Ser reconocido en dos áreas que le apasionan, la ortopedia y la literatura, es una de las mejores cosas que podrían sucederle a Edgardo Arredondo Gómez, quien hoy viernes recibirá un reconocimiento de la Feria Municipal del Libro por su trabajo como escritor, que viene a cerrar un año de éxitos, ya que el médico recibió hace unos meses una distinción de la Federación Mexicana de Colegios de Ortopedia y Traumatología (Femecot).
Por esa razón, la noticia de que se le rendirá homenaje en el ámbito literario lo hace sentir emocionado.
El médico y escritor recibirá la distinción en una ceremonia que se efectuará a las 8 de la noche en la videosala del Centro Cultural Olimpo, en el marco de la Feria Municipal del Libro, que se inaugura hoy mismo por la mañana.
El doctor Arredondo comparte que hace poco más de 12 años empezó a escribir. Considera que es un tanto difícil abrirse camino en el mundo literario cuando se tiene una profesión diferente, pese a ello le ha ido muy bien, porque “me he rodeado de gente muy buena”.
Fue inesperado para él saber que le darían un reconocimiento por su trabajo de escritura, que demuestra que ha sabido compaginar sus dos amores: la ortopedia y la literatura.
“Escribir es fascinante. Tengo también la oportunidad de escribir para el Diario como editorialista, lo cual me fascina, y que me reconozcan por este trabajo me emociona”, declara.
Indica que han sido buenos años para él, ya que en 2023 recibió la Medalla “Doctores Eduardo y Francisco Laviada Arrigunaga” y hace unos meses se le entregó el reconocimiento de la Femecot. Ahora tendrá su primer reconocimiento por su creación literaria y se declara “realmente encantado, fascinado, muy contento”.
Manifiesta que, si no hubiera sido doctor, su trabajo literario sería muy distinto, no sabe si mejor o peor, pero sí diferente, ya que sus historias se basan en las experiencias que le ha tocado vivir con la gente en los casi 40 años que lleva como médico y la convivencia día a día con sus pacientes.
Apunta que fue profesor y siempre le insistía a sus alumnos que cultivaran un arte, “lo que fuera: pintura, música, literatura, porque el médico que cultiva un arte se vuelve más humanista”.
“El médico humanista va a entender mejor a la otra persona, se vuelve más empático al dolor, a los sentimientos; el médico humanista está a un paso de ser humanitario, que es el médico bonachón, buena onda”, asegura.
“Eso me ha servido mucho y gran parte de lo que escribo está relacionado con la medicina”, explica.
Recuerda que su libro más conocido, que fue un éxito de ventas, es “Médico sicario”, que está basado en hechos reales que ocurrieron en la guerra de Felipe Calderón contra los cárteles de la droga.
También menciona “Bungo”, que hace referencia a sacerdotes y religiosas de Yucatán que estuvieron en la guerra en Angola. “Si yo no hubiera sido médico, no hubiera conocido a la hermana Eunice que estuvo allá”.
En su haber tiene dos compendios de cuentos, “Los profanadores” y “El rostro de la venganza”; en este último, todos los relatos se relacionan con la medicina.
“Me llamo Juan” es otra historia que se vincula con su profesión como médico, pues trata de dos hombres llamados Juan Hernández cuyos resultados de una prueba de VIH se confunden y uno cree que está curado y el otro, que está muriendo.
“Cuarto siete” es una novela de terror basada en hechos reales que acontecieron en la entonces Central Pediátrica donde tenía su consultorio, cuando ya se iba a jubilar. “Amarílico” es una novela histórica sobre la fiebre amarilla.
Sus andanzas como médico las plasmó en el anecdotario “Los 10 consejos que nadie me pidió, pero me vale madres, vine a darlos”.
Considera que narrar anécdotas de temas médicos de una manera accesible ha hecho que su trabajo se vea favorecido con lectores.
Señala que cuando escribe para el Diario hay temas médicos fáciles de desarrollar, pero también le gusta la “grilla”, “sin meterme en tantos problemas”.
“El Diario me abrió las puertas y para mí es un honor que me tengan como editorialista”, apunta.
En el homenaje que se le rendirá hoy estará acompañado de Jorge Cortés Ancona, cronista de la ciudad, y María Teresa Mézquita Méndez, directora de la Filey.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
