Creyentes meridanos y visitantes conmemoraron ayer la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi) en una misa presidida por el arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez Vega, en la Santa Iglesia Catedral de Mérida.
Numerosos fieles participaron en la Eucaristía para celebrar a Jesucristo, el pan vivo bajado del cielo, en esta festividad universal de la Iglesia católica.
Durante su homilía, el arzobispo recordó que, tras concluir el tiempo de Pascua y celebrar las festividades de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote y de la Santísima Trinidad, la Iglesia dedica esta jornada al Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Explicó que Cristo, al ofrecerse en la cruz, realizó el único sacrificio capaz de salvar a la humanidad de sus pecados.
Monseñor Rodríguez Vega señaló que en la antigüedad numerosos pueblos ofrecían sacrificios de animales e incluso humanos como expresión de su búsqueda de Dios. Sin embargo, afirmó que con Jesucristo esos sacrificios quedaron superados.
Recordó que Juan el Bautista lo presentó como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” y destacó que ya no son necesarios más sacrificios porque Jesús se entregó definitivamente por la humanidad.
Añadió que los creyentes están llamados a ofrecer su propia vida a Dios.
Antes de entregarse en la Cruz, dijo, Jesús quiso entregarse también en la Última Cena, al ofrecer el pan y el vino como su cuerpo y su sangre.
El prelado recordó que la Eucaristía fue anunciada desde el Antiguo Testamento. Citó el encuentro de Abraham con el sacerdote Melquisedec, quien ofreció pan y vino, así como el maná que alimentó al pueblo de Israel durante su travesía por el desierto.
También señaló que Jesús anunció que daría a comer su cuerpo y a beber su sangre, enseñanza que provocó el alejamiento de muchos de sus seguidores.
Sin embargo, subrayó que Cristo mantuvo su mensaje y lo presentó como una prueba de fe para quienes permanecieron junto a él.
Rodríguez Vega destacó que la Iglesia ha celebrado la Eucaristía de manera ininterrumpida durante más de dos mil años, siguiendo el mandato de Jesús: “Hagan esto en memoria mía”.
Asimismo, invitó a los fieles a profundizar en la doctrina eucarística y a reconocer en ella la presencia real de Cristo.
Finalmente, exhortó a los asistentes a agradecer este don mediante una participación consciente en la comunión y mediante la adoración eucarística. La misa fue concelebrada por los presbíteros Juan Pablo Moo Garrido y Alberto Ávila Cervera, así como por el diácono Fernando Bermejo.
Al concluir la celebración se realizó una procesión con el Santísimo Sacramento por calles del Centro Histórico.
El recorrido incluyó cuatro altares instalados sobre las calles 60 y 62, entre las calles 61 y 63, decorados con elementos alusivos al Cuerpo y la Sangre de Cristo. El arzobispo acercó el Santísimo a cada uno de ellos para impartir la bendición. Cristian Uc Cabrera, ministro extraordinario de la Sagrada Comunión, trasladó el Santísimo durante la procesión. Se informó que la custodia utilizada para portar la hostia consagrada es una pieza de gran antigüedad y que los participantes en la celebración, al cumplir los requisitos establecidos por la Iglesia, obtuvieron indulgencia plenaria. Claudia Sierra Median
De un vistazo
Corpus Christi
Fieles de Mérida y visitantes participaron en la celebración dedicada al Cuerpo y la Sangre de Cristo, una de las festividades más importantes.
Mensaje central
El arzobispo recordó que Jesucristo ofreció el sacrificio definitivo por la humanidad y exhortó a los creyentes a vivir con fe y humildad.
Presencia real
Durante la homilía, monseñor Gustavo Rodríguez Vega destacó la importancia de la Eucaristía como presencia de Cristo y como una práctica mantenida por siglos.
Procesión solemne
Tras la misa, los asistentes acompañaron al Santísimo Sacramento por calles del Centro Histórico, donde recibieron bendiciones en varios altares instalados.





