Afectaciones durante el paso del huracán “Isidoro” por Yucatán

Recuerdos de los duros momentos por los huracanes

“Lo más parecido que recuerdo a quedarse a fuerza en casa fue con los huracanes”, dijo José Julio Machay Escalante, fundador de la página en Facebook “Historia Relatos Cuentos De Yucatán”, con más de 160,000 seguidores .

Uno de los ciclones que recordó fue “Gilberto”.

El señor Machay comentó que los fuertes vientos que trajo el poderoso huracán ya eran impedimento para estar en las calles, el sonido era algo alarmante, pero a las seis de la tarde el viento se calmó y una tranquilidad reinó en Mérida .

“Era una calma en la que no se movía ni una hoja de los árboles , ya no había corriente, pues estábamos en el ojo del huracán, lo que duró una hora”.

Indicó que al pasar dicho tiempo comenzó el viento de nuevo con más fuerza y el huracán entró con toda su potencia en la madrugada a la ciudad.

“Los árboles se alzaban como sombras para arriba y al amanecer ya había pasado todo y salimos a ver lo ocurrido. Por fortuna nuestras casas resistieron, lo que no paso con la escultura de Emiliano Zapata, que en aquel entonces se encontraba en la glorieta de la calle 28 con Cupules y amaneció en el piso”, recordó.

“Los árboles y palmas del parque de las Américas se encontraban en su mayoría tirados, al igual que miles de ramas, láminas y postes a lo largo de las calles”.

El huracán “Isidoro”, dijo, fue algo extraordinario, pues la cultura de la prevención ya la tenían los yucatecos y nos preparamos más, comprando agua , pilas para la radio, pan y hielo para las neveras y comida que no necesitara refrigeración, como atún, huevos, y alimentos enlatados.

“Cuando comenzó el huracán fue algo terrible, agua por todos lados, por puertas y ventanas entraba agua por chorros, mis árboles de la casa fueron arrancados, pensamos que pasaría igual que Gilberto, pero duró mucho más. El huracán se estacionó en Yucatán y eso nos dejó muchos problemas”, recordó Machay Escalante.

Al pasar el fenómeno, la ciudad de Mérida parecía zona de guerra, dijo el entrevistado. “Cientos de postes en el piso y árboles por toda la ciudad tirados, estuvimos sin agua potable y electricidad por 15 días, sólo funcionaba una estación de la radio, y la televisión no podía transmitir por sus antenas en mal estado. El teléfono tampoco funcionaba por sus postes derribados”, indicó.

“Poco a poco la ciudad fue recobrando vida. Algo que recuerdo de los yucatecos es la gran solidaridad con sus vecinos, pues nos ayudamos unos a otros. Muchas bardas y albarradas estaban tiradas, al igual que láminas de asbesto, de cartón y metal por todos lados”, indicó.

Por fortuna, dijo, no hemos tenido otro huracán y esperemos que no llegue pronto, pero sí era un miedo a lo desconocido, similar a lo que se vive ahora.

Recordó que no se podía dormir con la llegada del huracán y pasado éste los vecinos salieron de sus casas a platicar por las noches, ya que se carecía de corriente eléctrica. Los postes estaban en el suelo y la plática consistía en conversar de lo acontecido o cómo y dónde se consiguieron tortillas, hielo, leche o carne.

“Me platicaron unos abuelos que se padeció hace muchos años algo a lo que llamaban colerina, al igual que la viruela, para lo que se hacía igual cuarentena”.

“Recordemos que existió un poblado llamado Santa Catalina, también llamado Catarina , que desapareció por la peste en el Siglo XVIII y hoy es la colonia Bojórquez y parte de la colonia Madero”, dijo.— Luis Alpuche

 

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