Con el otoño el “aire de finados” llegó y con él, el aroma a chocolate caliente.

Como cada año, en casa de doña Rosa Ayala Villanueva esperan con ansias la llegada del primer sereno de otoño, el cual significa que el mes de difuntos está cerca y deben comenzar a preparar las tablillas de chocolate para vender en el Hanal pixan.

Doña Rosita, como se le conoce en su natal Sinanché, es una artesana chocolatera que heredó el oficio de su madre, Elvia Villanueva Contreras, por lo cual lleva prácticamente toda su vida preparando estas delicias.

Desde niña, doña Rosita ayudaba a su mamá con la preparación del chocolate. Primero se encargaba de cortar el papel de pan en pequeños cuadros para colocar cada tablilla, y las llevaba al brocal del pozo, para que el sereno de la madrugada las endureciera.

Cuando ya tenía edad suficiente comenzó a entablillar y tostar el cacao para llevarlo a moler.

“Una vez tostado el cacao, la harina y la canela, lo llevamos a Motul a moler, ahí tienen molino especial”, explica la artesana chocolatera.

“Cuando mi mamá ya tenía edad y no lo podía hacer, yo seguí haciendo el chocolate, yo lo continúe porque ya lo aprendí y enseñé a mis hijos y a mi nuera”, comenta.

Una tradición familiar

Actualmente, a sus 83 años de edad, doña Rosita prepara las tablillas de chocolate con la ayuda de su esposo, Fernando Sánchez Sunza, de 86 años, así como su único hijo varón, Fernando y su nuera, Rosario Aguilar Briseño. Se ha convertido en un negocio familiar.

“Mis hijas: Dulce, Alma y Amira también aprendieron la receta familiar, pero se dedicaron a otros oficios”.

La artesana comenta que para que la tablilla salga perfecta tiene que estar bien tostado el cacao y se tiene que preparar de madrugada, cuando hay fresco.

“Cuando hay calor la tablilla no queda dura y si la pones en el refri queda muy dura, pero cuando la sacas queda suave, además queda fea, blancuzca. Con el fresco y el sereno queda dura y demás, ya no se suaviza, por eso solo trabajamos con el fresco de la madrugada”.

Las tablillas de chocolate que doña Rosita prepara no contienen azúcar, por lo que sus clientes pueden elegir el tipo de endulzante que desean agregarle. “Mi chocolate no tiene azúcar, pero si mucho amor”, señala.

“Me gusta hacer tablillas, ha sido mi trabajo y ahorita hago lo que puedo. Trabajo con mi nuera, la ayudó. Mi trabajo es hacer bolitas, cortar papel y ver que el cacao este en su punto. Mi nuera entablilla”, señala.

“Estoy orgullosa de mi trabajo”, dice doña Rosita, que vende sus tablillas en su casa en el municipio de Sinanché y a los teléfonos 9991510789 y 9911138255.— Rosa Aracely Quiñones Sánchez

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