Imagen con fines ilustrativos generada con IA
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Como doctora he sido testigo de la fragilidad de nuestra existencia; pero también he tenido el privilegio de presenciar el milagro más grande donde la medicina y el espíritu humano se dan la mano en un abrazo eterno: la donación de órganos y tejidos. No existe poesía más hermosa que la fisiología humana negándose a poner un punto final.

Cuando el cerebro pierde su flujo sanguíneo de forma irreversible, la ciencia nos indica que la vida de esa persona, su conciencia, sus recuerdos y su capacidad de existir por sí misma, se ha detenido.

Es el momento de mayor oscuridad para una familia, el instante en que el mundo parece venirse abajo. Sin embargo, es justo en ese umbral de profundo dolor donde se abre la puerta a la luz.

Imaginen que nuestro cuerpo es un pequeño universo. Cuando nuestra propia estrella se apaga, no tiene por qué llevarse consigo su luz. Científicamente hablando, el cuerpo humano tiene la maravillosa capacidad de salvar hasta 8 vidas a través de órganos, y mejorar la realidad de más de 70 personas mediante los tejidos.

Es biología pura convertida en esperanza: córneas que devuelven los amaneceres, pulmones que regalan nuevos suspiros y corazones que vuelven a latir al ritmo de una nueva historia.

La donación de piel se convierte en un vendaje biológico que salva a personas con quemaduras graves, deteniendo infecciones y calmando el dolor.

El hueso, los tendones y el cartílago evitan amputaciones, reconstruyen extremidades y le devuelven a la persona la capacidad de caminar y valerse, de nuevo, de sí mismo. Incluso las válvulas cardíacas pueden ser el repuesto perfecto para que el corazón de un niño pequeño pueda bombear con fuerza hacia su futuro.

Todo este proceso está respaldado por la ciencia más rigurosa. Detrás de cada donación hay, inmunólogos, coordinadores hospitalarios, cirujanos y enfermeras trabajando contrarreloj.

Se analizan los antígenos leucocitarios humanos (HLA), se cruzan perfiles genéticos y tipos de sangre para asegurar que el sistema inmunológico del receptor abrace el nuevo órgano y no lo rechace. Es una coreografía médica perfecta, transparente y justa, donde el único criterio que importa es la urgencia médica y la compatibilidad biológica.

Sin embargo, a pesar de toda esta tecnología de punta y conocimiento acumulado, el engranaje principal de esta maquinaria no está en los libros de medicina. Está en la empatía. Está en la familia que, con lágrimas en los ojos y el corazón roto, decide pensar en un desconocido. Es elegir que la tragedia personal se convierta en la segunda oportunidad de alguien más.

Aquí en Yucatán, donde nos enorgullece nuestra calidez humana y nuestra capacidad de hacer comunidad, tenemos que normalizar esta conversación. Necesitamos quitarle el miedo a la palabra “donación” y revestirla de lo que verdaderamente es: amor puro y trascendente.

Por eso, mi invitación más sincera hoy no es clínica, es humana. Hablemos de esto en la mesa familiar, sin tabúes, con la tranquilidad de quien planea un legado. Dejemos clara nuestra voluntad a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestra pareja.

Al final del día, las verdaderas acciones que salvan vidas no ocurren únicamente en el frío metal del quirófano; comienzan en casa, con un simple “sí” dicho desde el corazón, asegurando que cuando nos toque partir, nuestro eco siga sonando con fuerza en la vida de quienes se quedan.

(*) Facebook, YouTube, Instagram y TikTok: @DraYeusviFlores; e-mail: drayeusviflores@gmail.com. Página: web www.drayeus.com.

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