de la mañana. En el trayecto los acompañaron el obispo auxiliar monseñor Mario Medina Balam; el rector del Seminario, presbítero Ricardo Atoche Enseñat, y otros sacerdotes y religiosas Oblatas de Jesús Sacerdote, quienes colaboran con la institución formativa.
A su llegada al santuario, los peregrinos fueron recibidos por el arzobispo Rodríguez Vega, quien los bendijo con agua santa en la puerta del templo. Junto a él estuvo el presbítero Óscar Cetina Vega, párroco del santuario guadalupano. El Arzobispo dio también la bienvenida a fieles de la Iglesia diocesana y a grupos de peregrinos provenientes de Chiapas.
Al inicio de la misa, el prelado informó que el papa León XIV aceptó la renuncia de monseñor Pedro Pablo Elizondo Cárdenas como obispo de Cancún-Chetumal y nombró en su lugar a Salvador González, hasta ahora obispo auxiliar de Ciudad de México. Asimismo, dio a conocer el nombramiento del padre José Eugenio Ramos Delgado —quien fuera su alumno en el Seminario de Monterrey— como nuevo obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Monterrey.
En su homilía, monseñor Rodríguez Vega reflexionó sobre la carta de san Pablo a los Gálatas, donde se afirma que “en la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer”. Explicó que esta afirmación responde a una razón pedagógica: el mundo cristiano aún no estaba preparado para comprender plenamente el misterio realizado en María Virgen. Comparó este proceso con el de un niño que recibe alimento en exceso y corre el riesgo de lastimarse, enfatizando que la Iglesia debió asimilar poco a poco la comprensión del Hijo de Dios hecho hombre.
Recordó que este misterio fue definido con claridad en el año 325, en el concilio presidido por el papa Pío IX y del que surgió el Credo tal como hoy se recita. A partir de esa definición, añadió, se profundizó también en la Santísima Virgen María y su papel como madre del Hijo de Dios hecho hombre, cumpliendo así lo anunciado en el Génesis y en las profecías de Isaías: la Virgen concebirá y dará a luz.
El Arzobispo se refirió también el pasaje evangélico que relata la alegría de Juan el Bautista —aún en el vientre de su madre Isabel— al escuchar la voz de María, quien llevaba en su seno al Verbo encarnado. Subrayó que esta escena permanece viva en la devoción de los creyentes, pues las palabras de Isabel continúan resonando: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”.
El prelado destacó que en el mundo entero se admira a México por el tesoro espiritual de la Virgen de Guadalupe, venerada ampliamente en América y en otros continentes.
Señaló que, antes de las apariciones en el Tepeyac, los frailes predicaron durante 12 años sin lograr la conversión del pueblo indígena, el cual permanecía sumido en la tristeza por la pérdida de su mundo tras la Conquista. Fue la presencia de María lo que despertó la fe y atrajo multitudes al bautismo. Recordó la cita marista inspirada por san Marcelino Champagnat: “Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús”.
Afirmó que aun hoy la Virgen sigue acercando a muchas personas alejadas de la fe, incluidos integrantes de comunidades separadas de la Iglesia, que han experimentado procesos de conversión a través de la intercesión mariana. Insistió en que una buena madre debe conducir a sus hijos hacia Jesús, pero lamentó que muchas madres se desentiendan actualmente de su responsabilidad en la formación cristiana del hogar, lo cual genera resistencia hacia las exigencias del catecismo.
El Arzobispo recordó que América Latina vive un novenario rumbo al año 2031, cuando se cumplirán 500 años de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe. Con motivo de esta celebración, los obispos de México impulsaron una dinámica guadalupana que incluyó la elaboración de copias idénticas de la tilma de san Juan Diego —cada una de las cuales tocó la original— destinadas a todas las diócesis del país. Informó que la copia correspondiente a Yucatán ya se encuentra en la Catedral, donde comenzó su exposición el lunes pasado.
Añadió que la réplica de la tilma recorrerá gradualmente todas las parroquias de la diócesis hasta llegar al 12 de diciembre de 2031. Señaló que este recorrido permitirá que cada comunidad rinda homenaje a la Virgen y pidió que, mediante esa veneración, muchos fieles se acerquen a Cristo y que México alcance la paz en medio de la actual angustia social. Indicó que el lema adoptado para esta iniciativa es “Una tilma, un corazón y la paz”.
Finalmente, informó que 55 seminaristas participaron en la peregrinación, pertenecientes a los seminarios menor y mayor, en las etapas catecumenal, discipular, configuradora y teológica.— IRIS CEBALLOS ALVARADO


