La geología, y en particular la estratigrafía, fue empleada por científicos y artistas como herramientas epistemológicas y políticas durante la segunda mitad del siglo XIX en México, recordó el doctor Jorge Quintana Navarrete, profesor asociado de Español en el Dartmouth College, en Hanover, New Hampshire, Estados Unidos.
El académico señaló que el primer mapa geológico de México, liderado por el ingeniero de minas Antonio del Castillo, fue presentado en París en 1889 como una muestra del avance científico y material del régimen de Porfirio Díaz.
Del Castillo fue una figura fundamental en la institucionalización de la geología en el país, tanto por su labor docente en la Escuela Nacional de Ingenieros como por su participación en la fundación de instituciones, entre ellas el Instituto Geológico de México, durante el siglo XIX.
Asimismo, supervisó la elaboración del primer mapa geológico nacional, conocido como “Bosquejo de una carta geológica de la República Mexicana”, creado expresamente para ser exhibido en la Exposición Universal de París de 1889.
Jorge Quintana Navarrete presentó anteayer la conferencia “Geología, visualidad y raza en el México decimonónico”, en la primera sesión del nuevo seminario “Territorios kársticos. Diálogos interdisciplinarios”, desarrollado por el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (Cephcis) de la Universidad Nacional Autónoma de México.
El expositor, quien cuenta con formación en estudios literarios y culturales, participó con una transmisión a distancia en la que abordó la relación entre geología, arte y política en el México del siglo XIX, particularmente durante el Porfiriato.
Fue en ese período cuando comenzó la institucionalización de la geología en México con la creación de asociaciones y organismos gubernamentales orientados a la investigación geológica y a la realización de estudios especializados en el territorio nacional.
También analizó cómo los científicos y artistas mexicanos emplearon los nuevos conceptos y enfoques de la geología para conceptualizar y relacionarse tanto con el planeta como con las comunidades indígenas.
Explicó que una de las premisas fundamentales de la geología moderna desarrollada en el siglo XIX fue la estratigrafía, entendida como el estudio de las capas rocosas y su relación con el tiempo geológico.
etalló que estos modelos estratigráficos fueron utilizados para optimizar la extracción de recursos minerales, ya que permitían realizar inferencias sobre la existencia y magnitud de depósitos minerales en un territorio con una larga historia de explotación minera desde la época colonial.
Al mismo tiempo, añadió, el desarrollo de la estratigrafía y de los mapas geológicos contribuyó a la construcción de narrativas nacionales.
Estas narrativas incorporaban nociones de progreso y modernidad para presentar a las naciones modernas como la culminación de la historia geológica del planeta, en contraste con el supuesto atraso y primitivismo que eran atribuidos a las comunidades indígenas.
Durante su exposición presentó dos ejemplos de cómo la geología, especialmente la estratigrafía, fue utilizada por científicos y artistas como herramienta epistemológica y política en la segunda mitad del siglo XIX.
Indicó que Del Castillo concebía el conocimiento geológico no solo como un instrumento esencial para el desarrollo capitalista, sino también como una facultad exclusiva de las sociedades consideradas civilizadas y modernas. Según esa visión, las comunidades indígenas ocupaban un papel subordinado.
El investigador también analizó la obra del paisajista José María Velasco, artista visual con sólida formación científica que llegó a convertirse en el pintor de paisajes más reconocido de su época.
Señaló que, en consonancia con el proyecto de Del Castillo, los paisajes del Valle de México elaborados por Velasco ilustran una concepción estratigráfica del territorio nacional, estableciendo una estrecha relación entre los estratos geológicos y los estratos sociales.
Afirmó que estas obras vinculan de manera directa épocas geológicas antiguas con períodos específicos de la historia nacional desde una perspectiva racial, proponiendo una narrativa que parte de los estratos indígenas más antiguos y culmina en la ciudad moderna.
Los paisajes de Velasco llegaron a convertirse en sinónimo de una concepción del nacionalismo mexicano firmemente arraigada en realidades geológicas y botánicas.
Añadió que, como jefe de la sección artística de la delegación mexicana en la Exposición Universal de París de 1889, Velasco presentó sus célebres paisajes en sintonía con el primer mapa geológico nacional, que también formó parte de dicha muestra internacional.
Presencia minimizada
El doctor Jorge Quintana indicó que la geología de aquella época era una actividad reservada prácticamente a los hombres y presentada como una serie de proezas científicas que invisibilizaban el despojo de tierras y minimizaban el papel de los pueblos indígenas, a pesar de sus conocimientos ancestrales.
Expuso que los indígenas eran limitados a funciones de apoyo físico, provisión de suministros o como sujetos de estudios demográficos.
Los exploradores científicos rara vez reconocieron sus aportaciones y que estas apenas fueron mencionadas en los registros históricos.
Recordó el caso del geólogo alemán Karl Sapper, quien recorrió la península de Yucatán para cartografiar la región y elaborar mapas geológicos que complementaran el mapa nacional realizado por Del Castillo en 1889.
Durante la conferencia mostró una imagen de Sapper acompañado por habitantes mayas.
Explicó que el científico estuvo acompañado al menos por seis guías mayas, quienes no solo lo condujeron por los senderos, sino que también le brindaron atención médica cuando enfermó.
El trabajo físico, así como los conocimientos geográficos, médicos y espirituales aportados por los guías fueron fundamentales para la supervivencia y los logros científicos del geólogo alemán. Sin embargo, sus contribuciones fueron minimizadas o ignoradas en los relatos de Sapper y en diversos textos historiográficos.
La presentación del seminario estuvo a cargo del doctor Rodrigo Llanes Salazar, uno de los coordinadores de este programa académico.
Indicó que en este esfuerzo participan especialistas de diversas disciplinas, entre ellas antropología, derecho, historia, análisis literario y geociencias.
Asimismo, señaló que la interdisciplinariedad representa un reto para las humanidades y las ciencias sociales, no solo al interior de estas áreas, sino también en su relación con disciplinas como la geografía, la geología y la biología, que se han aproximado al estudio de fenómenos geológicos.
Uno de los puntos de partida del proyecto son las discusiones generadas en torno al llamado antropoceno y sus distintas derivaciones.
Finalmente, destacó la importancia del acercamiento entre las humanidades, las ciencias sociales y las geociencias, como parte de los objetivos que dieron origen a este nuevo programa académico.— CLAUDIA SIERRA MEDINA
De un vistazo
La iniciativa
El seminario “Territorios kársticos. Diálogos interdisciplinarios” surge en el marco del proyecto de investigación financiado por la Secretaría de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación titulado “Representaciones de los territorios kársticos”, concebido como un estudio interdisciplinario orientado a su protección, dijo el coordinador Rodrigo Llanes Salazar.
