En una charla dedicada a la memoria y obra de Gabriel Ramírez Aznar, especialistas, académicos y promotores culturales reflexionaron sobre la trascendencia de quien fuera una figura central de la plástica y la cultura en México.
“Conversatorio Gabriel Ramírez Aznar: Un acercamiento con su obra (1938-2025)” contó con la participación del investigador Luis Ramírez, el gestor cultural Rafael Pérez y Pérez, el doctor Jorge Cortés Ancona y la académica Maricruz Castro Ricalde, quienes ofrecieron una visión integral del artista y su impacto en distintas disciplinas.
Luis Ramírez recordó que el pintor, fallecido el pasado 20 de octubre a los 87 años, fue un pilar de la Generación de la Ruptura. Tras dejar Mérida en 1957, consolidó su obra en Ciudad de México, donde se vinculó a movimientos de vanguardia que desafiaron los cánones del muralismo nacionalista.
Su paso por galerías de prestigio, como la Juan Martín y la Pecanins, marcó una etapa de reconocimiento nacional e internacional. En 1975 decidió regresar a su natal Mérida, en lo que muchos consideraron un retiro, pero que en realidad representó una etapa de madurez artística vinculada a la luz y el entorno local.
Los ponentes coincidieron en destacar tres vertientes en la vida del artista:
—Como pintor, fue definido como un neofigurativo gestual, con una obra caracterizada por el uso vibrante del color y composiciones que emergen desde el centro del lienzo, con influencias del Grupo COBRA y el Art Brut.
—Como historiador del cine, publicó 14 libros y fue pionero en el estudio del cine regional, vinculándose con intelectuales como Carlos Monsiváis y Salvador Elizondo dentro del grupo Nuevo Cine.
—Destacó como dibujante, con miles de obras (principalmente retratos a línea) que evidencian su precisión técnica y su mirada crítica.
“Gabriel no hacía nada que no le proporcionara placer; el disfrute fue la clave central de su búsqueda estética y vital”, señaló Ramírez.
Uno de los rasgos más destacados por los especialistas fue el carácter antisolemne de su obra. Tanto Rafael Pérez y Pérez como Jorge Cortés Ancona subrayaron el humor negro y la ironía como elementos constantes en su producción artística, con los que desmitificó figuras y discursos culturales.
“Para Gabriel, las artes visuales eran solo el dedo de una mano. No se puede pintar sin leer, sin ver cine o sin escuchar música”, recordaron, al destacar su visión integradora del conocimiento.
En su intervención, Pérez y Pérez detalló hitos clave en la trayectoria del artista, como su participación en la Bienal de París de 1972 —donde fue el único mexicano seleccionado— y su integración al Salón Independiente, espacio que agrupó propuestas alejadas de la Escuela Mexicana de Pintura.
Asimismo, resaltó su carácter excepcional dentro de La Ruptura, al ser uno de los pocos artistas figurativos del movimiento, junto a Alberto Gironella, con obras emblemáticas como sus “toritos”.
Por su parte, Jorge Cortés contextualizó su obra en el escenario global de la posguerra, en que el arte abstracto emergió como una postura política frente a los discursos figurativos de corte ideológico.
A su regreso a Mérida, encontró un entorno artístico limitado, pero su presencia impulsó nuevas generaciones de creadores y rompió con el costumbrismo predominante, promoviendo un lenguaje más universal.
“Fue un modelo de disciplina; un maestro en su obra y en su vida”, afirmó.
La doctora Maricruz Castro Ricalde profundizó en su labor como historiador del cine, destacando su libro “El cine yucateco” (1980), con el que descentralizó la historiografía nacional al posicionar a Yucatán como un polo relevante.
Asimismo, analizó su obra “Vacas flacas, gordas, sagradas” (2012), en que combinó retrato y crítica literaria para cuestionar los mitos culturales, incluyendo figuras como Mario Moreno.
“Gabriel Ramírez no solo dibujaba rostros; dibujaba discursos”, concluyó.
El evento cerró con un reconocimiento unánime a su disciplina inquebrantable, que lo mantuvo activo hasta sus últimos días, así como a su legado robusto en la historia del arte contemporáneo en México.
Su obra, coincidieron los participantes, no solo transformó la plástica yucateca, sino que dejó una lección permanente sobre la libertad creativa, la crítica y la integración de las artes.— Megamedia
Discursos
“Gabriel Ramírez no solo dibujaba rostros; dibujaba discursos”, declaró la doctora Maricruz Castro Ricalde.
Maestro de vida
“Fue un modelo de disciplina; un maestro en su obra y en su vida”, dijo Jorge Cortés Ancona.
Hasta el final
La disciplina inquebrantable la mantuvo hasta sus últimos días.
