TOMIOKA, Japón (EFE).— Más de 36,000 personas continúan desplazadas 10 años después de la catástrofe nuclear de Fukushima, la mayoría sin deseos de volver por el temor a la radiación o tras haber iniciado una nueva vida, y mientras siguen las titánicas tareas de reconstrucción de la zona.
El destino de la región dio un vuelco el 11 de marzo de 2011, cuando un terremoto de 9 grados Richter originado en la costa noreste del archipiélago sacudió todo el país y causó un tsunami que arrasó la costa, dejó 18,000 muertos y desaparecidos, y un profundo trauma en la memoria colectiva.
En la central nuclear de Fukushima Daiichi, el desastre natural causó fusiones parciales en tres reactores y otros daños que durante varios días esparcieron residuos radiactivos en torno a la planta, lo que llevó a las autoridades a decretar el completo desalojo en 20 kilómetros a la redonda.
Las autoridades levantaron de manera progresiva en la última década las órdenes de desalojo impuestas por la radiación excesiva, aunque un 2.4% de la superficie de Fukushikma, la tercera mayor prefectura de Japón, siguen siendo “zonas de difícil retorno”, y localidades como Futaba siguen sin un solo habitante.
En Okuma, uno de los municipios que alberga la central, sólo el 2.8 % de la población ya regresó tras reabrirse a sus habitantes hace un año, mientras que en las vecinas Tomioka, Namie e Iitate apenas se llega al 10%, según dijo el gobernador de Fukushima, Masao Uchibori, en reciente comparecencia telemática.
“Siempre transcurre un tiempo hasta que los residentes regresan a sus hogares, incluso después de levantarse la orden de evacuación”, explicó Uchibori, que reconoce que la catástrofe natural y atómica causaron una aceleración de la despoblación en la región que deben abordar con urgencia.
Para atajar el problema, las autoridades ofrecen ayudas de dos millones de yenes (393,560 pesos mexicanos) a las familias que se muden a alguno de los 12 municipios que rodean la central.
Mientras, más de 36,000 personas de más de 164,000 que fueron desalojadas (entre afectados por órdenes de desalojo y quienes se marcharon de manera voluntaria) siguen desplazadas y tanto las ayudas estatales como las compensaciones de la operadora de la planta, Tokyo Electric Power (Tepco), ya llegaron a su fin.
Uno de ellos es Toru Anzai, quien se vio obligado a abandonar su casa en Iitate y los cultivos de arroz y hortalizas que le daban sustento, y que ha residido en alojamientos temporales hasta que éstos dejaron de estar subvencionados en 2019.
“No creo que pueda volver a mi casa ni a vivir como antes”, señaló Anzai, de 73 años, quien considera “insuficientes” las ayudas y el trato de las autoridades a los desplazados, puesto que van dirigidos a repoblar unos terrenos que no han sido recuperados completamente. “Es como un pastel podrido que, al ser envuelto con bonitos papeles, se ve bien por fuera”, afirmó.
Según una reciente encuesta del Instituto de Revitalización, Regeneración y Gobernanza de zonas de desastre de la Universidad Kwansei Gakuin, un 65% de los todavía desplazados no planea volver.
Entre las principales razones para la negativa a volver están el miedo a la contaminación ambiental (46.1%), la negativa a abandonar sus nuevos lugares de residencia tras una década (44,8%) y la incertidumbre sobre el desmantelamiento de la central (41.6%).
“Los evacuados no se encuentran en una posición en la que puedan confiar en lo que dice el gobierno. La desconfianza aumentó al no divulgar información desde el principio del accidente y decir que no hubo un impacto inmediato“, dijo a Efe la doctora Yoko Saito, investigadora del citado Instituto, a cargo del sondeo.
Algunos contemplan volver cuando sus hijos se independicen, mientras otros temen regresar por el rencor de sus familiares, que los acusan de haber huido con sus pequeños cuando todo estalló, explica la académica, quien cree que la despoblación de la zona se está abordando sin tener realmente presentes a sus otrora habitantes.
Otro “motivo de desconfianza” para los desplazados ha sido “plantear que la central nuclear de Fukushima está bajo control para albergar los Juegos Olímpicos”, según Saito.
El gobernador de la prefectura, por su parte, destacó que el desmantelamiento de la planta “está en una etapa muy cercana al arranque” y admitió que “todavía no existe una valoración real del estado del combustible fundido y los escombros”, entre otras dificultades para un proceso que se prolongará al menos hasta mediados de siglo.
Encuesta Desplazados
Según reciente encuesta, un 65% de los todavía desplazados no planea volver.
Autor
La encuesta fue realizada por el Instituto de Revitalización, Regeneración y Gobernanza de zonas de desastre de la Universidad Kwansei Gakuin.
Principales razones
Entre las principales razones para la negativa a volver están el miedo a la contaminación ambiental (46.1%), la negativa a abandonar sus nuevos lugares de residencia tras una década (44,8%) y la incertidumbre sobre el desmantelamiento de la central (41.6%).
Desconfianza
“Los evacuados no se encuentran en una posición en la que puedan confiar en lo que dice el gobierno. La desconfianza aumentó al no divulgar información desde el principio del accidente y decir que no hubo un impacto inmediato“, dio a conocer la doctora Yoko Saito, investigadora del Instituto de Revitalización, Regeneración y Gobernanza, a cargo del sondeo.
