WASHINGTON (AP).— La prohibición de teléfonos celulares en las escuelas sí reduce las distracciones en las aulas, pero sus efectos sobre el desempeño académico y el comportamiento estudiantil todavía son limitados, de acuerdo con el mayor estudio realizado hasta ahora sobre estas medidas.
La investigación fue desarrollada por especialistas de las universidades de Stanford, Duke, Michigan y Pensilvania, quienes analizaron datos de aproximadamente 4,600 escuelas de Estados Unidos. Los resultados fueron publicado por la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER).
Para el análisis se utilizaron registros de Yondr, empresa que fabrica fundas con cierre en que los estudiantes guardan sus teléfonos durante la jornada escolar. Los investigadores destacaron que este método permitió evaluar restricciones reales y no solo reglas de “no mostrar” celulares.
Thomas Dee, economista de Stanford y codirector del estudio, explicó que las políticas tradicionales suelen aplicarse de manera irregular. “Queríamos aprovechar los datos de Yondr porque nos dan mucha más confianza de que el uso de teléfonos dentro de la escuela realmente está siendo restringido”.
Uno de los hallazgos principales fue que las prohibiciones sí disminuyen considerablemente el uso de teléfonos en clase.
Antes de la medida, el 61% de los estudiantes admitía utilizar celulares por motivos personales durante las lecciones; después, la cifra cayó al 13%.
Además, los registros de GPS mostraron una “gran y persistente caída” en la actividad de dispositivos dentro de los campus escolares. Según los investigadores, las escuelas reportaron una reducción cercana al 30% en los “pings” de teléfonos durante el horario escolar.
Efectos negativos
Sin embargo, el estudio también detectó efectos negativos durante el primer año de implementación. Las tasas de reprobación escolar aumentaron alrededor de 16%, tanto dentro como fuera de los planteles, debido a una aplicación más estricta de las normas. Los especialistas señalaron que algunos estudiantes respondieron a las restricciones con otras conductas disruptivas.
Aun así, las exigencias disciplinarias disminuyeron con el tiempo y para el tercer año las cifras regresaron a sus niveles previos.
El bienestar subjetivo de los alumnos también mostró una caída inicial. No obstante, los investigadores observaron una recuperación posterior y señalaron que para el segundo año el bienestar estudiantil volvió a ser positivo.
En materia académica, los resultados fueron modestos. Las puntuaciones en pruebas estandarizadas se mantuvieron “sistemáticamente cercanas a cero” durante los primeros tres años después de la adopción de las prohibiciones a celulares.
La investigación tampoco encontró cambios importantes en asistencia escolar, atención en clase ni percepción de acoso. Los efectos en estos indicadores fueron descritos por los especialistas como “cercanos a cero”.
A pesar de ello, Dee consideró que las restricciones podrían generar beneficios a largo plazo.
“Creo firmemente que reducir el uso del teléfono por parte de los estudiantes, recuperar su atención en las aulas dentro de las escuelas, es un antecedente fundamental para que puedan alcanzar su potencial académico”.
Asimismo, recomendó que se mantengan estas políticas durante varios años antes de que se evalúen definitivamente sus resultados.
