BEF posa con su libro “El llanto del aire” al visitar el módulo del Diario
BEF posa con su libro “El llanto del aire” al visitar el módulo del Diario

En el mapa siempre en expansión de la literatura de imaginación, Bernardo Fernández vuelve a encontrarse con Mérida. El autor, conocido como BEF, está de visita en la ciudad para presentar “El llanto del aire”, novela que inaugura la trilogía de ciencia ficción que durante años habitó como un proyecto latente, casi como un planeta en formación dentro de su universo creativo.

Con mucha naturalidad, pues vuelve a un sitio que ya reconoce como ritual, habló de su vínculo con la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey), a la que ha asistido desde sus primeras ediciones.

Para él, esta feria se consolidó como un referente en el panorama literario nacional, pero también como una cita anual que articula comunidad, lectores y autores en un diálogo que ha crecido con el tiempo. “Es una gran fiesta que ha ido creciendo orgánicamente”, señaló, reconociendo su papel en posicionar a Mérida dentro del circuito del libro en México.

En ese contexto, el autor presentó anteanoche su libro en el salón Uxmal 4, en lo que fue un encuentro que, más allá de la promoción editorial, concibe como un espacio de intercambio.

La novela, explicó, surge de una ambición inicial, escribir una historia de gran aliento que terminó por fragmentarse en tres entregas. El resultado es una trilogía que explora la colonización de otros mundos desde una perspectiva geopolítica, en que las desigualdades actuales se proyectan al futuro, dibujando un cosmos donde incluso los planetas están repartidos según el poder económico de las naciones.

Lejos de los lugares comunes del género, el autor apuesta por una ciencia ficción atravesada por preocupaciones sociales, culturales y humanas. En su narrativa no hay batallas espaciales ni artificios espectaculares; hay, en cambio, reflexión sobre la tensión entre el modelo tecnológico dominante y las raíces culturales, una dicotomía que, según observa, se manifiesta con particular intensidad en territorios precisamente como Yucatán.

En la conversación, Bernardo Fernández evocó con humor sus orígenes, marcados tanto por la herencia familiar como por la construcción de su identidad creativa. Recordó que en su familia los nombres de los “Bernardos” han mutado; su abuelo, cronista deportivo, firmaba como “Macharnudo”; su padre fue el único en conservar el nombre Bernardo, y él terminó por adoptar el distintivo “BEF” en la adolescencia, cuando comenzó a firmar así sus caricaturas.

También recordó la raíz oaxaqueña, heredada de su abuelo zapoteco, misma que no permanece como un dato biográfico aislado, sino que se filtra en la arquitectura de su historia. BEF explicó que, al imaginar las comunidades que habitan su novela, pensó en cómo las identidades culturales viajan incluso en escenarios futuristas, como si fueran semillas resistentes al vacío.

Así, la presencia de personajes con herencias indígenas no responde a una intención folclórica, es más una reflexión sobre la tensión entre el modelo tecnológico dominante y las cosmovisiones originarias, donde la relación con la tierra —o con el planeta, en este caso— conserva un matiz casi espiritual.

De este modo, su ciencia ficción no solo proyecta futuros posibles, sino que arrastra consigo las memorias de territorios como Oaxaca, convirtiéndolas en parte esencial del conflicto y la esperanza que atraviesan la narración.

El autor destacó la presencia de la escritora Gará Castro, quien lo acompañó en la presentación de la obra. Fernández relató que, sin conocerla previamente, decidió buscar voces locales de ciencia ficción para propiciar un diálogo genuino con la comunidad literaria.

“Me gustaría que me acompañaras a presentar mi novela”, le escribió. La respuesta afirmativa, dijo, lo llenó de entusiasmo, pues considera fundamental romper con la dinámica centralista y abrir espacios donde autores de distintas latitudes se encuentren. “De otro modo se vuelve muy endogámico”, reflexionó.

Con “El llanto del aire”, Fernández regresa a su primer amor literario, la ciencia ficción, y confiesa que lo hace desde una madurez que reconoce indispensable. A sus 53 años, el autor asume que este proyecto representa un momento especial en su trayectoria, un “logro desbloqueado” que le permite situar al género fuera de nichos y dentro de la literatura en su sentido más amplio.

Así, entre la calidez de Mérida, la efervescencia de la Filey y su historia que mira hacia siglos futuros, BEF tiende un puente entre el presente y la imaginación, invitando a los lectores a asomarse a un universo en el que, incluso en medio de la adversidad, todavía es posible ensayar la esperanza.— DARINKA RUIZ

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