Como parte de las actividades de “Leer las humanidades” de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey), el arqueólogo y antropólogo Eduardo Matos Moctezuma dio ayer una charla sobre uno de sus trabajos más reconocidos: el del Templo Mayor de Tenochtitlán.
Para dar inicio a estas actividades estuvieron presentes el rector de la Universidad Autónoma de Yucatán, Carlos Estrada Pinto; la directora de la Facultad de Ciencias Antropológicas, Rocío Cortés Campos; la directora general de la Filey, María Teresa Mézquita Méndez, y el coordinador de la Red Mexicana de Universidades Lectoras, Raúl Lara Quevedo.
El maestro Eduardo Matos inició la actividad hablando de su experiencia en Mérida y afirmando lo ricos que son los panuchos y el buen trato recibido durante su visita.
Posteriormente expuso cómo fue su trayecto hasta llegar a la arqueología.
A finales de la década de 1950, un joven Eduardo Matos se encontraba al final de sus estudios de bachillerato y, a meses de graduarse, no tenía claro su futuro, hasta que un amigo le prestó el libro “Dioses, tumbas y sabios”, de C.W. Ceram.
En esa obra se aborda la arqueología desde la perspectiva de quienes exploraron Troya, Pompeya y el antiguo Egipto.
La forma en que el libro presenta los descubrimientos, a manera de aventuras, terminó por atrapar a Matos Moctezuma. Al comunicar a sus padres que había elegido la arqueología como profesión, ellos lo apoyaron, aunque con ciertas dudas, y le sugirieron tomar cursos de una disciplina adicional.
Esto lo hizo dudar a él, por lo que decidió acudir con el amigo que le prestó el libro y exponerle la situación. Su conocido le hizo un comentario que, hasta el día de hoy, Matos Moctezume repite a sus alumnos: “Puede que te mueras de hambre, pero haciendo lo que te gusta”.
Su destino quedó marcado gracias a la lectura.
Después, el arqueólogo orientó su charla en los descubrimientos que se han hecho en el Templo Mayor de Tenochtitlán, proyecto del cual fue fundador y director de 1978 a 1982.
Lo describió como multidisciplinario, al reunir a arqueólogos, restauradores, químicos, geólogos y botánicos, que han contribuido al esclarecimiento de numerosos enigmas del sitio.
Sin este trabajo conjunto habría sido difícil comprender no solo el edificio, sino también la cultura y costumbres mexicas, dijo.
Como ejemplo vinculado a la lectura, mencionó la publicación de “Los animales y el recinto sagrado de Tenochtitlán”, resultado de la colaboración entre varios especialistas. En ese libro se describen ofrendas de diversos animales, pues se han encontrado restos de erizos de mar, corales, peces, felinos, lobos, serpientes, tortugas y cocodrilos, cada uno con un significado distinto.
Esto también es un reflejo de cómo los mexicas lograron someter a otros pueblos, pues muchos de estos animales provenían de otras regiones del país, que llegaban a Tenochtitlán como ofrendas impuestas a pueblos subordinados, lo que en la Conquista jugó en su contra.
Parte de estas ofrendas se presentaban al construir nuevas estructuras sobre el Templo Mayor.
El recinto estaba dedicado a dos deidades fundamentales en la cultura mexica: Tláloc y Huitzilopochtli.
El primero era dios del agua, la lluvia, la fertilidad y la agricultura; el segundo, dios del sol y la guerra, ambos esenciales para la vida en Tenochtitlán.
El maestro Eduardo Matos citó también un ejemplo que demuestra la importancia de la guerra y la conquista para el antiguo pueblo originario: el relieve de tres metros de la Coyolxauhqui, representación de la Luna y que, de acuerdo con la mitología mexica, era la media hermana de Huitzilopochtli.
Ella intentó asesinar a la madre de ambos al enterarse de su embarazo, pero el dios de la guerra nació antes y, armado, la derrotó y dispersó a las estrellas.
Este relato justificaba el estilo de vida mexica ligado a la guerra, pues la presencia de una deidad de tal importancia reforzaba la idea de que su deber era conquistar otros pueblos.
Uno de los propósitos de la conferencia fue destacar la estrecha relación entre la lectura y la formación de investigadores como Matos Moctezuma, ya que, en su caso, un libro fue decisivo para encaminar su vocación y hacer posibles los logros que hoy lo distinguen como un profesional comprometido.— PABLO MAY PECH
De un vistazo
Vocación arqueológica
La lectura del libro “Dioses, tumbas y sabios” despertó en Eduardo Matos Moctezuma el interés por la arqueología, definiendo su vocación profesional desde su juventud.
Proyecto multidisciplinario
El estudio del Templo Mayor integró especialistas como arqueólogos, restauradores, químicos y biólogos, permitiendo interpretar hallazgos y comprender integralmente la cultura mexica y sus rituales.
Cosmovisión mexica
Las deidades Tláloc y Huitzilopochtli reflejan los valores esenciales del pueblo, como la agricultura y guerra.
