A Maribel del Carmen Sánchez, de 39 años de edad, no le gustaban los perros, ni siquiera los tocaba, pero ese gusto cambió en su vida totalmente cuando uno de sus hijos le llevó a la casa a una perra callejera con media decena de cachorros.
Originaria de Mérida, la vecina de Kanasín no tenía conocimiento que su hijo Randal Sánchez Valencia le daba de comer a la perra durante la gestación y el niño, ante el mal tiempo, decidió dar refugio al animal y sus crías en su casa. Ese fue el inicio de una historia que hoy tiene el nombre de Mano Canina.
Una ayuda que echó raíz y creció
Conforme pasó el tiempo comenzó a llevar a la casa más animales, algunos con sarna, lastimados, “lombricientos”, enfermos, entre cachorros y adultos, hasta el grado de tener problemas vecinales por la cantidad de canes que tenían en la vivienda de fraccionamiento.
Llegaron a tener 22 perros en su casa. Se trasladaron al centro de Kanasín, en una casa grande y tuvieron 42 perros, luego se trasladaron a otro lugar, en un espacio en donde los canes ya pueden correr.
Maribel Sánchez comenzó a amar a los perros, sabía que son seres que sienten, entró a páginas de rescates para informarse y comenzaron a hacer la obra de manera formal con Mano Canina, un albergue para perros de la calle que reciben atención médica y se ponen en adopción, y de la que ella es responsable.
El inicio de esta labor se efectuaba con recursos propios, recordó.
“Vainilla”, la perra que fue llevada a la casa con sus cachorros, todavía vive en el albergue.
Ante nuevos retos
Las crías fueron dadas en adopción y con “Vainilla” lograron ser los pioneros que abrieron las puertas a más canes para ser atendidos, desde hace 12 años.
Con el tiempo tomaron casos más difíciles, animales con tumores y cáncer.
Tenía un buen trabajo, no tenía la necesidad de pedir, recordó Maribel Sánchez, quien hace unos meses se separó de su esposo.
Según recordó, ya como Mano Canina tienen unos seis años y desde hace años se abocaron a la atención de perros ancianos de la calle porque consideran que tienen menos posibilidades que otros. Muchas veces no tienen dientes, están ciegos, sordos y enfermos.
La mujer recalcó que tampoco están cerrados a rescates de perros de otras edades, como fue el caso de tres cachorros que rescataron recientemente en distintas zonas de Kanasín, pero que fallecieron porque uno ya tenía moquillo, contagió a los otros dos y sus pequeños cuerpos no aguantaron la enfermedad, a pesar de todo el esfuerzo que hizo.
Esa fue una de las tristezas que tuvieron en Mano Canina.
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Una labor familiar
Maribel Sánchez atiende el albergue con su hija Cielo y lo que más la hace feliz es ver que los perros corren mientras mueven sus colitas.
Todos son callejeros, pero son muy agradecidos: te abrazan, te lamen la cara, juegan, compartió. Cuando estás en el albergue, los perros te calman el estrés, son terapéuticos.
Maribel no solo les dio la mano, sino también su corazón y sus recursos para llevar al cabo esta obra para la que también ya recibe apoyo de personas, donativos de artículos que venden, de croquetas, entre otros.
Patitas con historias qué contar
La entrevistada comentó que entre los casos recibió a un perro salchicha de 12 años que tenía un tumor inoperable, le agarraron mucho cariño y de ahí se dieron cuenta de la necesidad de los perros “viejitos”.
Uno de las alegrías es que una perrita llamada “Camila” llegó sin que pudiera caminar, con discos de la columna dañados. Hoy día hasta corre, después de recibir tratamientos y medicina.
Otro caso con un buen final fue el del perro “Benji Menonas”, que tenía un tumor cancerígeno en el sistema reproductivo, lo venció y el animalito fue adoptado.
Maribel expuso que a pesar de todos los problemas no dejará desamparados a los perros y los seguirá atendiendo hasta que la vida se lo permita.
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