Sobre estas líneas y a la izquierda

 

Durante la última década, cientos de kilos de explosivos plásticos, cientos de granadas explosivas, minas terrestres y cohetes han sido robados o perdidos por las fuerzas armadas de Estados Unidos, según una investigación de The Associated Press sobre el fracaso de los cuerpos castrenses para asegurar todas sus armas.

Entre esos hurtos figura uno de 5.9 kilos del explosivo plástico C4 que fueron robados bloque por bloque de los campos de entrenamiento de Camp Lejeune, una base del Cuerpo de Marines en Carolina del Norte.

La historia de la recuperación de esos 5.9 kilos del C4, en 2018, comienza con unos adolescentes que entraron a robar a una casa de alquiler desocupada.

En una repisa del armario de un dormitorio encontraron una mochila negra, y dentro había una lata de municiones que contenía una gran cantidad de ellas. Un metro y medio de Detasheet, un explosivo delgado y maleable que viene en rollos como papel de envoltura. Cable fusible. Casquillos explosivos. Partes de una mina terrestre.

Un sargento de la Infantería de Marina llamado Alex Krasovec había dejado la mochila en la casa, según el expediente de la investigación. Como instructor que dirigía un campo de demolición en Camp Lejeune a principios de 2017, tomó la lata al final de un ejercicio de entrenamiento. Los elementos en la mochila debieron haber sido detonados.

Sobras

A veces, las tropas recolectan las sobras de un entrenamiento y las hacen estallar en lugar de devolverlas y completar formularios adicionales. Se le conoce como tiro basura, tiro de seguridad o tiro de limpieza. En lugar de devolver los explosivos o hacer estallar la lata, Krasovec los tomó.

Krasovec, quien rechazó una solicitud de entrevista de la AP, diría a los agentes del Servicio de Investigación Criminal Naval que su idea era ir a la casa de su familia en Ohio para divertirse un poco, tal vez volar algunos tocones de árboles. Antes de que pudiera hacerlo, los menores que se habían salido de una fiesta de pijamas en Jacksonville, Carolina del Norte, encontraron el alijo. Lo tomaron y lo guardaron hasta que a uno de ellos lo oyeron hablar de tener explosivos militares en su casa.

Un laboratorio forense identificó las huellas dactilares de Krasovec en los explosivos. Al interrogarlo aproximadamente un año después, los agentes del NCIS se toparon con un segundo nombre, el sargento Travis Glosser.

Como instructor de demolición en Camp Lejeune, Glosser tuvo un acceso excepcional al C4.

Durante el verano de 2016, Glosser temió que Hillary Clinton derrotara a Donald Trump en la elección presidencial y que la sociedad se desintegrara. Entonces comenzó a acumular sobras hasta que tuvo lo que describió como “una cantidad respetable” de C4: 10 bloques con un peso de casi 5.9 kilogramos.

“Quiero decir, sabe lo loco que es el mundo hoy día”, dijo Glosser a un agente del NCIS en junio de 2018, cuando se rindió. “Así que es como, bueno, ya sabe, tengo eso también porque si el mundo comienza a llegar a su fin o algo tan loco como eso, podría proteger a mi familia y a mí”.

Triunfo de Trump

Después de que Trump ganó, enterró cuidadosamente los explosivos más allá de la línea de árboles en el patio trasero de su casa frente a Camp Lejeune. Permanecieron allí hasta que comenzó a circular el rumor de que Krasovec estaba en problemas y que habría una revisión de inventario.

Glosser primero dijo a los investigadores del caso Krasovec que no sabía de ningún C4 robado.

A la mañana siguiente, temprano, usó una pala militar para enterrar los explosivos en bosques cercanos. Luego fue al gimnasio y se reportó a trabajar.

Más tarde ese día, consumido por el error que sabía que cometió, Glosser confesó y después mostró a los manipuladores de bombas dónde había enterrado las municiones.

Tanto Krasovec como Glosser se declararon culpables de robo de propiedad militar. Cada uno fue sentenciado a menos de dos años de reclusión en una prisión militar, y ambos bajaron de rango. Krasovec fue expulsado del servicio con baja por mala conducta; Glosser está apelando su caso.

La esposa de Glosser dijo a la AP que él no haría comentarios. Al ser interrogado por las autoridades, insistió en que nunca planeó causar estragos y dijo que no tenía vínculos con una milicia.

“En ningún momento tuve la intención o siquiera pensé en vender, regalar o incluso mostrar a alguien” los explosivos, escribió. “Tampoco he tenido nunca la intención de dañar a nadie”.

 

 

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