“La Mestiza” estrena rostro y ropaje. Sobre el albo hipil, un colorido calado con punto de hilo de cruz remata el cuello, mientras, a sus pies, una glorieta renovada convierte a la escultura en el inesperado centro de atención de quienes transitan por las avenidas 51 y 50 del fraccionamiento Francisco de Montejo, al norponiente de Mérida.
La rotonda ha cambiado también. Ahora luce mosaicos que evocan los bordados del traje regional yucateco y resguarda un pequeño jardín de flores, acompañado por la danza incesante de una fuente cuya agua parece empeñada en aliviar, aunque sea por solamente un instante, el bochorno de las jornadas meridanas.



La escultura es conocida popularmente por la comunidad como “La Mestiza”, aunque su nombre original es “Mujer con ave”. La obra pertenece al escultor Reynaldo Bolio Suárez, conocido como “Paccelli”, quien la creó durante la década de 1990, cuando Francisco de Montejo comenzaba a extenderse como una de las nuevas zonas habitacionales de Mérida.
De acuerdo con información publicada en su momento por Diario de Yucatán, Bolio Suárez modeló la pieza a petición del arquitecto Fernando Palma Burgos, reconocido pintor y promotor de diversas intervenciones urbanas, fallecido en julio de 2020. Palma Burgos también estuvo detrás de la glorieta conocida como “Los Cantaritos”, situada en el acceso original a Francisco de Montejo, en el cruce de la avenida 61 y la calle 42.
Reflejo de la identidad
“La Mestiza” mide tres metros de altura. Su superficie, recubierta con polvo de mármol blanco, representa a una mujer que emerge del agua mientras sostiene una paloma en una mano. La imagen, de apariencia serena, parece condensar en piedra y mármol una parte de la identidad yucateca: la mujer ataviada con el traje tradicional, el agua como promesa de frescura y el ave como símbolo de libertad.
Reynaldo Bolio, nacido en Mérida el 6 de enero de 1959, estudió Artes Plásticas en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, del Instituto Nacional de Bellas Artes. A lo largo de su trayectoria ha dejado huella en distintos rincones de Yucatán mediante esculturas que forman parte ya del paisaje cotidiano.
Entre sus obras se encuentran las efigies del papa Juan Pablo II instaladas en el atrio del convento de San Antonio de Padua, en Izamal; las de los conquistadores españoles Francisco de Montejo “El Adelantado” y su hijo, Francisco de Montejo “El Mozo”, considerados fundadores de Mérida, en el “remate” de Paseo de Montejo, y el Monumento Arca del Bicentenario.
También son suyas diversas obras dedicadas a personajes de la cultura yucateca, como el busto de Felipe Carrillo Puerto colocado en la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady); el de Sergio Esquivel, en el parque de Santa Lucía, y el de Armando Manzanero, en el teatro que lleva el nombre del compositor.
Retoma protagonismo
Ahora, varias décadas después de su creación, “La Mestiza” vuelve a llamar la atención. No porque haya dejado de pertenecer al entorno urbano de Francisco de Montejo, sino precisamente porque el paisaje ha decidido devolverle protagonismo. El nuevo tratamiento de la glorieta, los mosaicos, las flores y el movimiento del agua han convertido el espacio en una pequeña escena comunitaria donde confluyen memoria, identidad y vida cotidiana.
El remozamiento y la adaptación de la fuente de la glorieta de “La Mestiza” forma parte de la estrategia Mérida Enchula, impulsada por la alcaldesa, Cecilia Patrón Laviada, para el rescate y mejoramiento de espacios públicos de la ciudad.
Y así, entre el Sol que cae a plomo, el agua que rompe el silencio y los colores que recuerdan los bordados de un hipil, “La Mestiza” vuelve a mirar a los habitantes de Francisco de Montejo. Permanece allí, inmóvil y, al mismo tiempo, renovada, como esas figuras que el tiempo no consigue borrar, sino que terminan transformándose en parte de la historia de una ciudad.— Carlos F. Cámara Gutiérrez
