MÉXICO (EFE).— Que David Toscana haya recibido ayer el Premio Alfaguara con una novela que recrea un ejército de soldados búlgaros privados de la vista tiene mucho de simbólico. Cuando escribe, el autor regiomontano camina como un ciego, solo protegido por su intuición.
“Como ingeniero tal vez debería hacer planos, diseñar mis libros, pero los empiezo sin tener idea de cómo seguir. En mi literatura hay mucho de ensayo y error; a veces después de 20 páginas lo tiro todo a la basura”, reconoció en el año 2022 en entrevista con la agencia de noticias EFE.
El premio anunciado ayer confirma a Toscana como una de las mejores plumas de la literatura en español, buen cuentista y contundente en las carreras de distancias largas que son las novelas, lo cual confirma en “Estación Tula”, “Duelo por Miguel Pruneda”, “El último lector”, “El ejército iluminado”, “Evangelia” y “Olegaroy”.
Después de escribir “El peso de vivir en la tierra”, que juega con la literatura rusa en Monterrey, Toscana se convirtió en el quinto mexicano ganador del Alfaguara con “El ejército ciego”, que recrea un hecho del siglo XI: Basilio II, emperador de Bizancio, ordenó cegar a 15,000 soldados búlgaros.
La novela se inspira en las crónicas medievales y la crueldad de las guerras bizantinas, y reúne historia, inventiva y poesía.
A diferencia de muchos de sus colegas, capaces de disertar sobre escritores desconocidos de las cuatro esquinas del mundo y recomendar sus libros, Toscana lee como quien da vueltas en un carrusel. No es un devorador de libros, sino un obsesionado con el placer de la relectura. En su juventud se bebió la prosa de Tolstoi, Dostoievski, Chéjov, Turguéniev, Bulgákov, Gógol y Ajmátova y desde entonces volvió a ellos una y otra vez, aunque se inclina ante Cervantes, Borges, García Márquez, Onetti y los trágicos griegos.
Es probable que su obsesión por los rusos sea una marca de nacimiento. Nació el 7 de noviembre, día de la Revolución de Octubre, aunque en las entrevistas minimiza el dato porque asume su pasión como un asunto de familia. Si pudiera le reclamaría a Tolstoi y a los demás detalles como los requerimientos de un hijo a un padre. “A Tolstoi le preguntaría por qué se estropeó con su moralismo; a Gógol, por qué quemó la segunda parte de ‘Las almas muertas’, y a Shólojov, si se plagió ‘El don apacible’ o es una obra suya”, afirmó hace un tiempo.
Más que novelista, cuentista, columnista u otro calificativo similar para describir a quien se dedica al arte de unir palabras, al referirse a David Toscana tal vez lo más acertado sea considerarlo un obrero de la literatura, aun cuando la frase suene a lugar común.
Como Cristiano Ronaldo
Residente en Lisboa en algún momento de su vida, el regiomontano sigue en la literatura la estrategia del futbolista portugués Cristiano Ronaldo, quien no piensa en si es un elegido con el talento de Lionel Messi y, en lugar de filosofar, nada una hora antes del entrenamiento de su equipo, se alimenta bien, hace pesas y se estira.
Auténtico, lejos del glamur, aunque presume premios de prestigio, Toscana también desconfía de sus atributos, por eso manda tantos textos a la basura. Mejor dedica muchas horas a conjugar el verbo escribir y a realizar caminatas como ciego, solo confiado en su intuición.
“En lo que me eduqué fue en la disciplina”, ha dicho una y otra vez. La expresión suena a una verdad evidente porque le sirve a la mayoría de los escritores, pero en su caso le queda como un traje hecho a medida.
En Mérida
El 10 de marzo 2024, Toscana recibió en Mérida el Premio Excelencia en las Letras “José Emilio Pacheco”. Su semblanza fue leída por Juan Villoro, quien aseguró que era “un escritor de verdad, con él lo cotidiano se torna histórico, es un artesano de la imaginación”.


