ARONA, España (EFE).— Marte tuvo lagos, ríos y sistemas hidrotermales, conserva hielo y, aunque aún está por comprobarse, quizá también agua bajo su superficie, pero para la científica planetaria Bethany Ehlmann conviene rebajar parte de la épica y expectativas en torno a su futura colonización.
“No hay una Tierra 2.0 en Marte”, resume Ehlmann, quien participó en la ciudad española de Tenerife en la octava edición del festival científico Starmus.
Geóloga de formación, Ehlmann dirige el Laboratorio de Física Atmosférica y Espacial de la Universidad de Colorado en Boulder, preside The Planetary Society y ha sido investigadora del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA.
Pertenece al grupo de quienes quieren seguir explorando el Planeta Rojo, incluso con seres humanos, pero reconoce las dificultades.
“Soy una gran partidaria de la exploración humana de Marte, pero sería difícil vivir allí en una colonia. Creo que es más fácil construir un escenario propio de ciencia ficción que hacer el trabajo necesario para que vivan personas allí”, expresa.
Añade que Marte tiene una atmósfera muy tenue y no dispone de muchos materiales con los cuales hacerla más densa, de modo que, si hubiera una colonia allí, los seres humanos tendrían que vivir en estructuras construidas por ellos mismos, como una cúpula.
Se podría cultivar
Eso no significa que el planeta sea completamente estéril desde el punto de vista práctico, pues el suelo marciano podría servir para cultivar si se le aportara fertilizante orgánico, y la temperatura en el ecuador fluctúa entre los 20 grados y los menos 70 grados Celsius.
“Es un mundo de extremos”, dice, pero también es la memoria de otro planeta con un registro geológico que permite hacerse la pregunta de si llegó alguna vez a albergar vida.
“Estamos apenas en las primeras etapas, en el comienzo de la búsqueda de vida en Marte”, señalaEhlmann.
Parte de esa respuesta puede encontrarse ya almacenada en las muestras recogidas por el róver Perseverance, algunas de las cuales presentan características que podrían ser compatibles con biofirmas.
Pero determinarlo exige, a su juicio, traerlas a la Tierra y analizarlas con instrumentos mucho más precisos.
“No buscamos huesos de dinosaurios” en Marte, agrega la científica, sino más bien formas de vida microscópicas que, en su opinión, se parecerían más al tamaño de un cabello humano o incluso de dimensiones menores.
El reto consiste en encontrar esas huellas extremadamente sutiles y distinguirlas de procesos puramente químicos o geológicos.
Y se le añade el problema de que es difícil saber con certeza qué aspecto tendría la vida en otro mundo.
Cautela en muestras
“Ahora mismo tenemos un tamaño de muestra solo de un planeta, el nuestro”, advierte Ehlmann, quien reconoce que las ideas sobre qué señales buscar están inevitablemente condicionadas por lo que conocemos aquí.
Por esa razón la exploración parte primero de la identificación de hábitats y después de químicas que puedan indicar procesos biológicos, pese a que Ehlmann reconoce que solamente continuar investigando permitirá saber hasta qué punto estamos sesgados por nuestra propia experiencia.
Ese mismo desconocimiento obliga a extremar la cautela, pues para Ehlmann las misiones deben asegurarse de que cualquier señal interesante encontrada en otro mundo procede realmente de allí y no de microorganismos o materiales que fueron transportados desde la Tierra.
Igualmente cree que es necesario preservar esos entornos para las futuras generaciones y actuar “como si pudiera haber vida allí”, a pesar de que todavía no se sepa si existe.
Preguntada por si le resultaría más inquietante descubrir que no estamos solos o confirmar que sí lo estamos, la geóloga no duda al responder: “Creo que lo aterrador sería que estuviéramos solos en el universo. Sería casi increíble”.
De un vistazo
Colonización bajo reservas
La científica Bethany Ehlmann advierte que establecer colonias humanas en Marte sería extremadamente complicado debido a sus condiciones ambientales adversas.
Atmósfera muy tenue
Marte carece de una atmósfera suficientemente densa para proteger los asentamientos humanos, por lo que serían necesarias estructuras artificiales habitables permanentes.
Cultivos
El suelo marciano podría utilizarse para cultivar alimentos mediante fertilizantes orgánicos, aunque requeriría condiciones controladas para garantizar su producción agrícola.
Posibles huellas biológicas
El róver Perseverance ha recolectado muestras con características potencialmente compatibles con señales de antigua vida microscópica, que están todavía pendientes de confirmación.
