La conversación volvió a ocupar el centro de la mesa. El primer martes de enero, Mérida tuvo la segunda edición de Bla-Bla-Blarte, un encuentro cultural que busca ser un espacio de diálogo, convivencia y reflexión en torno a las artes y la cultura, con una temática distinta en cada sesión, para las que varían sede y ponentes. Anteayer, la cita fue en Casona María, en la García Ginerés.
Bla-Bla-Blarte surge con la intención de reunir, en un mismo espacio, a artistas, gestores culturales y público interesado y simpatizante, sin la división tradicional entre quien crea y quien observa. La premisa es sentarse a platicar, sin expectativas prefijadas, sobre el arte y su papel en la vida contemporánea. Cada primer martes de mes, el proyecto propone una sesión diferente, guiada por una charla sorpresa que orienta la conversación.
Previamente al inicio de la segunda edición, Jonathan Hellwig Guerra, delegado de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine) en Yucatán y coproductor del proyecto, compartió que Bla-Bla-Blarte busca recuperar el lugar que las artes han tenido históricamente como motor de cambio y sensibilidad social. “No está centrado solo en artistas ni en espectadores. Es un espacio donde todos podemos platicar acerca de la cultura y las artes”, señaló.
El encuentro es encabezado por Jonathan en colaboración con Alejandra Abimerhi Mir, diseñadora gráfica, artista culinaria y organizadora, quien junto con él da forma a la experiencia del evento. A este esfuerzo se suma el respaldo de Canacine y de diversos espacios culturales que, mes con mes, abren sus puertas para albergar las sesiones.
A diferencia de otros formatos, Bla-Bla-Blarte no apuesta por patrocinios tradicionales. En su lugar, integra un “Bla-Bla-Bla market”, en el que los asistentes pueden compartir y ofrecer desde libros hasta productos artesanales, reforzando el carácter comunitario del encuentro. “Se trata de convivencia, de conocernos y hacer comunidad cultural”, explicó el coproductor.
La primera edición estuvo enfocada en el cine y contó con la participación de productores y académicos vinculados a esa disciplina. Anteayer, el eje se inclinó hacia el ego y el miedo en los creadores, con reflexiones sobre cómo buscan reinterpretarse en tiempos modernos y compartir con las nuevas generaciones.
El músico, compositor y fotógrafo Alejandro Abud ofreció una reflexión sobre su trayectoria artística y el sentido de crear en contextos complejos. Relató que su camino comenzó en la música hace más de cuatro décadas y habló de la dificultad de vivir del arte en tiempos en que, a diferencia de otros momentos históricos, su valor social parece diluirse.
Indicó que decidió abandonar la comodidad familiar para perseguir sus anhelos creativos, experiencia que lo llevó a Ciudad de México con recursos limitados, a dormir en el piso en los primeros meses y abrirse paso poco a poco en la industria musical. Relató su camino por disqueras, la grabación de canciones y su trabajo como intérprete, compositor y productor en México, Estados Unidos, Italia y Chile.
Más adelante, explicó cómo su exploración artística lo condujo hacia la comunicación visual, la fotografía y el vídeo, disciplinas que se sumaron a su lenguaje creativo. Para Abud, el oficio del artista es una búsqueda constante de la belleza y de la comunicación, aun cuando el entorno resulta adverso o el mercado impone límites.
Señaló que el camino creativo implica aprender a equilibrar la fidelidad al propio proyecto y la necesidad de adaptarse a la realidad, sin traicionar aquello que se desea expresar. En ese proceso, dijo, se acumulan experiencias, encuentros con personas generosas y obstáculos, que terminan por moldear la esencia del creador.
Su mensaje se cerró con la invitación a trabajar cada día para crear la mejor pieza posible, aquella que nace del corazón y permite, al final de la jornada, descansar con la certeza de haber comunicado algo verdadero.
En esta ocasión, la experiencia culinaria estuvo a cargo de la coproductora Alejandra Abimerhi, quien agradeció a los asistentes su presencia y explicó la dinámica de la noche, enmarcada por la celebración del Día de Reyes. El menú incluyó rosca de focaccia italiana con sorpresas en su interior, que propició un ambiente lúdico.
Como entrada se sirvieron dos ensaladas: una verde con arándanos y una César. Los platos fuertes consistieron en dos pastas: fetuccini Alfredo cremoso con pollo a la páprika y fusilli en salsa pomodoro, versión personal de la chef y acompañada con arrachera.
Los asistentes se organizan en mesas, cada una con un capitán que modera la conversación. A partir de tarjetas para medir los tiempos, un reglamento y recomendaciones específicas, los participantes comparten experiencias y puntos de vista. Al final, cada capitán expone la experiencia de su mesa, generando un diálogo.
Tras la cena, el encuentro dio paso a uno de los momentos centrales de la velada, el intercambio de ideas en torno a cómo comunicar el arte y la cultura a las nuevas generaciones de manera más eficiente, sin perder de vista temas sensibles como el ego y el miedo que, con frecuencia, atraviesan los procesos creativos.
Al cierre de esta dinámica, los capitanes Efraín Lizarraga, Bernardo Pérez y Pablo Herrero tomaron el micrófono para compartir las conclusiones, convirtiendo las conversaciones íntimas en un relato común.— DARINKA RUIZ MORIMOTO
Encuentro Datos
Bla-Bla-Blarte es un evento abierto al público, aunque con cupo limitado para garantizar la participación activa.
Participantes
La invitación está dirigida tanto a artistas como a quienes desean acercarse a la cultura desde la conversación y la escucha.
Periodicidad
El proyecto se realiza, sin excepción, el primer martes de cada mes y tiene contemplada su continuidad todo el año. Las fechas, sedes y detalles de cada sesión se difunden en redes sociales y plataformas digitales, en las que también se pueden adquirir las entradas.


