Sentir el cuerpo hinchado, adolorido y falto de energía; tener rosácea en el rostro y producir gases hediondos no son condenas de por vida. La nutrióloga Andrea Aldana tiene una propuesta para revertir estas condiciones: “Sanar desde adentro” utilizando los alimentos como medicina. Esto es, hackear la microbiota.
Las colonias de bacterias, hongos y virus que habitan en nuestro intestino juegan un papel decisivo en la digestión, la regulación del sistema inmune y la inflamación del cuerpo, así que garantizar el equilibro de esa población de microorganismos es determinante para nuestro bienestar. Y eso se consigue dándoles de comer lo que necesitan.
En el libro “Hackea tu microbiota” (Aguilar, 2026), Andrea Aldana ofrece “una guía que busca darte la ciencia digeridita y en la boca, con los conocimientos básicos que necesitas para (…) recuperar tu salud desde adentro”, escribe.
La información se agrupa en siete lecciones, cada una con un aspecto clave de la salud intestinal, y se añaden ejemplos de protocolos para problemas específicos, como gases e histamina alta, y recetas para “nutrir tus bacterias buenas”.
Así, en sus páginas se lee que “comer variado es la clave para tener una microbiota más fuerte” pues cada alimento contiene alguna vitamina en mayor concentración; que “los gramos de proteína no son lo único importante en la nutrición” ya que, por más saludables que sean, si solo se consumen los de un tipo le faltarán nutrientes al cuerpo, y que en nutrición “se baja de peso al sumar, agregar y variar; no al restar, limitar, restringir y condicionar”, de ahí que antes de prohibir un desayuno de, digamos, unos huevos con tortilla de maíz proponga “hacer algunos cambios muy inteligentes”.
La autora insiste a lo largo del libro en la importancia de consumir fibra —su falta es “una verdadera crisis existencial”, asegura—, pero también que la manzana no se tome como su única fuente, sino incorporar a la dieta también frambuesas, lentejas, frijoles, guayaba, zarzamora, kiwi, avena cruda y peras, entre otros alimentos que contribuyen a hacer funcionar bien la microbiota.
Y para facilitar su consumo sugiere prepararse smoothies, como el que combina frambuesas, dátiles, leche de soya, mango y chía, alto en fibra y minerales.
Mitos
La idea de escribir “Hackea tu microbiota” le vino del interés en erradicar mitos sobre las dietas en la cultura mexicana. El término hackear lo usa en el sentido de reprogramación: “Vamos a entrar por fuera para reconfigurarla”, explica Aldana en una charla con el Diario.
“Va a cambiar el sistema de las bacterias que viven en tu microbiota y vas a tener una piel más saludable, más energía; tus hormonas se van a regularizar e incluso tus gases”, asegura.
El libro está escrito con un lenguaje cotidiano y por momentos se lee como los mensajes de texto que se envían por WhatsApp, incluyendo las risas (“jajaja”). “Leer debe ser divertido, como ver una película; el aprendizaje no es sinónimo de aburrimiento”, de ahí que pensara en “escribir este libro como si estuviéramos platicando con una amiga” y recurrir al humor mexicano.
“Aprender algo científico, con tecnicismos, y transformarlo al lenguaje coloquial también es un arte”, considera.
Habrá quien piense que no se necesita recordarle a la gente que debe comer saludablemente, pero las enfermedades relacionadas con una mala alimentación siguen sumando casos. Aldana atribuye esto “al contexto mexicano, porque lo que te rodea influye mucho; si en la oficina desde la mañana hay taquitos de canasta, refrescos… Todo el tiempo estamos bombardeados de opciones no saludables porque es parte de la cultura del trabajo, de la calle”.
“A veces te sientes extraño cuando estás comiendo saludable en un ambiente donde nadie lo está haciendo, pero si tienes la fortaleza y la valentía de saber por qué lo estás haciendo vas a seguir. Es cuestión de que te cambies ese chip”, subraya.
Pone de comparación el contexto en España, donde “la comida saludable no se etiqueta como comida saludable, solo es comida”. De hecho, en el libro comparte experiencias en el país europeo que sirven de ejemplo de buenos hábitos. “En México, la mayoría de las personas no sabe que existen pescados azules y pescados blancos; pero en España todos saben que un pescado azul es el que tiene grasa y el blanco no, porque en el súper están separados”.
Otra vivencia en Europa fue ver a niños que por la mañana “se comen un pan tostado con tomate crudo y aceite de oliva encima, y sandía”. Si en México, añade, se enseña a las infancias a comer tacos desde la mañana “cuando les quieras dar un tomate con verduras o aceite o una fruta va decir que eso es de dieta”.
Visión aislada
No solamente las costumbres de alimentación son cuestionadas por Andrea Aldana, sino también la visión de los profesionales de la salud que abordan los problemas de manera aislada. “Vamos a suponer que te duele la garganta: puede ser por reflujo, pero (el otorrinolaringólogo) no te pregunta: ¿Estás cenando mucha fritura?”.
“Ningún órgano es independiente del otro”, indica. “La tecnología avanza, pero (a los médicos) se les está olvidando ir al origen, a la alimentación. Hay que empezar desde lo básico y de ahí irnos a lo específico”.
A los yucatecos que creen que hackear su microbiota significa renunciar a la gastronomía local, Aldana les tiene buenas noticias. “Yo diría que siguiéramos aprovechando la cochinita pibil y todo lo que contiene: naranja agria, achiote, cerdo, cebolla morada; todo eso es parte también de la microbiota”.
Sin embargo, advierte sobre el consumo de platillos yucatecos que se preparan con aceite que se reutiliza muchas veces. “Ese aceite quemado ya no lo metaboliza igual el cuerpo porque ha cambiado su composición química; es cuando empiezan a aumentar los triglicéridos y el colesterol”.
“A veces el problema ni siquiera es la carne de cerdo; es que está frita en aceite quemado”, indica.
Y finaliza con una sugerencia para acompañar los tacos o francés de cochinita: “Siempre agreguen una fruta o una verdura fresca. Con eso pueden disfrutar agregando, en vez de quitar”.— Valentina Boeta Madera
De un vistazo
Team Smoothie
En el libro “Hackea tu microbiota” queda claro que la nutrióloga Andrea Aldana es una entusiasta de los smoothies, que le gustan por prácticos. “En un smoothie puedes aventarte dos frutas, una verdura, almendras, leche, avena y en un solo vaso ya tiene hasta un 35 o 40% de la fibra del día”.
Al congelador
“En esta vida acelerada no tenemos tiempo de cortar la verdura y la fruta. Yo digo: compra fruta congelada, échalo todo en un vaso y en el camino te lo tomas”.


