El arqueólogo Eduardo Puga Salazar con Josefina Rivas Acevedo, directora de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Marista, y Mariana Nagore Ancona, subdirectora de Patrimonio Cultural del Ayuntamiento
El arqueólogo Eduardo Puga Salazar con Josefina Rivas Acevedo, directora de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Marista, y Mariana Nagore Ancona, subdirectora de Patrimonio Cultural del Ayuntamiento

Durante mucho tiempo, la historia de la civilización maya se ha contado desde un ángulo en el que las mujeres aparecen poco o quedan en segundo plano. Tras desarrollar una investigación, el arqueólogo Eduardo Puga Salazar cuenta con evidencia arqueológica, epigráfica e iconográfica del papel de ellas jugaron en la vida de la sociedad prehispánica.

Sus resultados los dio a conocer ayer en la ponencia “Señoras del cielo y de la tierra. Texto, imagen y divinidad femenina en la civilización maya clásica”, como parte del XII Simposio sobre Patrimonio Cultural de Mérida, que realizó su segunda jornada en la Universidad Marista.

Al inicio, el investigador planteó la pregunta: ¿Qué tanto sabemos realmente sobre las mujeres mayas? Gran parte de lo que se conoce, dijo, proviene de fuentes coloniales, que ya traen consigo una carga de interpretación.

Como ejemplo de esta visión citó lo escrito por fray Diego de Landa en “Relación de las cosas de Yucatán”: “Las mujeres son cortas en sus razonamientos y no acostumbran a negociar por sí mismas”, lo que deja en evidencia cómo desde el siglo XVI se tenía una visión limitada del papel femenino.

Sin embargo, advirtió, estas descripciones no reflejan necesariamente la realidad de la sociedad maya originaria, sino a la transformada por la Conquista.

Frente a estas distorsiones, propuso entender la historia como un “efecto botella”. “Tenemos un pasado prehispánico multicultural que se ve afectado por un acontecimiento catastrófico”, en referencia a la Conquista, que dejó pasar solo fragmentos de ese conocimiento hasta el presente.

Es ahí donde la arqueología, la epigrafía y la iconografía permiten reconstruir una visión más completa. A través de textos jeroglíficos, es posible identificar a las mujeres, no como figuras secundarias, sino como personas con papeles definidos en la estructura social y política. “Las mujeres poseen títulos nobiliarios, no son simplemente acompañantes del rey”, subrayó.

Entre estos títulos aparecen los de gobernantes, intermediarias rituales y portadoras de poder simbólico. “Sabemos que en la historia hubo grandes personajes femeninos que llevaron el control de las ciudades”.

Puga Salazar también destacó el papel de las mujeres como enlace entre lo humano y lo divino. “Ellas hablan e interpretan lo que dicen los dioses en sus ritos”.

La maternidad, añadió, no solo era una función biológica, sino una categoría con peso simbólico profundo. En lo ritual, la participación femenina también fue fundamental, ya que las mujeres no solo acompañaban ceremonias, sino que eran piezas clave en procesos como la invocación de deidades. “Ellas se transforman en las voceras de los dioses”.

La iconografía refuerza esta lectura, pues mediante vestimentas, posturas y objetos es posible identificar funciones específicas. Desde atuendos cotidianos hasta indumentarias ceremoniales como el hipil, cada elemento aporta pistas sobre su estatus y participación social.

Incluso prácticas que hoy pueden parecer extremas, como los rituales de autosacrificio, formaban parte de una lógica distinta. “Es la forma como ellos entendían su mundo”, apuntó.— Karla Cecilia Acosta Castillo

Las mujeres en la sociedad maya Conferencia

A la distorsión del papel de las mujeres en la sociedad maya se suma una visión romántica sobre ese pueblo originario.

Interpretaciones

El arqueólogo Eduardo Puga Salazar explicó que, a raíz del redescubrimiento de la cultura maya en el siglo XIX, se construyeron interpretaciones que, aunque atractivas, no siempre eran precisas. Un ejemplo es la idea de sacrificios femeninos en el Cenote Sagrado de Chichén Itzá.

Sacrificios

“Edward Herbert Thompson se inventa la idea de que en este cenote se sacrificaban mujeres”, indicó el investigador.

Idea persistente

Añadió que esa narrativa se mantuvo durante décadas y aún persiste en el imaginario colectivo.

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