RABAT (EFE).— El ramadán es un rito islámico de obligado cumplimiento en Marruecos, donde se castiga con cárcel el consumo público de alimentos, mientras la sociedad ve al que rompe el ayuno —a diferencia del que abandona la oración— como un apóstata, lo que cada año reaviva el debate sobre la libertad de culto.
El artículo 222 del Código Penal marroquí castiga con penas de entre uno y seis meses de cárcel, más una multa, a “todo individuo notoriamente conocido por su pertenencia al Islam que rompa ostensiblemente el ayuno en un lugar público durante el ramadán”.
De acuerdo con el Islam, en el noveno mes sagrado, los fieles deben abstenerse —entre el amanecer y el anochecer— de tomar alimentos y agua y de mantener relaciones sexuales.
El abogado Mohamed Almou dijo a EFE que esta normativa se promulgó durante la colonización francesa de Marruecos para “evitar provocaciones” entre musulmanes y no musulmanes, y consideró que es un “texto medieval que contradice la libertad de credo”.
“Este precepto ha convertido al espacio público en un lugar reservado a una categoría frente a otras, y ha hecho que la sociedad vigile el comportamiento religioso de los individuos y les obligue a ayunar, lo que fomenta la hipocresía social”, añadió en una entrevista.
De acuerdo con este jurista, la comunidad es ahora la que decide quién es musulmán, en lugar de que el individuo determine su práctica religiosa. “Es imprescindible derogar este artículo para liberar el espacio público de la mentalidad de rebaño”, enfatizó.
Durante el día, la gran mayoría de restaurantes y cafés permanecen cerrados o se niegan a atender a quienes parecen marroquíes y las tiendas de alcohol cierran sus puertas. Los judíos marroquíes, una minoría, deben mostrar su documento de identidad para consumir en restaurantes.
En barrios acomodados de ciudades como Casablanca o Rabat algunos cafés atienden sin discriminación, aunque son excepciones. Las autoridades no intervienen mientras no se genere tensión social. “La Justicia puede hacerlo si se registran quejas”, advirtió Almou.
Dictadura de la mayoría
La conocida activista marroquí Mayssa Salama Ennaji publicó un vídeo en el que anunció haber dejado el Islam y no observar el ayuno. Esta iniciativa, atrevida en el contexto local, se ha convertido en uno de los hitos de este ramadán en Marruecos.
Salama Ennaji denunció haber recibido insultos y amenazas tras su anuncio. “Exigen mi juicio, persecución y encarcelamiento”, afirmó a EFE.
Agregó que la mayoría la insulta porque la ven como parte de una minoría sin derecho a reivindicarse. “En cambio, estos extremistas son los mismos que en Europa practican la intimidación para ser reconocidos como minoría, proclamando su Islam, su ‘hiyab’ (velo), su ‘niqab’ (velo integral) o rezando en las calles (…), mientras en su país, donde son mayoría, oprimen a la minoría”, sentenció.
“Para mí, el Estado son las instituciones que protegen a los ciudadanos de todas las religiones. El Estado no puede tener religión —como ocurre en Marruecos— cuyo Constitución establece que el Islam es la religión del Estado”, concluyó Salama Ennaji en su declaración.
Salama Ennaji no es la única, hay un número indeterminado de marroquíes que han abandonado el islam y no cumplen con el ayuno, pero lo hacen a escondidas en sus hogares.
Existe un porcentaje indeterminado de marroquíes que no ayunan en ramadán. Jawad (nombre ficticio), por ejemplo, acumula en su casa alcohol suficiente para todo el mes.
Trabajadores de reparto de comida confirmaron a EFE que las entregas a hogares y oficinas continúan durante el ayuno.
Ahmed (nombre ficticio), repartidor de una empresa de comida, explicó a EFE que durante ramadán trabaja de noche para no cometer el “pecado” de llevar alimentos a marroquíes que no respetan el ayuno.
“No sé si el debate que he suscitado provocará cambios legislativos, pero lo cierto es que la mayoría musulmana reconoce nuestra existencia”, afirma Salama Ennaji.
Solidaridad en redes
Sin embargo, la activista añade que se sorprendió por el apoyo de miles de marroquíes que le manifestaron su solidaridad en redes sociales, y elogia la neutralidad del Estado, que respetó su derecho a apostatar del islam.
Incluso la renuncia al islam representa un desafío teológico en Marruecos. En 2012, el Consejo Superior de Ulemas, la institución religiosa oficial del país, declaró que la pena por apostasía según la ‘sharía’ (ley islámica) es la muerte, aunque el Código Penal marroquí no prevé castigo por renunciar a la religión.
Ante el debate generado por esa opinión, el ministro de Asuntos Islámicos, Ahmed Taoufik, precisó que la aplicación de las normas religiosas en Marruecos es competencia exclusiva del rey, “comendador de los creyentes”, es decir, máxima autoridad religiosa del país.
Además, subrayó que el texto en el que se basó la institución para justificar la pena de muerte al apóstata no cuenta con el consenso de los juristas islámicos.
