Rafael Ramos Vázquez

En el tour de Liverpool, el guía hace una parada en un lugar histórico musicalmente hablando; es un edificio victoriano estilo gótico, de belleza majestuosa, ubicado en la calle Beaconsfield, suburbio de Woolton, el cual fue comprado por el Ejército de Salvación, instalando la organización un orfanato.

Era un lugar donde John Lennon iba con su tía Mimi a las fiestas en verano y también un sitio en el cual el Beatle iba con sus amigos a jugar en los jardines.

El inmueble Strawberry Field, así se llama, en singular, conserva su emblemático portón rojo original; estaba a poca distancia de la casa de Lennon. Mientras “Penny Lane” es una canción alegre y positiva, escrita por McCartney, la melodía “Strawberry Fields Forever” escrita por John es una mezcla de melancolía e introspección; no es romántica, sino un viaje al interior que usa la música para expresarlo.

Al ir al inmueble que le sirve de inspiración, sentía que entraba a otro mundo, uno más cercano; ya siendo adulto, al componer la melodía pudo evocar esos momentos de felicidad de su pasada niñez.

La letra dice: “Estoy yendo a los Campos de Fresa donde nada es real”. La composición no se trata de un sitio sino de su estado mental y emocional, que al recordarlo refleja nostalgia y confusión y trata de buscar su identidad mirando retrospectivamente su infancia y refleja su deseo de encontrar la paz interior. Cuando en la letra dice “vivir es fácil con los ojos cerrados” el autor desea comunicar la dificultad de distinguir entre lo auténtico y la ilusión, o sea, es más fácil ignorar la realidad y evitar el dolor.

En la frase “malinterpretando todo lo que ves” dice que, aunque uno tenga abiertos los ojos, ver no significa entender. Y la línea más famosa de la canción: “Nada es real”, para el autor la realidad es frágil, subjetiva y cambiante. “Campos de fresa para siempre” es una balada profunda, una reflexión poética que refleja el pensamiento del compositor.

La melodía fue grabada en los estudios Abbey Road entre noviembre y diciembre del año 1966, su proceso fue complejo y experimental, finalmente fue lanzado como disco sencillo junto con “Penny Lane”. Su grabación fue fascinante, se imprimieron dos versiones y a John le gustaban ambas, así que George Martin, el productor, hizo un trabajo impecable y el resultado fue una maravillosa canción.

Lector, cuando puedas, escucha detenidamente esa bella melodía, quedarás fascinado.

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