Manifestantes se congregan a las afueras de la Basílica de San Pedro durante el primer día de la cumbre mundial de obispos sobre pederastia en el Vaticano

Propuestas para el combate contra el abuso infantil

En la lucha contra los abusos sexuales en la Iglesia —una dolorosa realidad de la que Yucatán ya forma parte— hay malas y buenas noticias, según puede desprenderse de las conclusiones con que tres expertos cerraron el foro convocado por el Diario.

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La problemática de la pederastia es compleja, dura de raíz, pero hay la voluntad de combatirla y propuestas concretas sobre cómo hacerlo, coinciden el arzobispo auxiliar de Yucatán, Monseñor Pedro Mena Díaz, la psicóloga Yéssica Quintal Ruz y el sociólogo y catedrático Luis Várguez Pasos.

Para empezar, señala la psicóloga, la responsabilidad de acabar con la pederastia no es exclusiva de la Iglesia Católica, porque los factores que inciden en el fenómeno —el abuso es un asunto de poder más que de sexualidad, asegura— nos involucran a todos.

“Comenzaremos a lograr avances cuando combatamos el machismo, el abuso de poder, la deshumanización de la sociedad”, señala. “Vivimos en una era sin valores, las relaciones han perdido solidez y vemos a los demás como simples objetos. Aquí está el verdadero origen del problema: el victimario cree tener derecho sobre la víctima porque no la ve como persona”.

Según Yéssica, la Iglesia y la sociedad entera tendrían que plantearse atacar primero el egoísmo que lo domina todo, transformar las actuales condiciones de competencia extrema. “Vivimos en un campo de batalla donde hay que derrotar al otro para demostrar quién es el mejor y si no somos capaces de cambiar esto, no creo que la situación del abuso pueda disminuir”.

La especialista del Centro de Estudios Superiores en Sexualidad (Cessex) propone tres medidas para comenzar la lucha. Primero, abrir un diálogo entre la Iglesia Católica y las instituciones que estudian la problemática. “No soy una persona religiosa, pero creo que ponernos en un plan de atacar, de querer destruir las instituciones, ayuda poco”.

También habla de la necesidad de romper tabúes. “Sin afán de minimizar lo grave que es un abuso, con frases como que la víctima ‘queda muerta en vida’ o que ‘hubiera sido mejor morir’, en lugar de ayudar tendemos a empeorar las cosas porque la despojamos de cualquier posibilidad de seguir adelante. Hay que derrumbar el tabú de que fue lo peor que le pudo pasar, que no hay futuro, pero no para minimizar la falta, para que la justicia se suavice, sino para animar a las víctimas a seguir adelante.

Y la tercera propuesta se dirige a la necesidad de información. “Lo que lleva a una víctima a quedarse callada —que es todavía el principal problema— es la idea de que lo que le pasó es vergonzoso y que si lo hace público sufrirá las consecuencias”.

“La gente que sufre abuso vive amenazada, por eso no habla. Tiene que haber más información dirigida no solamente a la necesidad de endurecer los castigos, sino para que las víctimas sepan que no están solas, que las amenazas no son tan reales y que no es lo peor que les pudo pasar en la vida, que no es motivo de vergüenza. Sólo así podremos acercar esas voces para permitir que se expresen y puedan acudir a las instancias pertinentes”.

“Las campañas tendrían que dirigirse a empoderar a las personas que sufren el abuso y no sólo amenazar a los victimarios”.

Tolerancia cero

Monseñor Pedro Sergio Mena Díaz cree que ha llegado el momento de hacer justicia: “Es nuestro deber acabar con el abuso de menores en nuestra Iglesia. Tenemos claro que debe haber tolerancia cero”.

La misión de la Iglesia, continúa, es la misma misión de Cristo: anunciar la buena nueva de la salvación, del Reino, “lo que implica vivir la conversión permanente. Se trata de que todo lo que vivimos los que somos miembros de la Iglesia, desde el mensaje de Cristo y los sacramentos, nos lleve a una conversión permanente”.

El arzobispo auxiliar de Yucatán sabe que la empresa no es fácil, porque, “mientras estemos en este mundo, el misterio del mal estará presente”. Sin embargo, dice, la consigna es vivir el Evangelio del amor, la misericordia, del perdón, pero también el evangelio que advierte: “El que lleve a pecar a uno de esos pequeños que cree en mí más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al fondo del mar. O sea está muy claro que Cristo también quiere acabar con esto”.

La Arquidiócesis de Yucatán hará lo posible para acabar con el problema y prevenir futuros casos, insiste, tras lo cual menciona algunas de las medidas concretas que se tomarán al respecto, como situarse a favor de las víctimas. “Muchas veces”, explica, “se ha tratado de proteger no a las víctimas, sino a los agresores. Así que es un giro que a todos les tiene que quedar muy claro”.

Luego de informar que el arzobispo Monseñor Gustavo Rodríguez Vega ha escuchado a algunas víctimas y palpado su dolor, señala que a la Iglesia le duele profundamente el dolor causado, pero “no es suficiente pedir perdón, es necesario un cambio de perspectiva, poner a la víctima en primer lugar, escucharla, comprenderla, comprometernos con ella en su proceso de sanación, ofreciendo una total colaboración con la autoridad ministerial”.

También dice que habrá mayor vigilancia en la formación de los sacerdotes e informa que hace un año se formó un grupo especial —integrado por abogados, sicólogos— que actuará cuando se presente un caso.

El último punto se refiere a la promoción del respeto por la ley. “Se implementarán políticas, protocolos, controles y otros mecanismos institucionales en cada diócesis para garantizar que ningún menor vuelva ser víctima de abuso en el entorno eclesial”.

Pesimismo

El doctor Várguez Pasos confiesa que le gustaría ser optimista, pensar que el problema puede ser erradicado para siempre, pero admite que no le parece que pueda resolverse, al menos no en el corto plazo.

“Creo que el papa Francisco ha dado muestras de sus buenas intenciones, pero a pesar de sus declaraciones, de sus homilías, de las sanciones que ha impuesto a los pederastas, cada día aparecen más datos y casos en todo el mundo”.

Para finalizar, el catedrático de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Uady sugiere a las autoridades del Seminario revisar sus planes de estudio para incluir temas sobre sexualidad y tolerancia.

También acabar con el celibato, una condición que le parece inadmisible por antinatural, y poner en contacto a los seminaristas con el mundo en el que van a vivir, permitirles cursar algunas materias en universidades públicas. “Y viceversa, abrir el Seminario a quienes, por ejemplo, quieran estudiar Teología, una materia tan importante como la Física”.— Mario S. Durán Yabur

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