Los perros callejeros, errantes trotamundos citadinos que pululan lo mismo en grandes ciudades que en pequeños poblados, son el reflejo más crudo de una sociedad que les ha quedado a deber como seres vivos, una sociedad donde la evolución científica, tecnológica e intelectual, coloca al ser humano como un gigante, pero moralmente como un pigmeo.

La proliferación de animales en situación de calle, ha sido el resultado de la ignorancia, la indiferencia, la irresponsabilidad, la falta de compromiso, pero más grave aún, la falta de amor y respeto a la vida de los animales, privados de toda dignidad y entendidos muchas veces más como cosas que como seres vivos con sentimientos y emociones.

Actualmente en nuestro país, a no se diga en Yucatán, no existe un censo de mascotas o animales domésticos; sin embargo, la Asociación Mexicana de Médicos Veterinarios Especialistas en Pequeñas Especies (Ammvepe) estima que hay alrededor de 28 millones, de los cuales más de 23 millones son perros y gatos, 30% tienen un hogar y, el otro 70%, están en situación de calle.

Además, en México 7 de cada 10 hogares tienen un animal de compañía. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), solo el 42% de los dueños los llevan al veterinario y el 33% en ninguna ocasión lo ha hecho.

Hacer conciencia en torno al problema de los perros callejeros, debería ser un preocupación conjunto de autoridades y sociedad, su magnitud ha alcanzado tal dimensión que su control escapa de los mecanismos implementados para ello.

Las perreras son insuficientes e inoperantes, los albergues están llenos más allá de su capacidad, no hay recursos humanos, técnicos o económicos que alcancen para darles cuidados, los programas de esterilización son como una aspirina para tratar el cáncer, y cada año miles de perros son echados a la calle por sus dueños incapaces de darles lo mínimo para su sobrevivencia y que se suman a los no menos que se reproducen sin control en la vía pública. A todo esto pareciera que nadie quiere verlo y mucho menos afrontarlo.

De ahí la trascendencia e importancia que tiene la conmemoración del 27 de julio, Día Internacional del Perro Callejero, que fue impulsado por un estudiante chileno en 2008, con el objeto de evidenciar una problemática que pone en entre dicho la condición humana cuando se tarta del respeto a la dignidad de los perros como seres vivos que son.

Ignacio Gac es el responsable de esta conmemoración, que capta la atención de los fanáticos de los animales, y eligió el mes de julio por ser el más crudo del invierno, cuando los perros de la calle padecen más el frío (En el hemisferio sur del continente el invierno llega en Junio).

Este día busca fomentar la adopción y entender su importancia, además de concientizar acerca del cuidado que merecen los animales, los peligros de vivir en la calle y la importancia de asumir un verdadero compromiso de cuidado y atención a los perros de la calle.

Según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y World Society for Animal Protection (WSPA), la única manera de detener la sobrepoblación canina callejera es la esterilización y la educación ciudadana.

El Día Mundial del Perro Callejero sirve, además, para divulgar información del tema, conocer sobre las organizaciones sin fines de lucro más cercanas que colaboran para mejorar la calidad de vida de los animales, y difundir datos de las campañas de adopción.

En el marco del Día Mundial del Perro Callejero ( 27 de julio ), Boehringer Ingelheim Animal Health (BIAH) hace un llamado a la población para dar una atención adecuada a las mascotas llevándolas periódicamente al veterinario, así como hacer conciencia sobre la adopción y lo beneficioso que ello resulta para los perros en situación de calle.

Según BIAH en su sitio web, debido a sus condiciones de vida (mala nutrición, falta de vacunas, desparasitación, etc.), los perros callejeros son susceptibles a contraer diversas enfermedades, algunas de las más importantes son aquellas causadas por parásitos, lo que provoca que contaminen parques, jardines, calles y cualquier sitio donde suelen estar. Estos sitios son focos de infección para las mascotas que suelen pasear con sus dueños, que juegan con otros perros o incluso llegan a convivir con los perros de calle.

“Los animales en condición de calle están expuestos a contraer enfermedades de todo tipo, estas enfermedades pueden pasar desapercibidas para quienes solo les observan deambular, pero no es el caso de las enfermedades de la piel, éstas son evidentes. Algunas de las enfermedades de la piel más comunes en perros son las causadas por ácaros y otros parásitos que infestan el entorno y se transmiten fácilmente a otros animales, por lo que es importante que los propietarios responsables conozcan cuales son estas parasitosis y que atiendan las recomendaciones de un veterinario para tratarlas y prevenirlas”, indica Emilia Tobías, Gerente Técnico del segmento de Animales de Compañía de Boehringer Ingelheim Animal Health.

 

“Albergue Evolución”

Silvia Cortes Castillo es la iniciadora y encargada del “Albergue Evolución”, un santuario para perros y gatos en situación de calle que tiene 16 años de existencia y que está ubicado en lo que fue una quinta, propiedad de su familia, a las afueras de la comunidad de San Lorenzo del municipio de UMAN.

Silvia, quien desde hade 25 años es una infatigable activista de los derechos de los animales, especialmente de aquellos en situación de calle, explica que el albergue Evolución es un giño a ese sentido del respeto y del compromiso del ser humano para con los animales.

Comenta que la relación de una sociedad para con sus animales habla por sí del grado de evolución de la misma como especie humana de altos valores; no obstante aunque se habla de una evolución científica, esta se ha quedado corta en el sentido moral y ético de su relación con los animales, al privarlos de cariño, respecto, dignidad y amor.

Hoy día el Albergue Evolución tiene más de 650 huéspedes: 360 perros, 300 gatos y dos cerdos, cada uno con una historia a cuestas, casi todas similares. Los que no llegan rescatados de la calle son abandonados a la puerta del albergue e incluso los han aventado al interior del predio por encima de la barda, lo cual es muy grave no sólo porque pueden lastimarse, sino por la salud y seguridad de todos los huéspedes, ya que todo aquel que llega debe pasar por un periodo de cuarentena y aislamiento.

Llegan con problemas nutricionales, enfermos, fracturados, deshidratados, con infecciones en la piel, mutilados, ciegos, sean de raza (los menos) o mestizos, incluso llegan por encargo de las autoridades judiciales porque son decomisados o sus sueños murieron y no hay quién los reclame. Continuará. —Emanuel Rincón

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