La ex actriz Meghan Markle

 

Markle será la primera mulata de la familia real que se recuerda, acercando más que nunca el palacio de Buckingham a los barrios jamaicanos de Londres, donde el enlace ha despertado también interés. “Está muy bien que esta persona llegue a la familia real, nos da sentido de pertenencia”, declaraba la tendera caribeña Esme Thaw en su comercio de Brixton, el popular barrio de Londres.

“De esclavos del algodón a realeza, ¡eso sí que es movilidad social!”, tituló The Daily Mail tras el anuncio de su compromiso con el príncipe Enrique. Los genealogistas, gremio para el que cada noviazgo real constituye un goloso desafío, trazaron la línea materna de Meghan Markle hasta un campo de algodón del sur de Estados Unidos. Por las venas de su descendencia, si la tiene, correrá sangre de reyes y de esclavos.

Es mestiza. Divorciada. Recibió una educación católica. Ha salido en la televisión, como actriz, esnifando cocaína y practicando sexo en el almacén de una oficina. Es estadounidense, y a su última compatriota que osó acercarse a la familia real, Wallis Simpson, sólo se le permitió entrar en el castillo de Windsor metida en su ataúd, para ser enterrada al lado de su marido, Eduardo VIII.

Todo ello, sí, muestra lo mucho que ha cambiado la monarquía británica durante el reinado de Isabel II. Pero, una vez asimilados los titulares bombásticos, lo que de verdad diferencia a Meghan Markle de otras históricas incorporaciones al núcleo duro de la familia real británica es la dote con la que se presenta a las puertas de palacio: un perfil público propio y casi dos millones de seguidores en Instagram.

La historia de la princesa americana empezó donde tenía que empezar, en la ciudad de los sueños, Los Ángeles, donde Markle nació en 1981. Sus padres se conocieron en el rodaje de una popular serie de televisión. El matrimonio se rompió dos años después de nacer Meghan.

Su vocación como actriz, fraguada en las visitas a los platós donde rodaba su padre, fue tan precoz como su activismo feminista. A los 11 años, cuando estudiaba anuncios de televisión para un trabajo de ciencias sociales, le enfureció un eslogan de un lavavajillas que decía: “Las mujeres pelean contra sartenes y ollas grasientas”.

Estudió en la universidad teatro y relaciones internacionales y, en 2011, entró en Suits, la serie de abogados que le proporcionó el papel de su vida y un nuevo hogar en Toronto (Canadá). Ese mismo año se casó con su novio, el productor Trevor Engelson, de quien se divorciaría dos años después. En paralelo a su éxito discurrió su trabajo humanitario: ha sido representante de ONU Mujeres y de otras organizaciones dedicadas a luchar por la igualdad.

En 2014 empezó a escribir su popular blog de estilo de vida, en el que daba rienda suelta a su “curiosidad insaciable”. Lo llamó The Tig, en honor al vino italiano Tignanello. Probar aquel chianti, escribió en su blog, le hizo comprender que el vino es mucho más que una simple bebida alcohólica. A partir de entonces, explicó, cada nuevo descubrimiento se convertiría en un momento Tig. En invierno de 2017, cuando se comprometió con Enrique y tuvo su gran momento Tig, Meghan Markle lo dejó todo.

Su matrimonio con el príncipe Enrique supone un nuevo comienzo. Ella ya ha dejado claro que no está ahí para servir de adorno. “Nunca he querido ser una dama que solo almuerza”, escribió en su blog, “siempre he querido ser una mujer que trabaja”. Tendrá que integrar sus causas, acaso demasiado políticas para lo deseable en la familia real, en la estructura filantrópica que su marido comparte con los duques de Cambridge.

La realeza británica, una institución con un prodigioso sentido de la autoconservación, recibirá renovado vigor con la incorporación de Markle. Proporcionará un elemento de diversidad en el Reino Unido del Brexit. Aportará calidez a los gélidos pasillos del palacio de Buckingham.

Meghan Markle tiene hoy la misma edad a la que murió Diana de Gales, la madre de su futuro marido. Nunca desde Diana un miembro de la familia real había despertado tanto interés entre la gente joven. Su vocación solidaria y su capacidad de empatía hacen que su nombre salga a menudo en las comparaciones. Pero la que habría sido su nuera es una persona bien distinta.

Markle, que nació apenas una semana después de que Diana se casara con el príncipe de Gales, lleva años desenvolviéndose ante las cámaras. Tiene un equilibrio y una confianza en sí misma de los que carecía la joven princesa de Gales. “De alguna manera, la preparada Markle es la mujer en la que Diana siempre luchó por convertirse”, escribe Andrew Morton, biógrafo de ambas.

Su verdadero poder reside, más que en sus circunstancias, en sus valores. Representa para una generación de jóvenes la idea de que puedes conseguirlo todo aunque el mundo te diga lo contrario. Que no tienes por qué elegir entre las casillas que te ofrece la sociedad, sino que puedes dibujar la tuya propia. Con información de El País.