La desaparición de los edificios de estilo Art Déco y neomaya que funcionaron como cines representa una importante pérdida arquitectónica, patrimonial y ambiental para Mérida. Sin embargo, todavía quedan espacios que funcionaron como salas de proyecciones que conservan su diseño original y de los cuales hay que procurar su preservación.
Dos ejemplos son el Cantarell y el Alcázar —del que sólo queda la fachada—, así como el Teatro Armando Manzanero, el más conservado de todos.
La arquitecta Ileana Beatriz Lara Navarrete, cronista de la ciudad, señala que las salas Art Déco surgieron como parte de un movimiento internacional caracterizado por formas novedosas.
“Antes hubo el (estilo) colonial, luego formas neoclásicas, que se aplicaron en la época del porfirismo, y después, con la Revolución, se tuvo un estilo nacionalista, pues no se quería nada de Europa. Junto con esto llegaron nuevas formas que internacionalmente se estaban utilizando”, recuerda.
La Feria de Arte Decorativo que se realizó en París en 1925 dio origen al Art Déco. En ella se impulsaron formas geométricas, limpias y puras, que se fueron difundiendo en México a través de publicaciones.
Los arquitectos yucatecos Carlos Castillo Montes de Oca y Manuel Amábilis Domínguez —el primero estudió en Nueva York en 1915 y el segundo, en París en 1912— trajeron consigo el estilo de arquitectura que se estaba desarrollando en ese momento en el mundo.
“Los dos arrancan de diferentes maneras, pero terminan haciendo arquitectura clasificada como Art Déco”, dice Lara Navarrete.
Carlos Castillo hizo dos edificios emblemáticos en ese sentido. Uno es el Nacional, frente al Parque Hidalgo, que “tiene un ángulo y una perspectiva increíble” y en el que comienzan a observarse elementos del Art Déco en el uso de los materiales, como el granito.
Las formas y proporciones de las ventanas y puertas son diferentes de las que predominaban en el porfiriato, que eran más alargadas. Se incorporan bandas y relieves, elementos que igualmente se observan en el Edificio Chami, en la calle 58 con 61, que él también diseñó.
Amábilis, por su parte, es reconocido por el Parque de las Américas, que, aunque está catalogado como neomaya, tiene formas y elementos decorativos del Art Déco, por lo que considera que hizo una mixtura.
Lara Navarrete añade que el italiano Gaetano Maglioni, de quien no se conoce mucho, hizo dos obras muy importantes en la ciudad: el Cine Mérida, hoy Teatro Armando Manzanero, y el Maya, en la colonia Alemán. El neomaya fue un estilo muy decorativo y su tipo de puertas y ventanas tenía proporciones del Art Déco, además de que el uso de los relieves es característico del estilo europeo.
El Cine Mérida, inaugurado en 1949, adopta los elementos del Art Déco, incluso sus materiales, como el vitroblock de la fachada. El Cantarell fue claramente edificado en estilo Art Déco.
La cronista destaca la generalización de esta corriente arquitectónica en Mérida, de la que se pueden ver más ejemplos en el Centro Histórico y en casas del Reparto Dolores Patrón, colindante con la García Ginerés.
“La gente empezó a usar los bordes resaltados en puertas, las bandas de la parte de abajo, los remates con el mismo resalte que en puertas y ventanas… El Centro Histórico está cundido de este tipo de casas”.
Con la construcción de grandes cines con estética Art Déco las formas comenzaron a copiarse porque la gente las observaba, consideraba que eran de buen gusto y bonitas, y entonces decidía reproducirlas.
“Estados Unidos abrazó esta corriente y tiene edificios espectaculares, como el Chrysler y el Empire State, grandes edificaciones de la cultura estadounidense”.
En ese sentido, asegura que Carlos Castillo Montes de Oca tuvo cierta intención de replicar esos edificios estadounidenses en el diseño del Nacional.
En relación con el Alcázar, en el parque de La Mejorada, dice que fue remozado y dotado con elementos Art Déco, aunque en su interior era una sala muy sencilla, con bancas de madera.
Explica que en arquitectura se considera el reúso de edificios como la medida más sostenible, tal como ocurrió con el Teatro Armando Manzanero, que estuvo mucho tiempo cerrado y luego fue adaptado como foro escénico. “Si no se le puede dar el mismo uso (que tenía antes), que se le dé otro, pero que no lo tiren. Siempre es lamentable cuando obras de alta calidad se pierden o no se aprecian”, lamenta.
Subraya que difundir la valía de esos edificios ayuda a su preservación, porque así se logra que la gente les tome cariño y se interese en protegerlos. “Hemos perdido mucho patrimonio por desconocimiento e ignorancia, y hace rato que esto debió detenerse”, manifiesta.
Invita a las personas a fijarse en las formas de los edificios aquí citados y apreciar la gran cantidad de arquitectura valiosa que existe en el Centro Histórico y el Paseo Montejo, incluso en calles laterales, donde hay muchas construcciones de la época del auge del Art Déco.






