Misa de Año Nuevo en la Catedral de Mérida.-Foto Karla Acosta Castillo

Con amor y gratitud, y con la Catedral de Mérida llena de fieles se realizó la última misa del año en la que cientos de fieles acudieron para recibir la bendición antes de concluir el 2025.

Llamados por la fe y en un espacio decorado para la ocasión, el templo lució lleno de principio a fin. Familias enteras, niños, adultos y personas mayores se hincaron y permanecieron atentos durante la última eucaristía del año.

La celebración fue presidida por el arzobispo Gustavo Rodríguez Vega, en compañía de los presbíteros Juan Pablo Moo Garrido, Fernando Bermejo Salmerón y Juan Carlos Quintana Orozco de la arquidiócesis de Tulancingo.

Al momento de la homilía, monseñor abordó tres puntos importantes. El primero fue el cierre de la octava de Navidad con la fiesta de Santa María, Madre de Dios, una fe que dijo, es fundamental de la Iglesia definida de manera definitiva en el Concilio de Éfeso en el año 431.

Recordó que, desde los primeros tiempos, los apóstoles y discípulos creían y aceptaban a María como Madre de Dios, frente a posturas que sostenían que era únicamente madre de Jesús en su humanidad.

“El Hijo de Dios es una sola persona que quiso venir a este mundo y lo hizo naciendo de una mujer”, afirmó.

Señaló que negar la maternidad divina de María es negar la encarnación del Hijo de Dios y, con ello, que Jesucristo es verdadero Dios.

En este sentido, explicó que “cada vez que rezamos un Ave María, decimos Santa María, Madre de Dios”, lo que significa no solo una expresión dirigida a María, sino también una confesión de fe en la encarnación del Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo.

Además, recordó que tras la definición del Concilio de Éfeso, el pueblo esperaba la resolución y, al concluir, salió en procesión con antorchas, dando origen a una oración que hasta hoy se sigue rezando: Santa Madre de Dios.

Como segundo tema, se refirió a la paz y a la Jornada Mundial de la Paz, que se conmemora cada 1 de enero. Citó las palabras del Papa Francisco, quien advertía que el mundo vive “una tercera guerra mundial a pedazos”, una realidad que también se refleja en México.

Por lo que llamó a vivir una paz desarmada y a defender la fe desde la paz, recordando el gesto de Jesús cuando pidió a Pedro guardar la espada.

Pidió que haya paz en cada corazón, en cada familia y en todos los ambientes de la sociedad, así como el fin de la violencia que se vive en distintos lugares del país.

Como tercer y último tema, invitó a dar gracias por el año que termina, por la vida y por las bendiciones recibidas, y a encomendar el año que inicia con confianza plena en la divina providencia, manteniendo viva la luz de la fe en los hogares como signo de esperanza.

En la entrada de la Catedral, se anunció que del 1° al 4 de enero se estarán llevando a cabo las 40 horas de eucaristía en el Sagrario metropolitano. La misa de clausura será a las 8 de la mañana y la de clausura a las 12:30 de la tarde.