NUEVA YORK (HealthDay News).— Una sola sesión de ejercicio puede tener efectos inmediatos en el cerebro, y la ciencia comienza a explicar por qué. Investigadores han identificado que apenas 15 minutos de actividad aeróbica son suficientes para activar procesos clave relacionados con la salud cerebral, abriendo nuevas perspectivas sobre el impacto del movimiento en la mente.
El hallazgo, que será publicado en la revista “Brain Research”, revela que el ejercicio provoca una liberación significativa del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), proteína esencial para el desarrollo y mantenimiento de neuronas.
“Con solo una sesión de 15 minutos de ejercicio aeróbico se inunda el cerebro con BDNF”, destacan los investigadores, que también subrayan su papel en la regeneración celular.
La investigación fue encabezada por Flaminia Ronca, profesora asociada del University College London, quien explicó que “desde hace tiempo sabemos que el ejercicio es bueno para nuestro cerebro, pero los mecanismos a través de los cuales esto ocurre aún se están desenredando”.
Este avance permite comprender mejor cómo la actividad física influye directamente en la función cerebral. Uno de los puntos clave del estudio es que la condición física potencia estos beneficios.
“El hallazgo más emocionante de nuestro estudio es que, si nos ponemos en forma, nuestro cerebro se beneficia aún más de una sola sesión de ejercicio”, dijo.
Además, precisó que “esto puede cambiar en solo seis semanas”, evidenciando que las mejoras pueden alcanzarse en un período relativamente corto.
El experimento incluyó a 30 personas con baja condición física que participaron en un programa de 12 semanas con sesiones en bicicleta estática. Aunque los niveles basales de BDNF no cambiaron en reposo, los resultados mostraron que “los participantes experimentaron un aumento mayor en los niveles de BDNF tras un ejercicio intenso” al finalizar el programa, lo que se relacionó directamente con su mejoría aeróbica.
Finalmente, los investigadores observaron efectos positivos en la corteza prefrontal, área clave para la toma de decisiones y el autocontrol.
“Estos niveles más altos de BDNF también se asociaron con cambios positivos en la corteza prefrontal”, señalaron, y concluyeron que “aumentar la forma física puede potenciar la transcripción del BDNF”, lo que “podría influir en la modulación de la función neuronal durante tareas ejecutivas”.
