La medicina pone la mirada en el planta tradicional

El árbol de las jícaras, con arraigo en la Península de Yucatán y Centro y Sudamérica, tiene propiedades medicinales, para la alimentación humana y se utiliza en el campo de las artesanías.

Era considerado sagrado entre los mayas y se caracteriza por tener cáscara liviana, leñosa, lisa y resistente. Su nombre científico es “Crescentia alata”, y en otros sitios del país se conoce también como cujete. Aunque muy poca gente conoce sus propiedades.

De acuerdo con la información que la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) destaca en su página electrónica, este árbol alcanza hasta 14 metros de altura en zonas tropicales. De sus flores color blanco amarillento, blanco verdoso o café verdosos, y de sus semillas se extrae un aceite comestible nutritivo, o bien, en algunas regiones, se tuestan y se muelen con canela para preparar un chocolate curativo.

Su fruto se usa para curar diarreas, alopecia, susto, indigestión y úlceras, dolor de oído, padecimientos hepáticos y renales, insomnio y hernias inguinales, además que en ocasiones se usa como antídoto para mordedura de serpientes.

Además, la medicina moderna ve en el epicarpio (capa externa) de la jícara una opción natural para implantes craneales, incluso estudios científicos confirman que su corteza es fuente viable para elaborar etanol no tóxico, y se busca aprovecharlo para fabricar un mejor carbón.

En Yucatán esta planta se utiliza para la elaboración de vasijas, medio de ingreso económico para muchas familias campesinas.

En la actualidad se reduce este trabajo artesanal. Uno de los mayores usos que las familias le siguen dando a las vasijas es para festividades tradicionales o en el Hanal Pixán, de acuerdo con datos del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY).

En los estados de Campeche, Chiapas, Guerrero Michoacán, Tabasco, Veracruz, Oaxaca y Yucatán, México cuenta con una amplia distribución de esta especie.

Su fruto redondo, leñoso, liviano, liso y de alta resistencia a las condiciones ambientales, plagas y enfermedades, se utiliza desde tiempos precolombinos en la artesanía, la medicina tradicional, el forraje, la música y la juguetería.

La dependencia señaló que la medicina tradicional usa el guaje por sus propiedades antibacterianas y antiinflamatorias para aliviar afecciones respiratorias: tos, asma y tuberculosis, entre otras, en jarabe o infusión preparados con la flor y el fruto, o bien, el fruto macerado en vino tinto o blanco.

 

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