AVILÉS, España (EFE).— Christina Koch, Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2026, opinó que el astronauta es el primero que “tiene que tener los pies en la tierra” y que ese “es uno de los motivos por los que es tan importante hacer estas misiones con personas y no simplemente con robots”.
Las declaraciones de la estadounidense, primera mujer en salir de la órbita baja terrestre y también la primera en dar la vuelta a la Luna —a bordo de la Artemis II de la NASA—, se produjeron en Avilés, en el marco de un encuentro con estudiantes de varios centros educativos españoles, que le hicieron preguntas sobre sus misiones en el espacio.
Fue la estudiante Sara la que recurrió a la expresión para preguntar si alguien que haya ido a la Luna y anhele llegar a Marte puede tener los pies en la tierra.
“Se da por sentado, a priori y por definición, que un astronauta va a tener los pies sobre la tierra porque, al fin y al cabo, somos personas normales a quienes nos han pedido hacer cosas extraordinarias”, dijo la Premio Princesa de Asturias ante un público entregado.
Al principio de la charla, Christina Koch pidió a los jóvenes que, si alguno estaba pensando en seguir los pasos de su carrera profesional, alzase la mano.
Lo hizo una decena de chicos y chicas de entre los 882 alumnos de 34 centros educativos que conocían bien el trabajo de Koch, ya que previamente habían llevado al cabo 2,000 experimentos sobre la misión a la Luna.
La visitante les mostró un vídeo personal de su reciente viaje espacial, con los preparativos y el momento exacto en el que la tripulación respiraba aliviada al ser consciente de que lo peor había pasado e iban directo a cumplir su misión.
Fueron tres años de preparación que sirvieron para conocer cada aspecto de la nave que les llevaría a dar la vuelta a la Luna y ver lo que ningún ojo humano “había visto hasta ese momento”, pero también, relató Koch, para formar un equipo humano que debía saber la manera de superar los desacuerdos que surgieran durante la misión, algo que se produjo en dos ocasiones.
Ante el interés mostrado por los estudiantes en los miedos de los astronautas, Koch indicó que no tiene nada de malo sentir temor y recordó que ella lo sintió la primera vez que se abrió una escotilla para salir al espacio, pero que, aunque su corazón se aceleró, no permitió que eso la detuviera, porque en ese momento pensó que se había preparado para ello.
Contó cómo en un momento de la misión, mientras dormían, se despertaron bruscamente con el sonido de una alarma que sus preparadores habían dicho que nunca llegarían a escuchar porque alertaba de que la nave se quedaba sin combustible, aunque todo quedó en un susto al ser solamente un fallo de software.
En su opinión, los verdaderos valientes no son los astronautas cuando están a punto de subir a la nave y están pensando en sus familias, sus amigos “y en toda la humanidad”, sino los que se encuentran en el puesto de mando de la misión.
A preguntas de los estudiantes, la astronauta reveló que jamás hubiera imaginado que la Tierra iba a ser así, desde esa perspectiva tan alejada, “tan brillante, tan azul eléctrico”, y que lo que más la impresionó fue el “inmenso negro” que la rodea.
Beneficios a la Tierra
Por su parte, la geocientífica estadounidense Sian Proctor, quien ya comió pizza en el espacio y aspira a degustarla en la Luna, subrayó que los avances que se consigan en la carrera espacial en materia de gestión eficiente de los recursos se podrán aplicar también en la Tierra.
“Cuando resolvemos problemas para el espacio, estamos resolviendo problemas para la Tierra. Para sobrevivir en la Luna o en Marte tenemos que ser eficientes con los alimentos, el agua, la energía, la gestión de los recursos y la de los residuos”, resumió Proctor en una entrevista concedida en el marco del festival Starmus, en Tenerife.
Según la astronauta, esos ámbitos son precisamente los que más desafíos presentan en la Tierra.
Proctor estuvo en el espacio durante tres días, a bordo de Inspiration4, la primera misión orbital integrada únicamente por personas civiles y con la que hizo historia como la primera mujer afroamericana en pilotar una nave espacial y la primera piloto de una nave espacial comercial.
En su opinión, toda la tecnología y las mejoras en eficiencia que se desarrollen para vivir fuera de la Tierra deberían servir también para que el planeta sea más sostenible. “No hay un planeta mejor que la Tierra”, recalcó.
Por esa razón, llegar a Marte forma parte, a su juicio, del futuro de la humanidad; sin embargo, no cree que deba producirse a cualquier precio ni con prisas.
Antes, agregó, habrá que regresar a la Luna, construir infraestructuras y aprender a vivir, trabajar e incluso disfrutar en un entorno extremadamente hostil.
Mientras los humanos adquieren allí esa experiencia, propuso que sistemas robóticos cada vez más avanzados vayan preparando Marte para una futura llegada humana. La Luna se convertiría así en un laboratorio para aprender a hacer mejor aquello que en la Tierra no siempre se ha hecho bien.
No es escape
Proctor insistió en que la exploración espacial no debe ser una vía de escape de este mundo ante los problemas ambientales terrestres, sino una oportunidad para aprender de los errores.
En este sentido, las tecnologías desarrolladas para cerrar ciclos de agua, producir alimentos con recursos mínimos, reutilizar materiales y disminuir residuos deberían servir al planeta que las hizo necesarias.
Proctor, quien además de científica es artista, no quiere imaginar asentamientos lunares o marcianos reducidos a cápsulas de supervivencia habitadas exclusivamente por astronautas e ingenieros e invitó a pensar cómo se mezclará en la Luna o en Marte lo que la humanidad se lleve consigo, que no es solo tecnología sino también comida, arte, música, costumbres y formas de entender el mundo. Quizá “alguno de los niños que hoy sueña con dedicarse a la cocina termine siendo chef en la Luna o en Marte”.
La astronauta, cuya relación con el espacio comenzó a través de su padre, que trabajaba para la NASA en una estación terrestre en Guam durante el programa Apolo, cree en el cometido de ampliar el número y el perfil de quienes participan en la exploración espacial, pues forma parte del cambio que se está produciendo en ese ámbito.
En este sentido, Proctor no ve una competencia entre astronautas profesionales y comerciales, sino funciones complementarias dentro de un ecosistema mucho mayor que incluye también a quienes diseñan cohetes, trabajan desde tierra o aportan disciplinas aparentemente alejadas del sector espacial.
Ese es el espacio “justo, equitativo, diverso e inclusivo” que reivindica, dijo, y en el que los beneficios de salir al espacio deben repercutir realmente en toda la humanidad en la Tierra.
De un vistazo
Beneficios terrestres
La astronauta Sian Proctor asegura que los avances desarrollados para vivir en el espacio también ayudarán a resolver problemas terrestres.
Recursos limitados
Sobrevivir en la Luna o Marte exigirá aprovechar mejor el agua, los alimentos y la energía, evitando desperdicios que dañen nuestro planeta.
Proteger el planeta
Proctor considera que la Tierra sigue siendo el mejor hogar para la humanidad y pide proteger sus recursos naturales disponibles.
Robots exploradores
Asimismo, propone enviar robots cada vez más avanzados para preparar las condiciones necesarias para la llegada humana a Marte.
Agua reutilizada
Los futuros habitantes deberán aprender a recuperar y aprovechar el agua, una práctica que también beneficiaría al planeta. Producir comida utilizando pocos recursos será fundamental para sobrevivir.
