Imágenes restauradas por el artista Antonio Cuesta
Imágenes restauradas por el artista Antonio Cuesta

QUITO (EFE).— En una casa construida hace 200 años, en pleno Centro Histórico de Quito, trabaja Antonio Cuesta, un restaurador a quien algunos de sus clientes le dicen “doctor” porque cura reliquias, revive imágenes coloniales y devuelve la memoria a piezas que parecían condenadas al olvido.

A sus 58 años, Cuesta comenta que su pasión por la restauración nació en casa, por su padre, un anticuario que coleccionaba piezas antiguas y “cuando venían con sus fallas, nos daba para que restauremos”, recuerda al señalar que esa escuela doméstica se convirtió en profesión en la Universidad Tecnológica Equinoccial, donde se graduó como restaurador y museólogo.

Aunque no es médico de profesión, sus clientes le han dado ese título: “El doctor porque me curó a mi niñito (figura del niño Jesús), el doctor porque cuidó a mi virgencita”, dicen con gratitud, un reconocimiento popular más valioso que cualquier diploma o medalla.

Cuesta diagnostica, trata y cura porque no solo arregla objetos, sino que revive memorias, salva historias y devuelve el señorío a tesoros coloniales, convirtiéndose en guardián de la memoria patrimonial que mantiene la historia de un pueblo.

Rodeado de lacas, pinturas, aceites y láminas de pan de oro y plata, entre otros elementos, como la foto de su padre, Cuesta asegura que su taller está en el centro histórico “porque es parte de nuestras raíces”.

“Siempre me han gustado las casas antiguas, las coloniales, con sus ventanas, porque por el trabajo necesito ventilación”, comenta en medio de un ambiente con evidente olor a químico.

Cuesta trabaja obras de arte de distinto material, aunque la mayoría son de madera, principalmente figuras de arte religioso.

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